• Oct. 18, 2017, media noche

Estimado lector, por esta época se desarrollan las reuniones anuales del Fondo Monetario y del Banco Mundial y como gobernador del FMI, varias veces tuvimos el privilegio de asistir a ellas.  Y decimos privilegio porque nos brindaban la oportunidad de departir con verdaderas autoridades de la política fiscal y monetaria a nivel mundial.  Pudimos departir con Vito Tanzi, una autoridad en políticas fiscales, con Rudy Dornbusch y 

Stanley Fisher, de quienes ya les he hablado y con grandes presidentes de bancos centrales, como el actual presidente del “Banco de México”, Agustín Carsten, con quien compartimos una reunión con el director gerente del fondo de esos años y quien después fue presidente de Alemania y en cuya reunión hubiéramos preferido no estar presente.  Pero estas reuniones también, al menos para nosotros, eran memorables, por las conferencias a las que asistíamos y por las publicaciones a las que teníamos acceso de forma preferencial.  Y estas preferencias en parte se debían a que estábamos haciendo todo lo posible para obtener la condonación de la deuda externa nacional.  Esa era nuestra prioridad.

Pues bien, en esta última reunión, el Fondo ha presentado su último informe sobre la “estabilidad financiera global”, y de eso deseamos conversar hoy con usted.  Y lo hacemos por dos razones, la primera porque creemos que usted debe estar al tanto de estos temas que nos pueden parecer muy lejanos, y lo segundo, porque no queremos que piense que no vemos más allá de los límites municipales de Masatepe.

¿Y qué dice hoy el Fondo Monetario?

Pues bien, según el Fondo, la recuperación económica mundial, aunque lentamente, va avanzando y el sistema financiero global, especialmente los “bancos globales sistémicamente importantes”, ya que cada uno de ellos podría causar un riesgo “sistémico”, también han avanzado después de la crisis del 2007 y 2008, ya que han incrementado sus capitales, han incrementado su liquidez y están regresando al negocio bancario básico.

Sin embargo, según el mismo Fondo, hoy, a nivel global, nos encontramos ante un gran dilema.  

Por un lado y como sabemos, las economías más desarrolladas del mundo y sus bancos centrales, para salir de la última crisis financiera y evitar que cayéramos en otra “gran depresión”, suavizaron enormemente la política monetaria, estimulando el crédito global y la reducción en las tasas de interés.  En otras palabras, en lugar de tener una respuesta global más balanceada, con un estímulo fiscal y monetario y un ajuste estructural para aumentar la productividad de dichas economías, básicamente dependieron del estímulo monetario.  

Sin embargo, como en el pasado y a lo largo de la historia financiera de la humanidad, y esto no cambiará a menos que dejemos de ser humanos, el exceso de liquidez, el exceso de crédito y las bajísimas tasas de interés, han llevado a las empresas y a las familias de los países más ricos a endeudarse mucho y a correr más riesgos con tal de obtener unos mayores rendimientos por sus inversiones, lo cual, a su vez, está poniendo una presión alcista en los precios de los activos financieros y reales de estas grandes economías.  

En conclusión,  según el Fondo, esta política monetaria de los bancos centrales de las grandes economías mundiales nos ha llevado, en aras de la recuperación económica, a serios niveles de endeudamiento privado y a la gestación incipiente de una nueva “burbuja” en los mercados globales.  Y si continuamos con estas políticas monetarias, ese endeudamiento continuará creciendo y la burbuja continuará fortaleciéndose, poniendo en serio peligro la recuperación de la economía mundial.  Y mientras más tiempo nos tome ajustar el rumbo, el costo será mayor.

Sin embargo, si los bancos centrales de estas economías deciden rápidamente deshacer lo que han hecho, también, según el Fondo, podemos causar un serio problema que ponga en peligro la recuperación de la economía mundial, ya que al reducirse la liquidez y subir las tasas de interés, el riesgo crediticio, que ahora lo hemos subestimado, crecería bruscamente, la insipiente burbuja se rompería de la noche a la mañana y la estabilidad del sistema financiero global se pondría en peligro nuevamente.

Aunque nosotros sabemos que el Fondo no es la biblia ni es infalible, vale la pena tener presente lo que nos está diciendo.

Recordemos lo que nos llevó a la crisis del 2007 y 2008.

Después de los ataques a las “torres gemelas” y para evitar una gran crisis económica, la Reserva Federal de los Estados Unidos, la famosa “Fed”, flexibilizó su política monetaria y sustancialmente redujo las tasas de interés.  Un fenómeno similar se dio en Europa.  Esta situación posiblemente incrementó los déficits comerciales y permitió que las llamadas economías “emergentes” y las exportadoras de petróleo acumularan una gran liquidez que recanalizaron al mercado financiero norteamericano pero, al buscar mejores rendimientos, y posiblemente, sin darse cuenta, ya que las calificadoras de riesgo calificaron todos estos instrumentos financieros como “Triple A”, asumieron mayores riesgos crediticios financiando a segmentos marginales del sector de la vivienda, porque los precios de las viviendas siempre tenían que subir, creando un excesivo endeudamiento en estos segmentos y creando la burbuja, “exuberancia irracional” la llamaba Greenspan, que luego nos llevó a la crisis.

Por lo tanto, siempre que por un periodo prolongado las políticas monetarias de las grandes economías se tornan “acomodaticias”, se reducen las tasas de interés, se aumenta los niveles del endeudamiento y se empiezan a incrementar los precios de los activos sin que cambien sus características fundamentales, cayendo en la posibilidad de volver a experimentar una burbuja financiera que, al explotar, nos lleva a volver a iniciar el ciclo que ya todos conocemos.

Lo positivo en este caso, no es como siempre decimos que “ahora será diferente”, sino que, a nuestro juicio, la última crisis es afortunadamente demasiado reciente, el Fondo Monetario nos está haciendo un llamado de atención y los presidentes de los bancos centrales de las principales economías del mundo están al tanto de esta situación, o mejor dicho, de este dilema.

Por lo que a nosotros, los países de la región, nos corresponde, lo que debemos hacer es lo siguiente: primero, a nivel de los gobiernos nacionales no ser excesivamente optimistas en cuanto a expectativas de crecimiento económico futuro; segundo, en cuanto a los banqueros ser muy cuidadosos con el otorgamiento del crédito y con las expectativas con respecto al crecimiento en la captación de recursos, y tercero, con respecto a los supervisores bancarios, estar muy atentos al cumplimiento de las normas de supervisión.  Afortunadamente, con los banqueros con los que hemos conversado, están muy claros de esta situación y están actuando consecuentemente.  Esto es fundamental, ya que los buenos banqueros saben que el negocio bancario es un negocio de confianza.  

nramirezs50@hotmail.com

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