• Nov. 13, 2017, media noche

A todos nos gustaría que la democracia y el crecimiento económico fueran interdependientes, dice Dani Rodrik, pero es imposible probar una correlación entre ambos. ¿Hay una correlación entre democracia y crecimiento? La dictadura de Pinochet dio margen para un crecimiento superior en Chile, comparado con sus vecinos democráticos. La China autoritaria supera a la liberal India. Japón despegó bajo la dinastía de los Meijis. Corea también despegó bajo un régimen despótico. La Alemania de Bismarck se industrializó en menor tiempo que la Francia republicana (Napoleón atrasó 50 años la revolución industrial) y la Gran Bretaña parlamentaria. Es un lugar común que la URSS, los Tigres Asiáticos y la China actual han construido su modernidad bajo regímenes autoritarios. Sin embargo, la correlación no ofrece causalidad ni explicación.

El Occidente ofrece ejemplos de crecimiento, democracia y una modernidad a la que ya estamos acostumbrados. Como aseguran los analistas, el argumento económico a favor del despotismo no es más que una elección ideológica que la historia está lejos de validar. En un estudio posterior se demostró que la democratización de Europa del Este, del África Subsahariana y de América Latina, en las dos últimas décadas, no perjudicó el crecimiento.

¿Por qué en un régimen democrático los gobiernos no se muestran capaces de imponer reformas que serían beneficiosas para todos? Las reformas económicas ciertamente traen beneficios, pero ¿para quiénes? El político, dicen los analistas, no puede estrechar las manos de los que ganan con las reformas pues no saben quiénes son. Pero sabe muy bien quiénes serán los perdedores: los monopolios y los buscadores de prebendas y privilegios como son las rentas monopolistas. Es un juego asimétrico donde el status quo se impondrá, pues los perdedores saben cómo organizarse y bloquear el esfuerzo de cambio, al contrario los ganadores están dispersos y desorganizados. Así, la tiranía del status quo prevalece sobre las preferencias de la comunidad.

En 2007, el Wall Street Journal provocó un debate bautizado como la nueva controversia de Cambridge, ya que se centró entre Edward Glaeser y Daron Acemoglu, el primero de Harvard y el segundo del MIT. Glaeser sostiene que el crecimiento económico lleva a la democracia, ya que exige escolarizar a la población, y la educación lleva necesariamente a la democracia. Según él, el 95% de las democracias con escolarización en 1960 siguieron existiendo 40 años después. A la inversa, el 50% de las democracias con baja escolarización colapsaron a la dictadura en menos de un decenio.
Acemoglu sostiene lo contrario ya que la causalidad no está clara. Cita el caso de Alemania, una de las naciones de mayor industrialización en Europa y de las más educadas, pero se derrumbó ante el nazismo. Fue la derrota militar, al igual que en Japón, lo que salvó la democracia en ambos países y no la educación. La antigua URSS o Cuba alcanzaron un nivel educativo elevado (el Informe del BID de 1959 así lo demuestra para Cuba). Cuba continúa bajo el despotismo político y  Rusia es todo menos una democracia. Acemoglu añade que el segmento más educado de un pueblo, como son los estudiantes, lucha contra el poder pero no a favor de la democracia. En 1917 apoyaron a Lenin, en 1968 lo hicieron con Mao, en 1979 apoyaron a Jomeini.

Daniel Cohen, en un libro titulado “Economista, el Profeta extraviado de los nuevos tiempos” se sorprende de cómo dos economistas, con los mismos instrumentos de análisis y de centros académicos homogéneos, pueden llegar a conclusiones tan opuestas. ¿Por qué algunos países caen en la trampa de la pobreza, mientras otros logran educación, democracia y crecimiento? ¿Por qué la democracia sobrevivió  en la Inglaterra de los 1930 y la Alemania de Weimar se hundió en el mismo período? La respuesta, asegura Cohen, se debe a que la experiencia con el sistema democrático da la medida de la sobrevivencia. La Alemania de Weimar era frágil donde la democracia era una idea nueva. Inglaterra resistió porque la democracia estaba suficientemente arraigada en los ingleses. La democracia es como la ópera, ya que hace falta un largo aprendizaje para incorporarla como una forma de vida.

En los últimos decenios ha habido una explosión de estudios comparativos focalizados en la relación entre crecimiento económico y las instituciones políticas y sociales. Se identificaron características como la forma de gobierno, la formación de partidos políticos, y el tamaño y poder de grupos de presión como los sindicatos y las organizaciones empresariales, costumbres culturales, y la efectividad del prevalecimiento de la ley y de los sistemas judiciales. Los economistas se esfuerzan por ofrecer explicaciones sobre el crecimiento económico proveniente de estas características institucionales.

Una rama importante tiene que ver con las instituciones políticas. Salai-i-Martin localiza cinco variables políticas relevantes: el mandato de la ley, los derechos políticos, las libertades civiles, las revoluciones y golpes de Estado, y las guerras. Con estas variables se han logrado realizar predicciones del crecimiento en estudios comparativos entre países, aunque algunas de estas variables son más el resultado de las políticas que de las instituciones per se. ¿Cómo distinguir unas de otras? Otra cuestión relacionada para economistas y científicos políticos es el problema ya mencionado de si los países con democracia crecen más rápido que los autocráticos. En los resultados mucho depende de qué factores entran en juego. Podría ser que las instituciones democráticas sean relevantes cuando se omiten el mandato de la ley y los derechos políticos y civiles, ya que reducen la probabilidad de revoluciones y guerras. Si la democracia solo actúa a través de estas variables, entonces en un modelo que las incluya la 
democracia perdería su poder explicativo.

Una de las conclusiones entre democracia y autocracia es que es más probable que las políticas tengan más efectividad que la forma de gobierno.  Tanto en la democracia como en la dictadura se pueden implementar políticas que favorezcan el crecimiento o que lo retrasen. Sin embargo, hay un acuerdo generalizado de que las políticas de liberalización económica favorecen el crecimiento económico.

El crecimiento económico aumenta 0.86% en una democracia que nunca liberalizó. Lo aumenta 1.05% en las democracias que liberalizan; aumenta en 1% cuando liberalizan países que nunca se democratizaron; aumenta 1.71% en países que se democratizaron y liberalizaron; en 0.99% en países que se democratizaron después de liberalizar sus economías y en -2.07% en países que liberalizaron después de haberse democratizado.

Los resultados implican que hay complementariedad entre las reformas democráticas y las de liberalización. La diferencia también implica que la secuencia entre las reformas es importante y también lo es la forma de gobierno democrático entre parlamentarismo y presidencialismo. Es mejor liberalizar y después democratizar como en Chile; y es más recomendable el presidencialismo que el parlamentarismo. Aún más, favorece la forma proporcional de elegir diputados comparados con la elección directa.

Al menos, como afirma Karl Popper, la democracia es el medio que los pueblos utilizan para derrocar a los malos gobernantes, sin violencia.
 

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