• Oct. 16, 2017, media noche

En estos días tuve el privilegio de participar en un programa de radio que dirige Oscar Miranda (Mirandita), a quien me une una amistad entrañable desde hace cinco décadas. Tanto el conductor del programa como las personas que forman equipo con él me hicieron preguntas, tales como: ¿Cómo inició tu actividad laboral? ¿Cuándo y cómo comienza tu carrera en el mundo de las encuestas? etc... 

El punto que quisiera compartir es que dichas preguntas me indujeron a realizar un viaje al pasado. Posterior al programa, no pude impedir que mi mente continuara en el viaje al pasado, y más allá de lo anecdótico, traté de refrescar las enseñanzas que me dejó lo acontecido. 

Al final del día arribé a la gran conclusión: la vida es un viaje, y hay que tomar conciencia que en ese viaje, así como se experimentan fracasos, así también se disfruta de éxitos, y lo que se impone es luchar y no dejarse atrapar por la impaciencia y la ansiedad. 

Hay que estar persuadido que nada es mágico, nada cae del cielo, y lo que procede es perseverar en la lucha,  confiando en Dios siempre de que paso a paso se va lejos.     

En la película que repasé después del programa mencionado,   aparecían escenas de las circunstancias que me condujeron a ser portador de una personalidad neurótica, que fue una de las causas de muchos fracasos experimentados, pero que con propósito y perseverancia he logrado superar.  

En la película que estuve revisando una y otra vez, veía que en la adolescencia desperdicie 5 años, y cuando tomé conciencia de ese desperdicio me apropié en la creencia que el tiempo es corto y hay que aprovecharlo al máximo.

En consecuencia con ese aprendizaje, me dispuse a recuperar el tiempo perdido y con ese propósito estudiaba inglés de 7:00 a 8:00 de la mañana, trabajaba todo el día en un banco, y por la noche asistía al bachillerato nocturno. 

Lo que inició con un propósito sano, poco a poco se fue transformando en una fuente de frustraciones y ansiedades, debido a mi convivencia con lo urgente y lejanía con lo necesario. 

En estas circunstancias, apareció una personalidad neurótica, egocéntrica y perfeccionista, temerosa e insegura, poseída de una odiosa impaciencia, que exigía que las cosas se hicieran cuando, como y donde yo quisiera, lo cual, fue causa de atropello y daño a muchas personas, a quienes no me canso de presentar mis disculpas sinceras. Esta fue una etapa de fracasos y por demás dolorosa.

En mi caso, el cambio se inició a raíz de mi encuentro personal con Jesucristo, me dispuse a apropiarme de los frutos de su Espíritu, y de una forma gradual me ha venido forjando en el amor, el gozo, la paz, la generosidad, la paciencia, la mansedumbre y el dominio propio. Ha transformado mi personalidad de egocéntrica, a Cristo céntrica, es decir, a tener conductas en donde Él es el centro y guía de mis pensamientos y quehacer.

Queridos amigos y amigas, el fruto del espíritu y específicamente la paciencia representan un excelente antídoto contra la ansiedad, la aflicción, la preocupación, etc... Jesús quiere que confiemos en Él, que perseveremos en la lucha, seguros que paso a paso llegaremos lejos. 

Queremos saber de usted, escribanos al correo: crecetdm@gmail.com

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