• Ago. 4, 2008, 10:14 a.m.


La noche apuntaba a ser hermosa. Hace poco cerraron los últimos tramos y el silencio pobló temporalmente los pasadizos metálicos. Algunos niños con “vasos de gerber” habían vuelto a casa a encontrar su camita sobre alguna mesa volteada: Al Capiro, la Quencha le dejó unos bananos, un pan y el periódico del día para que lidiara con el sereno de la madrugada.

Pero esa noche muy pocos dormirían. En las esquinas, los zepoles ya le hacían al café, al cigarro y al desmoche con apuestas de 10 varas. Desde “El palo de gato” llegaba algún relinche, pero en general las chicas habían decidido tomarse las calles y aprovechar el día de pago para encaminar al cliente. Mañana bajaría “Minguito” con sus 10 días de sexo, fervor y lágrimas; no obstante, el espíritu del santo ya había carnavalizado las inmediaciones del mercado. Había feria, plata y entusiasmo, la fiesta estaba lista…la noche apuntaba a ser hermosa.

Durante el día, la Perla se puso las pilas. Corrió de tramo a tramo llevando zapatos para complacer al cliente: “¡Tierno, pasá! ¿Qué se te ofrece? ¿Cómo los querés, en mocasines, tenis o mini-botines? ¿Te los vas a medir?”, y él hacía un ritual glamoroso con el cliente mostrándole su largas y pintadas uñas con las que terminaba por convencer y consumar su venta.

Por su parte, Chutín se había preparado desde temprano, le llegó mercadería y vendió más 30 mil pesos. Canceló algunos cuentas, pero le volvió a hacer la guatuza a Unión Fenosa; le pasó la quincena a su mujer, la mensualidad a la hija y apartó otro tanto para la nueva etapa de la diabetes de la madre que --ya sin piernas-- se quejaba de la vida: “¡Vení llevame!”, repetía intensamente la viejita.

Durante el día, el Negro Paloy cometió tres atracos. Uno por la jabonera --madre susto que le dio a la mujer con el chuzo que le sacó: le recuperó 120 pesos y una cadenita de plata. Luego domó a un estudiante de secundaria en las inmediaciones de El Calvario, pero finalmente --ya con ego de Icaro-- de lo más tranquilo se le acercó a un hombre bajito: “te comento, que este es un asalto”, y mientras se disponía a llevarle el puñal hasta el cuello, el hombre, que resultó ser policía de civil, lo desarticuló en un dos por tres y se lo llevó a “la cuatro”.

–“¡Cajete-leche, piñonate, coyolito, atolillo, la torooonjaaa!, –“¡Pijul, tráete tres servicios, dos de carne y uno de pollo!”, —“¡Vas a ver chavalo jodido, vos crees que porque no soy tu mama no te puedo fajear!”,— “¡La palabra de Dios trajo la vista al ciego y desató la lengua del mudo, por eso él es el gran sanador, el Rey de Reyes, aleluya, hermano!”, —“¡Mosca, en la ‘lleca’ le vamos a caer la ‘tapelo’, te me descobijas con la sarrosa!”,– “¡Qué se atrevan a cortarnos…con balas les vamos pagar a estos jodidos españoles”…

Pero todo esto fue temprano, cuando aún el mundo estaba en calma, cuando aún el universo coexistía con sus ruinas circulares, cuando aún no llegaba la noche hermosa y su fisura en el tiempo; cuando aún a La Perla, quien se quedó con Miguel tirándose unas “amargas” en el caramanchel de la Cindy, le dio ganas de ir a orinar y, mientras re-leía los mensajes indecorosos que él mismo había escrito meses atrás en la pared del baño, por medio del boquete del techo fue entonces que descubrió la eclosión de la catástrofe entre en la telaraña de cables y láminas el zinc que se gestaban en el segundo piso del tramo de Chutín: “¡Fueeeeeego!”, gritó desperada La Perla para alertar a la gente, pero ya era muy tarde controlar el siniestro.

El segundo piso cayó “al garete” sobre los tramos circundantes y la risa de un demonio en llamas por más de 16 horas empezó a devorar cuatro manzanas de invenciones humanas, sacrificios, hipotecas y préstamos bancarios. No había nada que hacer, y aunque los bomberos encontraron como a la 11 de la noche calcinado a Cofalito, afortunadamente, a pesar de eso, el demonio no resultó ser antropófago.

Desde el perímetro de seguridad entre el gentío, el Capiro se chupa el dedo e inhala su “vasito de gerber” mientras las llamas y el humo se reflejan en la dilatación de su pupila; La Perla aún llama de jefe en jefe, y lagrimosa vuelve a repetir su versión desde el momento de las amargas en el caramachel de la Cindy, está rempapada, se le corrió el maquillaje y no tienen ni un peso. El Negro Paloy, rabió toda la noche para que lo dejaran contribuir y como a las 2 de la mañana fue que finalmente se sumó con balde de agua a los 400 bomberos que aún perdían la contienda: ayudó, salvó y se “ganó” una bolsa de calcetines.

“Minguito” llegó triste esa tarde, pero en el fondo igualmente contento porque logró imponer su fiesta sobre ese otro y también antiguo desfile de exhibicionismo, terratenientes y equinos que se segrega al otro lado de Managua.

Fue maldición pagana, fue bendición que sólo fueron 4 y no 20, fue arranque de pirómano o la alegoría de un país en llamas; fue descuido de comerciante, karma natural del caos, una fogata de basura con ubicación mal calculada, o el micro-cosmo de la ruptura de un pacto entre políticos cables que empezaron agredirse desde el congreso de las ilegalidades.

No había nada que hacer en el conglomerado comercial más grande de Centroamérica, sino dejar que el ave se redujera completamente a cenizas y se rehiciera nuevamente desde el diálogo, el orden, el consenso y la prevención.

Calle Cuiscoma, Granada.
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