• Nov. 8, 2017, media noche

La mejor inversión es la educación. Primero en nosotros mismos, y luego en nuestros hijos y en nuestros nietos.  Lo mismo ocurre a la hora de una emergencia en los aviones, primero usted se pone el equipo de salvamento y luego se lo pone a su hijo menor; de lo contrario muy difícilmente podrá ayudar a su descendiente.  

El rendimiento es muy grande y en nuestro caso fue casi infinito, ya que todos los estudios de postgrado siempre los realizamos becado.  Sin embargo, hoy sabemos mucho más de lo que sabíamos cuando salimos de Yale con nuestro PH.D.  por lo tanto, nunca debemos dejar de aprender, especialmente hoy que todo el conocimiento se vuelve obsoleto con gran rapidez.  Por eso les decimos a nuestros hijos y nietos, que el día que nada se aprende es un día perdido.  Además, como nos decía el profesor Thurow en “Building wealth”, para crear riqueza necesitamos invertir en el capital humano, ya que ahora es más importante que los recursos naturales.  Y para continuar abordando este tema, ahora deseamos compartir con usted algunas de las ideas que John Kotter, profesor de la Havard Business School, nos presenta en su libro “The new rules”.  Este libro se lo recomendamos especialmente a los jóvenes, que se están abriendo camino en su vida profesional, y para aquellos de nuestra generación, para los cuales, la educación de nuestros hijos y nietos es una prioridad.

Pues bien, algunas de sus conclusiones, basadas en un estudio de ejecutoria que Kotter realizó a 115 estudiantes de la clase de 1974 de la Harvard Business School, y que a nuestro juicio, hoy estan más vigentes que nunca, son las siguientes:

El recurso humano es más valioso que los recursos naturales y mientras es más educado es más productivo. Pero, lo aprendido en el pasado ya no tiene el valor que antes tenía.  Ahora todo cambia muy rápidamente. O creces o mueres.  Es fundamental que los estudiantes aprendan a desear continuar aprendiendo y que aprendan a aprender.  Históricamente, la educación ha estado basada en el pasado, más que en lo que demandará el futuro.  Ha estado basada en memorizar y en repetir, ya que es más fácil enseñar de esa forma.  “Rubén Darío nació en Metapa, hoy ciudad Darío…” o “los primeros habitantes de América vinieron del Asia, atravesando el estrecho de Bering…” o “Cristóbal Colon murió en Valladolid, España…” ¿y que con eso?

Ahora, los estudiantes necesitan motivación, autoconfianza y deseo de tomar riesgos.  Necesitan estar sujetos a la competencia y creer en ella. Saber enfrentar el cambio y las crisis y desarrollar habilidades de liderazgo y negociación.  Recuerde que las empresas ya no ofrecen carreras de por vida, ni los jóvenes las desean como una prioridad.

 Decía mi abuelo que cuando a Masatepe llegó el segundo barbero, el corte de pelo mejoró muchísimo y el precio se redujo bastante.  Los estudiantes lo que necesitan es desarrollar capacidades de análisis, capacidades para la toma de decisiones y de resolución de problemas y desarrollar un “Network”, que les ayude a salir adelante en sus vidas profesionales.  Recuerde que muchas veces es más importante el “know who” que el “know how”.  Fuimos excelentes estudiantes, pero si mi padre no hubiera conocido al doctor Roberto Íncer Barquero, no hubiéramos tenido las oportunidades que tuvimos.  Los jóvenes necesitan habilidades y valores que les permitan sobrevivir y continuar creciendo aun cuando su conocimiento específico ya sea obsoleto.  En un ambiente cambiante el éxito del pasado no es garantía para el futuro.  Recordemos que algo que es sabido por todos no tiene valor alguno y que el conocimiento es información que nos ayuda a predecir el resultado.  Si la información no cumple este requisito, no tiene valor.

En las instituciones educativas, el proceso de selección debe ser competitivo, ya que de lo contrario no atraerán a los mejores.  Es importante que la tasa de solicitantes en relación a las aceptaciones sea alta.  Pero para que los solicitantes “hagan fila’’ para ingresar a un colegio o una universidad, la calidad debe ser excelente y para que haya excelencia se necesitan recursos y competencia.  Por ejemplo, cuando nos matriculamos en la escuela de leyes de la Universidad Centroamericana, donde recibimos una sólida educación, nunca se nos pasó por la mente que no nos aceptarían, es más, creo que para la escuela de leyes no había examen de admisión, Sin embargo, debo reconocer que de los 200 estudiantes que ingresamos al primer año, solo 100 pasamos al segundo y solo unos 60 nos graduamos al final de los 5 años; pero cuando nos aceptaron en Yale, no nos pasaba por la mente que nos habían aceptado.

 La Universidad Centroamericana es muy buena, pero dice el doctor Sergio Ramírez, ¡que en el país tenemos más universidades que en Alemania!  ¿Qué habrá querido decir con ello?  Ahora nuestras nietas son expertas en las tasas de aceptación y rechazo de las mejores universidades del mundo y eso nos da gran satisfacción.  ¿Por qué en el pasado la Escuela de Medicina de León era extraordinaria? sencillamente porque el año básico era un verdadero “colador”.  Algunos se “graduaron en año básico”.  ¿Y por qué había tantas solicitudes de admisión? porque la educación era extraordinaria.

Hay que hacer todo lo posible para que la situación financiera de los estudiantes no sea una limitante para adquirir una educación de excelencia y en este sentido lo tradicional ha sido las asignaciones presupuestarias destinadas a la educación, pero se deben establecer prioridades (ante todo el preescolar y la primaria y especialmente las mujercitas) y exigir excelencia académica en los resultados.  Pero además, especialmente en relación a las instituciones privadas sin fines de lucro, debemos poner atención a la creación y crecimiento de los “fondos patrimoniales” y es este sentido, uno de los mejores ejemplos que conocemos, es el de la universidad de Yale, administrado por el colega David Swensen, por lo que le recomiendo leer, “Pioneering portfolio management”.

La educación de los padres es fundamental y especialmente el de la madre.  Es un factor clave de éxito.  Ellos trasmiten valores de superación y movilidad social y hacen creer a sus hijos que vale la pena ser “un buen estudiante”.  Debemos trabajar con nosotros mismos como padres o abuelos para que el mensaje que le demos a nuestros hijos sea “hijo, estudia para que no tengas que trabajar en el ambiente que yo trabajo”; en lugar de decirles, “deja esos estudios y vení a trabajar donde yo trabajo”.  Y el mejor mensaje debería ser, “hijo, espero que seas exitoso en la vida”.  Por otro lado, ser lo que el padre ha sido no debe ser suficiente, salvo que el padre sea Bill Gates, Warren Buffett o Steve Jobs.  Debemos sentarnos con nuestros hijos y nietos y hacerles ver lo importante que es la educación.  Nosotros nos hemos sentado con hijos y nietos para conversar sobre sus planes de estudio y aconsejarlos, cuando lo permiten, e incluso ya conversamos sobre las universidades a la que asistirá Noel Ernesto, que está 
en maternal, y Luciano José que está aprendiendo a caminar.

 Algunos dirán que es una locura, pero ni modo, cada quien tiene sus deficiencias mentales.  Y recuerde que sin ambición y esfuerzo nunca superaremos los retos que se nos presenten.  Por favor lea “How to raise an adult” de Julie Lythcott, recomendado por el director del colegio de mis nietas. Y para concluir, reconocemos que todo esto es más fácil decirlo que hacerlo, pero por algo debemos comenzar.  Aprendamos a aprender! y como será de importante la educación que, nosotros, como inversión social, la consideramos más importante que la salud. 

nramirezs50@hotmail.com  

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