• Oct. 23, 2017, media noche

El concepto del “Hombre Económico” o racional proviene del personaje Robinson  Crusoe, quien habita  una isla desierta, sin pasado. El economista Lionel Robbins definió su misión: asignar eficientemente los recursos escasos de que disponía, incluyendo todas sus actividades: el tiempo para dormir y despertar, la duración del trabajo y del ocio, la producción de bienes de consumo (el pescado) o de bienes de inversión (la caña de pescar). En todas estas actividades, Crusoe busca maximizar su bienestar al igual que una empresa maximiza sus beneficios. Es una racionalidad sin tregua que ha provocado a algunos personajes decir que el “Hombre Económico” es un “monstruo antropológico”.

En este arbitraje del tiempo de Crusoe hay implícitos dos conceptos, los de oferta y demanda que Ben Bernanke describió como las herramientas más útiles del “naturalista económico”. Los economistas ortodoxos comenzando por Alfred Marshall manejaron una variante muy estrecha de la racionalidad económica aunque descubrieron herramientas útiles como la sustitución de la teoría del valor por el precio de mercado, el rol de la demanda y oferta, el rol del tiempo, que es uno de los conceptos más relevantes entre los factores escasos y el de sustitución, cuando ante un cambio en los precios relativos se le presentaba a la persona todo un abanico de oportunidades en el mercado. Así también, los conceptos de corto y largo plazo, y en especial, la idea del cambio marginal. El análisis marginalista es solo una consecuencia de cómo las personas piensan su siguiente dólar o a que dedicará la siguiente hora. De aquí se desprende que lo importante son los valores marginales más que los promedios y que el pasado no cuenta sino solamente el siguiente paso.

Pero Marshall insistió en la necesidad de comprender que las personas se desenvuelven en un ambiente social y en ese sentido debe comprenderse su comportamiento. Esta tarea ha sido llevada a cabo por Gary Becker y ha tenido profundas consecuencias. Becker ha demostrado que el “hombre económico” sí tiene pasado y no solo lo mueve el egoísmo sino también un conjunto más amplio de valores y preferencias. El análisis supone personas que maximizan su bienestar tal como ellos lo entienden, ya sean egoístas, altruistas, leales, rencorosos o masoquistas. Su comportamiento, prosigue Becker en su discurso de aceptación del Nóbel de Economía en 1992, mira hacia el futuro y se supone estable a lo largo del tiempo. En particular, trata de prever de la mejor forma posible las inciertas consecuencias de sus actos. Este comportamiento que posa su mirada en el futuro puede estar, sin embargo, enraizado en el pasado, ya que este puede proyectar una larga sombra sobre las actitudes y valores. Para Freud, esa sombra era muy dens
a llena de deseos prohibidos, para Jung estaba llena de atavismos y arquetipos envueltos en símbolos, para Becker rebosa de juicios racionales.

Las acciones están restringidas por el ingreso, el tiempo, la memoria imperfecta, la capacidad de cálculo y otros recursos limitados. Diferentes restricciones son decisivas para enfrentar las diferentes situaciones, pero la más fundamental de dichas restricciones es el tiempo. El tiempo es requerido para las decisiones de consumo, para la participación en el mercado de trabajo, para la definición del precio en las decisiones intertemporales. Es la restricción económica básica. El tiempo que no se dedica al trabajo formal se utiliza para el cuido del hogar, para la crianza de los hijos, para apreciar el arte, etc. El bienestar de la gente no puede mejorarse mediante utopías donde todas las personas tengan satisfechas sus necesidades, ya que el paso del tiempo torna imposible las utopías.

Así, Becker incorpora temas muy diferentes en un todo coherente. En la discriminación contra las minorías extiende las preferencias para incluir el prejuicio y el odio en determinados grupos. El análisis económico de delito toma en cuenta la conducta racional que gobierna los actos ilegales y otras acciones antisociales. El delincuente ya no es la víctima de sistemas sociales opresivos e inicuos sino que responde a un frío cálculo de beneficio-costo. El artilugio de un crimen bajo el pretexto de locura momentánea carecería de sentido, pues como se dice en el subconsciente el azar no existe, siempre hay una causa y un efecto consciente o no pero que responde a una decisión personal. En esta área juegan un  rol destacado la severidad de los castigos, las probabilidades de ser descubierto, la eficiencia de los sistemas judiciales, la discriminación y, por supuesto la recompensa que se obtiene por violar la ley. 

La perspectiva del capital humano considera que la productividad de las personas cambia en respuesta a las inversiones en educación, habilidades y conocimiento. Distingue entre el capital humano específico que solo beneficia a las empresas y es producto de la división del trabajo y las externalidades y el capital humano básico que mueve todo el tinglado económico y beneficia a toda la sociedad. El enfoque económico de la familia interpreta el matrimonio, el divorcio, la fecundidad y la relación entre los miembros de la familia a través de la óptica de la maximización de utilidad y de las perspectivas hacia el futuro. Aquí resalta de nuevo la restricción del tiempo. A medida que la mujer se educa y se habilita para el mercado de trabajo en esa medida dedica menos tiempo a las tareas del hogar, disminuyen los nacimientos, se incrementan los divorcios ya que la mujer quebró su dependencia doméstica. 

La originalidad fue una de las razones que dio la Academia Sueca para otorgarle el Premio Nobel. Como se infiere, su enfoque cuestiona supuestos dogmáticos en los modelos microeconómicos, como gustos dados, trabajo homogéneo, neutralidad ante el riesgo, economía doméstica como dependiendo de una sola cabeza de familia, etc. y, con esta mínima profundización en el nivel de explicación utiliza el costo neoclásico y la teoría de la utilidad para aclarar fenómenos sociales hasta entonces mal comprendidos. Utilizando la Navaja de Occam elimina premisas secundarias y trabaja con un solo axioma: que todos los actores del juego social son personas económicas, agentes racionales que maximizan sus ventajas y oportunidades en diferentes situaciones de costos. Aunque los inductivistas se muestran incrédulos ante sus ideas, Becker logra con su método minimalista cambiar enormes problemas que para otros científicos son intratables.

Cualquiera sea la opinión que se forme el lector sobre las ideas de Becker, su enjuiciamiento solo puede darse a través de la refutación empírica. Y es que Becker está inmerso en la tradición que sostiene que la mera teorización es estéril. No se trata de creer o no, lo importante es la posibilidad de “falsear” sus hipótesis de trabajo que es la forma como marcha la ciencia. 

Tolstoi decía que cada quien es infeliz a su manera, con Becker podría decirse que cada quien es racional a su manera.

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