• Sept. 19, 2007, 9:26 a.m.
Bob Dylan al Premio Nobel de Literatura: poeta que hace lo que quiera, poeta que cambia la historia, poeta que cambia la cultura, poeta que inspira, poeta que no es pobre, poeta que vende, poeta que no cree en fantasías revolucionarias, poeta pragmático, poeta de verdad; y porque todos los poetas quisieran poder lograr al menos uno de los puntos anteriores.

(Texto de portada de MarcaAcme.com, agosto 2007)

Añadamos que me aprendo más rápido sus letras, que lo puedo leer como poeta, o como músico, que la mitad de las bandas que conozco son nietas o bisnietas de algo que él ya había hecho, que rompe el cerco de las artes puras: las separaciones entre “literatura” y “música” son construcciones sociales, no diferencias esenciales.

Dentro de la oficialidad, Dylan ya es Premio Asturias, ya es Commandeur des Arts et des Lettres de Francia, ya gano el Polar Music Prize de la Royal Swedish Academy of Music, y ya ha sido nominado previamente al Nobel.

A eso le podemos argumentar que, a como dijo Sartre cuando rechazo su Nobel, que el escritor no debe convertirse en una institución.

Pero, un Nobel a Dylan rompería el cerco sagrado de la literatura publicada en libros
los libros tienen a lo mucho 600 años. Antes de eso la palabra escrita era cosa de monjes (en europa) o de trovadores y cuenta cuentos (cantos épicos nacionales de Mongolia, Finlandia, Centroamerica, europeos en general, etc…), y el cuento de camino era contado por viajeros y trovadores acompañados de música.

Si nos vamos aun más atrás en el tiempo, sumemos que la propia palabra “lírica” viene de los generos clásicos griegos: un texto poético recitado acompañado de una lira; los primeros literatos eran cantantes. Los poetas fueron también músicos en el principio.

Bob Dylan es poeta, y es músico (incluso novelista). No es el primer músico/poeta de la música popular del siglo XX, pero es el más representativo.
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