• Nov. 27, 2017, media noche

La neurociencias enseña que los seres humanos reaccionamos a estímulos externos de diversa índole; se dispone de tres sistemas de reacción que actúan en tres diferentes niveles: a) Instintivo, que reacciona en fracciones de segundo; b) Emotivo que lo hace en segundos y c) Racional que utiliza un poco más de tiempo, siempre segundos, y permite que el cerebro procese y recapacite acerca de la acción que ejecutará como respuesta al estímulo externo recibido. 

Cuántas veces hemos sido actores o testigos de reacciones instintivas o emocionales impulsadas por la cólera, o el temor, o el estrés, o la impaciencia, etc..., cuando las personas reaccionan pronunciando palabras o gestos ofensivos, sin medir consecuencias y daños que dichas ofensas puedan causar a quien se dirigen. 

En la vida diaria innumerables relaciones interpersonales se ven afectadas porque una de las partes reacciona instintiva o emotivamente cuando la otra parte pronuncia o se presupone que pronuncia palabras ofensivas. Estas reacciones tienen un efecto de bola de nieve, cuando una de las partes no es capaz de escalar al nivel racional y darse el tiempo mínimo de reflexionar y desinflar su propio ego, entonces, lo que inició como una canica se puede trasformar en enorme globo, con las consecuencias conflictivas que ello representa.

También se presentan situaciones en las que hemos sido receptores de palabras o gestos agresivos provenientes de personas que se han molestado por expresiones verbales o corporales nuestras, pero nos asombramos debido a que, a nuestro juicio, lo que la otra persona entendió no es lo que dijimos, teniendo claridad que somos responsables de lo que decimos y no de lo que otras personas entienden.   

Cuando la Biblia en Proverbios 26-4 dice: “Nunca respondas al necio de acuerdo con su necedad, Para que no seas tú también como él”, está haciendo referencia a que la necedad consiste en reaccionar de manera instintiva o emotiva; por defecto, actitudes y conductas guiadas por sabiduría son posibles cuando se procesa, analiza, y racionaliza una situación antes de reaccionar.   

El llamado es a ser constructores de relaciones interpersonales afables; ser factores de convivencia pacífica, ello demanda que conscientemente actuemos con sabiduría, es decir, que todo lo que nos digan o hagan, todos los estímulos externos a que estemos expuestos, los procesemos en el nivel de racionalidad, y bajo ninguna circunstancia reaccionar neciamente, que equivale a hacerlo por instinto o emotividad.    

Llevar los estímulos externos al nivel de racionalidad, demanda de mansedumbre y humildad, porque cuando nos quedamos al nivel del instinto o la emoción podemos ser empujados a pronunciar palabras hirientes ante lo que asumimos como ofensa. 

Jesús, el maestro de maestros, dijo: “…Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas”. (Mateo 11:29). Cuánta razón tenía Jesús al invitarnos a ser mansos y humildes, y esto lo debemos aplicar en esos momentos en los que es más fácil reaccionar instintiva o emotivamente y decir cualquier grosería. 

Amiga, amigo si actuamos de acuerdo a las enseñanzas de Jesús, ponemos en práctica la mansedumbre y la humildad, dejaremos de ser gobernados por reacciones instintivas o emotivas, aplicaremos racionalidad a nuestras actuaciones, y seremos constructores de convivencia pacífica, y propiciadores de paz interior y social. 

Queremos saber de usted; le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com

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