• Oct. 9, 2017, media noche

Para los que hemos trabajado en bancos centrales o en oficinas de planificación y bajo la presión de que todo es para ayer fue relevante la costumbre de hacer proyecciones del crecimiento económico para un cierto período en el futuro. La forma práctica era utilizar la relación incremental capital/producto.

Se establecía un crecimiento objetivo y dada la relación mencionada se obtenía la inversión necesaria para dicho crecimiento. Dado el nivel de ahorro en el país se deducía el financiamiento requerido y se acudía a los organismos internacionales en busca de recursos. Da la casualidad que dichos organismos utilizaban el mismo método para sus estimaciones e incluso se incorporó en los programas de ajuste del FMI. Sin embargo, este es un procedimiento equivocado de hacer pronósticos y ha sido rechazado por la evidencia empírica, aún así persistió hasta 1990 en los cálculos oficiales. Actualmente, se observa que los incentivos son únicamente para la inversión física con objeto de apuntalar el crecimiento económi
co. Dónde ha estado la falla?

Por el año 1946, Evesey Domar elaboró un modelo de corto plazo para explicar la relación entre la recesión económica que se preveía al terminar la guerra y la inversión, para EE.  UU. Nunca fue un modelo para los países menos desarrollados. Otro economista, Roy Harrod había elaborado un modelo similar en 1939, así que el modelo vino a ser conocido como el modelo Harrod-Domar. El modelo asume que la capacidad de producción es proporcional, una relación de uno a uno, con la maquinaria y equipo, o sea la relación incremental capital/producto. El mismo Domar en 1957 dijo estar arrepentido de esa teoría. 

La idea fue retomada por Arthur Lewis en 1950 y asumió que había un exceso ilimitado de mano de obra en el campo, así que la restricción básica de la producción era la inversión. Posteriormente, Walter Rostow persuadió a Kennedy de que un crecimiento sostenido en los países atrasados se lograría con solo elevar la tasa de inversión de 5% a 10% del PIB. Finalmente, Chenery incorporó la idea en el “two gap model” ya que el desbalance entre el ahorro y la inversión era igual al déficit de balanza de pagos (cuenta corriente). Esto era cierto ex-post, pero ex-ante el desbalance entre ahorro-inversión es más una restricción en economías con precios fijos. Al liberar los precios desaparecían los gaps.

Por qué el modelo fue rechazado una y otra vez por la evidencia empírica? Este rechazo llevó a cuestionar la cooperación externa, ya que después de billones de dólares en ayuda los países seguían tan pobres como siempre. La falla estuvo en la relación fija entre inversión y crecimiento dado que la maquinaria es solo una manera, entre otras, de aumentar la producción y todas estas otras formas responden a los incentivos.  Por ejemplo, hay que tomar en cuenta la adaptación a nuevas tecnologías, más entrenamiento de la mano de obra, más y mejores instituciones y más oportunidades para el financiamiento privado. Así mismo, están las políticas de modernización empresarial, y las políticas orientadas a eliminar fallos de mercado y otra clase de distorsiones.

En la actualidad, la preocupación por el crecimiento no enfatiza tanto la inversión fija puesto que las nuevas teorías del crecimiento han demostrado que no es la variable relevante. Una de las conclusiones de más repercusión en el modelo de Robert Solow es que la inversión no determina el crecimiento sostenido, solo es relevante en las fases de transición y son muy pocos los países que pueden demostrar que han tenido una fase de transición. En el centro de las preocupaciones sobre el crecimiento ya no es tanto un problema de restricción de recursos sino uno de restricciones institucionales, de fallas y distorsiones de mercados, en especial los de bienes y servicios y de factores –sobre todo la liberación de precios que incentiva la sustitución entre factores. Es aquí donde se hace más perentoria la necesidad de reformas estructurales, la recomposición de los incentivos, los programas que tienden a fortalecer la calidad de la educación.

Aunque en la evolución de las teorías del crecimiento, los paquetes de política, como los del Consenso de Washington, fueron muy divulgados y llevados a la práctica también fallaron ya que fueron impuestos sin ningún miramiento a las implicaciones microeconómicas. Antes de 1990, las misiones del FMI estaban muy familiarizadas con los principios económicos para las economías pequeñas abiertas; después, las misiones desconocían dichos principios y se comportaban como si fueran economías cerradas o avanzadas. Se carecía de una adecuada evaluación de riesgos y se ignoraban problemas de gobernanza. Aun ahora, la preocupación se centra en las restricciones de gastos sin considerar los problemas igualmente importantes de cómo aumentar la producción. Se piden decretos y leyes como herramientas de credibilidad, sin considerar las probables fallas de implementación y de supervisión. 

Es con la visión endógena del crecimiento, con una mejor percepción de las condiciones iniciales en el crecimiento, con un criterio más atento a los problemas de corrupción como se podrían mejorar los resultados. Parafraseando a William Easterly podría decirse que estos problemas se asemejan al modelo de equilibrio múltiple del “crimen”. Si casi todos delinquen los chances de encontrar culpables y castigarlos son inexistentes.

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