• Oct. 2, 2017, media noche

La humanidad desde tiempos inmemoriales (decenas de miles de años) ha debido luchar por la supervivencia, enfrentando dificultades de toda índole, tales como: terremotos, erupciones volcánicas, inundaciones, huracanes, sequías, etc, además de enfermedades infecto- contagiosas, guerras, etc...

La historia registra la formación del lago Toba en Sumatra, producto de una erupción volcánica de grandes dimensiones hace 77 mil años; o la erupción del volcán Krakatoa en Indonesia en 1883, que alteró puestas de sol alrededor del mundo, y destruyó la isla. 

El primer terremoto de gran magnitud que registra la historia sucedió 3 mil años antes de Cristo en territorio del actual Irán. En el siglo XIV antes de Cristo se registra una gran inundación en la Mesopotamia. Y si de guerras se trata, la historia está plagada de estos episodios, solo en los dos últimos siglos han muerto más de 100 millones de personas en dichas guerras.

En estos días proliferan mensajes que anuncian calamidades y fin del mundo, a partir de fenómenos y desastres naturales ocurridos recientemente, tales como: eclipse solar total en agosto recién pasado; o huracanes en el mar Caribe; o terremoto en México, para mencionar los eventos más recientes.

Mediante estos mensajes, supuestos profetas o personas que se arrogan la capacidad de interpretar infaliblemente la Biblia, actúan como sembradores de temor, desánimo, angustia, ansiedad, inseguridad, incertidumbre y depresión, presentando a un Dios castigador, catastrófico. 

Sustentan el mensaje argumentando que la humanidad se ha apartado de Dios, porque no cumplen con los mandatos  plasmados en la Biblia. El colmo es que hay quienes dicen que Dios está furioso debido a que las personas han migrado de una religión verdadera a otra que no lo es.   

El punto de coincidencia de estos mensajeros del fin del mundo, es que todos se basan en su interpretación del Apocalipsis. Dándole a dicho título una connotación de catástrofe, destrucción, cataclismo, fin del mundo etc...ignorando la palabra de Mateo 24:36: “Nadie sabe el día ni la hora en que yo vendré; no lo saben ni siquiera los ángeles del cielo. Tampoco yo lo sé. Solo Dios, mi Padre, lo sabe”.

En lo que a mí respecta, como cristiano, me limito a parafrasear al ciego de Juan 25 que fue sanado por Jesús. Al igual que él digo: solo sé que era alcohólico y ahora no lo soy; que padecía de trastornos sicológicos y físicos y ahora soy sano; que había destruido mi familia y ahora ha sido reconstruida, todo para la honra y gloria de Jesucristo.

Creo firmemente en Dios amoroso, compasivo, edificador 1 de Juan 4:8 claramente dice: “El que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor”. Y  en Mateo 12:7 dice: “Compasión quiero y no sacrificio”. En Juan 10:10 categóricamente afirma su condición de edificador y dador de vida: “El ladrón solo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

Amiga, amigo, Dios es amor; él quiere que seamos amorosos y compasivos con el prójimo; él vino a dar vida en abundancia; él nos llama al redil ofreciéndonos amor, salvación, salud, prosperidad; no destrucción y venganza.

Queremos saber de usted, le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com.

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