• Oct. 11, 2017, media noche

La comunicación con nuestros hijos, más a allá de las necesidades o la corrección, ha sido sumamente importante; y mientras iban creciendo, aprovechamos todas las oportunidades que se presentaron para platicar con ellos de todo. Los viajes nos daban chance de conversar en el camino, a veces por varias horas. Recuerdo una vez que les pregunté ¿qué les gustaría ser?, tendrían aproximadamente 9, 7 y 4 años. El mayor dijo que quería ser médico, y preguntó cuántos años había que estudiar; el segundo que quería ser ingeniero y preguntó lo mismo; el menor se quedó pensando un momento y dijo: quiero ser ladrón……después de reír un rato, entendí su lógica de por qué había dicho eso; no es necesario estudiar ni un día para ser ladrón. 

Cuando el mayor estaba casi por finalizar la secundaria, me acordé de esa conversación y pensé que su deseo de estudiar Medicina se materializaría; para mí era maravilloso, pues era la carrera que yo quise estudiar y por algunas circunstancias no pude; su abuelo era médico, qué bueno tener a un nieto que lo reponga, pero nos dijo que prefería estudiar Ingeniería Electromecánica. Buena carrera pensé, su papá es ingeniero bioquímico; así que nuestro hijo se fue a estudiar Ingeniería, y a los dos meses nos dijo que eso no era lo suyo, que quería estudiar música. Conste, esta conversación la tuvimos antes de que se fuera y le dijimos que nosotros lo apoyaríamos en lo que él decidiera, pero le dio miedo y el mismo nos dijo que la música sería un “hobby”. 

He visto cuatro actitudes que tomamos los padres cuando llega el momento de hablar con nuestros hijos, sobre los estudios universitarios y su futuro:

1Queremos que sigan nuestros pasos estudiando lo mismo que nosotros, si hemos sido exitosos, o que estudien una carrera donde ganen buen dinero. 

2Nos proyectamos y los empujamos a que estudien algo que nosotros quisimos estudiar y no pudimos. 

3 Queremos “protegerlos”, cuando tal vez en el colegio no han sido muy exitosos, y les cortamos oportunidades que se les presentan por temor a que vayan a fracasar y terminan sin rumbo.  

4Nos tomamos el tiempo necesario para descubrir los talentos y los dones que tienen, a veces haciendo múltiples sacrificios para que los desarrollen. Les damos el espacio para que puedan expresarnos sus sueños, sus anhelos, sus temores, de tal manera que nos convirtamos en consejeros sabios de su futuro.

Volviendo al tema de nuestro hijo mayor, 10 meses después de que se regresó, estaba comenzando su carrera de Ingeniero y Productor Musical, en una de las mejores universidades de música, de donde se graduó con honores cuatro años y medio después. Algunas personas nos vieron como locos por “haberle permitido” que cambiara de carrera, y más a una carrera como la música. Si hay algo de lo que estamos satisfechos y felices de haber hecho, es haberlo apoyado, al igual que estamos apoyando a nuestros otros dos hijos con sus sueños, sus talentos y su propósito.  

Estamos convencidos que no hay forma que una persona fracase y sea infeliz, cuando está haciendo lo que Dios lo ha llamado a hacer. Este llamado o vocación hay que encontrarlo, pero sabemos que está íntimamente ligado a los dones y talentos que Él nos ha regalado.

Una forma práctica de reflexionar sobre esto del llamado, es visitar un cementerio y preguntarse cuántas de esas personas que ocupan las tumbas, vivieron el propósito para el cual Dios los puso en la tierra. 

Podemos influenciar a nuestros hijos para que hagan lo que nosotros queremos, o podemos ser demasiado sobreprotectores y cortarles las alas. Como padres deberíamos tener la convicción de que Dios tiene un plan para cada uno, y aconsejarlos con sabiduría, pero sobre todo con amor.

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