• Oct. 4, 2017, media noche

Estimado lector, como economista discípulo de Carlos Díaz-Alejandro y banquero central de un país que posee una economía “pequeña y abierta” (Small open economy) y alumno de Roberto Incer Barquero, crecimos profesionalmente siempre pensando en los déficits comerciales de la balanza de pagos, que como ya le dijimos, siempre está “balanceada”.  y siempre estábamos pendientes del déficit comercial porque, en condiciones normales, cuando no existe incertidumbre en el país que provoque una fuga de capitales, si los déficits comerciales crecen muy rápido en relación al tamaño de la economía, podrían llegar a causar una crisis cambiaria y consecuentemente, una seria crisis económica, política y social.  Y la primera responsabilidad de todo banquero central es que esto no ocurra.  No es el crecimiento económico. Sin embargo, ya usted sabe que la primera es condición necesaria para que se dé el segundo. 

Pero darle seguimiento a los déficits comerciales no solo debe ser interés de los economistas vinculados a la banca central, sino que también debe ser interés de todo el sector empresarial.  Por eso, y aunque ya hemos hablado de la balanza de pagos, hoy queremos compartir con usted algunas consideraciones vinculadas específicamente a los déficits comerciales de la balanza de pagos.

Lo primero que debemos tener presente es que, en el corto plazo, la capacidad de crecer de una economía “pequeña y abierta” está determinada por su capacidad de importar, ya que la estructura productiva de este tipo de economías es altamente dependiente de insumos importados y esa estructura no se puede cambiar de la noche a la mañana.

Lo segundo es que, el simple crecimiento del déficit comercial no nos debe preocupar mucho, ya que lo importante es la proporción del mismo en relación al tamaño de la economía.  Por lo tanto, si la economía está creciendo más rápidamente que el déficit comercial y por lo tanto, este se está reduciendo como porcentaje del nivel de producción, no deberíamos preocuparnos mucho.

Lo tercero es que, aunque su porcentaje con relación al nivel de producción se mantenga constante, no nos deberíamos preocupar mucho si no estamos perdiendo reservas internacionales.

Lo cuarto es que, mucho menos deberíamos preocuparnos si para financiar ese déficit comercial y mantener el nivel de reservas internacionales no estamos aumentando nuestro endeudamiento externo de corto plazo.  Lo ideal sería que el mismo se esté financiando con “inversión extranjera directa” o con recursos de largo plazo provenientes de los organismos financieros multilaterales y especialmente si los mismos son de carácter “concesional”, ya que, en ese caso nos estarían regalando parte de la deuda contraída. 

Lo quinto es que, una reducción en el déficit comercial es positiva cuando se debe a un incremento en las exportaciones, ya sea por incremento en el precio o en el volumen.

Lo sexto es que, la reducción también es positiva cuando se debe a una reducción en el precio de las importaciones.  Por ejemplo, cuando cae el precio del petróleo en los mercados internacionales.  

Lo séptimo es que, debemos recordar que nuestra economía es “tomadora de precios internacionales”, tanto en el caso de las exportaciones como en el caso de las importaciones y por lo tanto, cuando los cambios en el déficit comercial se deben a cambios en los “términos de intercambio”, es decir, en los precios internacionales, debemos estar muy claros que esa situación se puede revertir muy rápidamente.

Lo octavo es que, cuando la reducción en el déficit comercial se debe a una reducción en el volumen de las importaciones, ello puede ser un serio indicio de que el crecimiento económico podría caer a muy corto plazo, ya que, como dijimos, en el corto plazo, la capacidad de crecer depende de la capacidad de importar.  Esto es algo muy importante que muchos podemos pasar por alto o interpretarlo de forma equivocada, aunque tengamos títulos de educación superior.  Se los digo porque lo hemos experimentado con personas que incluso poseen títulos doctorales.  

Lo noveno es que, muchas veces es preferible incurrir en una reducción de las importaciones, aunque la misma nos lleve a una reducción en el crecimiento económico, si ello nos va a permitir evitar una crisis cambiaria que nos traería costos muchos mayores.  Recordemos que muchas veces el costo de no actuar es mucho mayor que el de actuar.

Ahora, si no tenemos más remedio que reducir el déficit comercial en el corto plazo y la única opción en ese corto plazo es reducir las importaciones, ya que el crecimiento en las exportaciones tomara más tiempo, las opciones que tenemos en orden de eficiencia económica, son las siguientes:

La mejor opción es reducir el gasto a nivel nacional y preferiblemente el gasto público, ya que el déficit comercial es simplemente el resultado de un exceso de gasto a nivel nacional con relación a los niveles de la producción de la economía nacional.

La segunda mejor opción seria devaluar la moneda, ya que con ello no solo reducimos las importaciones, sino que también estimulamos las exportaciones.  Pero para ello necesitamos una devaluación “real”, es decir, que la tasa de la devaluación nominal sea mayor que la inflación que se cause después de devaluar.  De lo contrario nada estaríamos haciendo, aunque cambiáramos de moneda.

La tercera opción sería incrementar los aranceles a las importaciones, que nosotros no la recomendaríamos, ya que además de no ser efectiva, le restaría competitividad a la economía nacional y aumentaría los niveles de inflación.

Y la última sería establecer cuotas de importación, que nunca funcionan y lo único que provocan es la creación de la especulación y los mercados “negros”.  

Y siempre recuerde que por lo menos debemos mantener en reservas internacionales el equivalente a 3 meses de importaciones, ya que, además de que el precio más importante es el precio de la divisa, en el corto plazo, el mayor “cuello de botella” al crecimiento económico es la disponibilidad de la misma. 

nramirezs50@hotmail.com

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