• Nov. 18, 2017, media noche

La innovación en las empresas puede ser concebida como el proceso de traducir una idea o invención en un bien o servicio que crea valor para los clientes que pagarían por ella (Juan Pablo Torres, Dinámicas de la Innovación, Chile, 2017).

Esta búsqueda de la creación de valor ha sido fundamental para desarrollar nuevos productos o servicios que signifiquen una ventaja competitiva para las empresas frente a sus pares y a los clientes, ventaja que signifique una rentabilidad superior al promedio del mercado al momento de explotar esa característica especial que lo diferencia del resto.

En el marco de la denominada Cuarta Revolución Industrial, esta carrera por la innovación ha sido también una carrera por la tecnología, donde según datos del Foro Económico Mundial ya para 2020 significará la pérdida de 5 millones de empleos, producto de la automatización de los procesos en las 15 principales economías del planeta, las mismas que representan el 65% del total del mercado laboral mundial.

En este aspecto, emprendimiento e innovación se relacionan profundamente. Una nueva idea necesita de una nueva forma para llegar al cliente final, haciendo que el emprendimiento se constituya como canal de transferencia de la innovación hacia la sociedad.

La transformación de innovación hacia emprendimiento se podría resumir en el impulso de crear algo nuevo, un prototipo o experimento estratégico, con el objetivo de hacerlo crecer y escalar como un modelo de negocios elaborado, el cual pueda ser desarrollado ya sea a través de la asociación del emprendedor con empresas multinacionales en la explotación de esta innovación, o definitivamente buscando una adquisición por parte de estos conglomerados.

Para que esta ecuación funcione se necesita un “ecosistema de emprendimiento”, el cual se constituye en la interacción coordinada de cuatro actores relevantes: el sector privado, el sector público, la universidad y la comunidad. Cada uno en su área cumple un rol clave, y está demostrado que sin una interacción conjunta es poco lo que se puede hacer.

Dentro del sector privado se podrían determinar distintos componentes: el impulso emprendedor (las pymes), el desarrollo de una estrategia de innovación por parte de las grandes empresas, y las vías de financiamiento privado, esto quiere decir todos aquellos fondos que no provengan de organismos multilaterales ni de los gobiernos. Acá podemos hablar de la banca, los mercados bursátiles y de las redes de inversionistas. 

La dinámica del emprendimiento se podría resumir en tres etapas relacionadas a sus vías de financiamiento: una etapa temprana de capital semilla, una intermedia de capital de riesgo y una final de capital privado. 

Visto desde este punto de vista, el capital semilla es una “apuesta” cuyos resultados pueden ser muy ambiguos. Por ello principalmente este aporte proviene de programas públicos, los cuales están enfocados en poder dar el impulso inicial de la innovación.

La etapa intermedia de capital de riesgo respecto a la participación privada es fundamental en la consolidación de los emprendimientos incubados en capital semilla. Acá el mercado de capitales puede ser un actor relevante. La clave acá es poder equilibrar el riesgo de los inversionistas con barreras más flexibles para la entrada de emisores. Lo importante es que el principal activo a analizar sea esa idea innovadora, ese proyecto fácilmente escalable que permita calcular un valor futuro interesante para quienes quieran ser parte de este emprendimiento. Sin ir más lejos, de esta manera se conjugó el NASDAQ en EE. UU., como un mercado bursátil orientado a “startups” con potencial de escalamiento global, enfocadas en innovación y desarrollo. Este “ecosistema” permitió el nacimiento de Silicon Valley como “cluster” de I+D. 

Otra manera de poder impulsar la gestión del emprendimiento viene por parte de los fondos de capital de riesgo. Son clave porque permiten destinar dinero de inversionistas hacia “startups”, pero a través de una gestión experta de equipos de administradores. De esta manera, aquel ahorrante que quiera invertir y ser parte de los beneficios de una innovación pueda hacerlo con el apoyo de los gestores del fondo, quienes podrán mapear y determinar qué emprendimientos pueden ser sujeto de escalamiento, y a esas innovaciones aportar el know how para hacerlo, diversificando el riesgo a través de un portfolio de proyectos.

La clave de esta vía de financiamiento es que busca retornos interesantes basados en la mitigación del riesgo intrínseco de la innovación mediante la gestión directa y participación de los proyectos, a diferencia del crédito bancario, el cual no busca el riesgo sino que el financiamiento de proyectos con flujos estables e historia cuantificable.

Por último, la tercera etapa de la innovación viene por parte del Capital Privado, la que permite a grandes empresas crecer a través de la compra de emprendimientos, en el llamado modelo de innovación estratégica. 

El proceso de innovación es un fenómeno complejo que se propicia por la interacción de factores externos como el nivel de competitividad del mercado, y factores internos directamente relacionados a los recursos y capacidades que tiene una empresa y su visión de largo plazo (Torres, Dinámicas de la innovación, Chile). Es por ello que estos procesos se deben correlacionar con sistemas de financiamiento a la medida en cuanto a los plazos y necesidades del emprendimiento, en mercados regulados que permitan que una lectura clara del riesgo redunde en flujos de inversionistas hacia innovación.
 

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