• Nov. 15, 2017, media noche

Estimado lector, como hemos dicho, una de las principales responsabilidades de la alta gerencia es analizar el entorno económico en el que opera y también hemos dicho que la economía es un sistema compuesto de partes que están interrelacionadas y que siempre vale la pena estar familiarizado con estas interrelaciones, para saber por “donde saltará la liebre”. Esto es especialmente cierto cuando operamos en economías “pequeñas y abiertas”, ya que además de estar al tanto de la economía nacional, debemos estar informados de lo que ocurre en la economía mundial y en las “locomotoras” de esa economía mundial. Y como sabemos que el presidente de los Estados unidos y el partido Republicano impulsarán una reforma y una reducción en las tasas impositivas, ahora hablaremos del enfoque llamado “supply side economics”, que básicamente sostiene que si se reducen las tasas impositivas cuando estas son demasiado elevadas, la inversión y el consumo crecerán, la economía crecerá, la recaudación fiscal crecerá y el desempleo se reducirá.

Recordemos que la inversión nacional y extranjera se atrae con seguridad física y jurídica, una estructura impositiva que sea competitiva y una estructura de precios de mercado que promueva la rentabilidad de la actividad productiva. Y en países donde la seguridad de la inversión y las leyes del mercado están garantizadas, el tema impositivo, incluyendo la política arancelaria se vuelve un factor determinante.

Solo como una anécdota le deseamos comentar que cuando estuvimos al frente del Banco Central y tuvimos que negociar la política económica nacional con el Fondo Monetario, el equipo negociador del Fondo, que normalmente partía de una meta de déficit del sector público, nunca nos aceptaba una reducción en tasa impositiva alguna, a menos que la misma fuese compensada con una reducción en el nivel del gasto público o con un incremento en otras tasas impositivas. Incluso cuando conversábamos de reducir y unificar los aranceles a las importaciones, para incentivar una mayor competencia en el mercado local y en el internacional, algo que mucho les gusta, estas reducciones tenían que ser compensadas de alguna forma.  

Sin embargo, ello no significa que el argumento conceptual del “supply side economics” no tenga validez.  Posiblemente la posición del Fondo se debía o a que no creían en ese enfoque o a que nosotros estábamos enormemente endeudados y para crecer necesitábamos de la cooperación de los organismos financieros internacionales, ya que el mercado financiero internacional no estaba disponible para nuestra economía, y para obtenerla necesitábamos de su “bendición”.

Pero cuando las economías se van fortaleciendo y ya no requieren de la “bendición” formal o informal del FMI o son economías muy desarrolladas, ponen o tratan de poner en práctica este enfoque del “supply side economics”.

La lógica y la popularidad de este enfoque nos viene del economista Arthur B. Laffer, quien varias veces nos ha dicho que él desarrolló este concepto sobre la servilleta de un restaurante, al dibujar la famosa “Curva de Laffer”.  Esta curva nos dice que cuando incrementamos las tasas impositivas partiendo de tasas extremadamente bajas, incrementamos los niveles de recaudación, pero que llega un momento en el que, si continuamos con esta política, los niveles de recaudación empiezan a caer.  Es la famosa “ley de los rendimientos decrecientes”, aplicable a todo exceso.

A nuestra economía le interesa que a la economía mundial y a sus “locomotoras” les vaya bien, pues a nosotros nos irá bien, ya que así crecerá la demanda por nuestras exportaciones. Y esto es especialmente cierto en el caso de la economía de los Estados Unidos por el tamaño de su mercado y por su cercanía geográfica. Por eso creemos que es importante que comprendamos la lógica de este enfoque y las condiciones para que sea exitoso.

¿Cómo surge el fenómeno de la “Curva de Laffer”?  El fenómeno surge porque cuando las tasas impositivas son excesivamente elevadas, los contribuyentes, especialmente las empresas, buscan cómo pagar menos impuestos para ser competitivos y trasladan sus operaciones a otros países con estructuras tributarias más competitivas a nivel internacional (en este caso el “benchmarking” funciona a la perfección).  Esta decisión, racional desde el punto de vista de la dirección superior de la empresa, trae consecuencias negativas para el crecimiento económico nacional, la generación de empleo y la misma recaudación fiscal. Es como dispararnos a nuestro propio pie. Además, esta situación nos crea otro problema, ya que productos y servicios que antes eran producidos a nivel nacional, ahora son importados creándonos un mayor déficit comercial en la balanza de pagos, lo cual nos lleva a un mayor nivel de endeudamiento externo o a una pérdida de reservas internacionales. Sin embargo, el problema de las reservas internacionales 
no se presenta si tenemos la suerte de emitir una moneda que sea considerada como una moneda “reserva” a nivel internacional, quedándonos únicamente con el problema del endeudamiento externo, que puede llegar a ser muy delicado.

Ahora usted me dirá, “pero Noel, si el diagnóstico y la solución son tan sencillos, ¿Cuál es el problema?”  El problema es de carácter político y de expectativas en el tiempo, ya que, normalmente, el impacto en los niveles de recaudación tiene dos etapas, la inmediata que sería una menor recaudación que podría llevarnos a reducciones en cierto tipo de gasto público que no son del agrado de ciertos sectores de la población, o agrupaciones políticas, y el efecto positivo en la inversión, el crecimiento económico, el empleo y en la recaudación, que podría tomar un poco de tiempo. Además, muchas veces, los sectores que no creen o no simpatizan con este enfoque, realizan, para evaluarlo, un análisis muy estático y de muy corto plazo, concentrándose únicamente en el monto de la reducción en la recaudación en el cortísimo plazo, sin tomar en cuenta el beneficio potencial que se obtendría al recuperar la inversión, la producción, el empleo y la recaudación que han emigrado producto de las excesivas tasas impositivas 
y no solo eso, sino que tampoco consideran el efecto positivo al evitar que esa migración continúe, porque, de no cambiarse las tasas impositivas, continuaría. Por eso, el que toma este tipo de decisiones, debe estar convencido de los beneficios, ya que de lo contrario, si tomadas las decisiones luego “flaquea”, se verá en el peor de todos los mundos.  A nosotros, como dijimos al inicio, nos conviene que esta reforma funcione.

nramirezs50@hotmail.com  

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