• Ago. 11, 2008, 11:25 a.m.
Innegable que la reflexión del diario vivir en Nicaragua nos lleva a buscar salidas a las pretensiones del actual gobernante y su grupo de poder. En recientes opiniones he vertido que la característica que presenta el llamado danielismo u orteguismo, o como quiera que podamos
calificarlo, tiene mucho de somocismo y todos los mismos que podamos achacarle, que trabajan en detrimento de las grandes mayorías empobrecidas y en la intemperie de la pobreza, desempleados, lumpen proletarios que han creado los gobiernos en los pasados dieciocho años.

Al principio del supuesto nuevo período democrático, todos buscábamos justificaciones con el decir que había que pasar por dichas etapas a fin de que el proceso de Nueva Democracia se consolidara y diera los resultados de establecer un nuevo esquema mental en la clase política y
en los nicaragüenses, acostumbrados a vivir bajo diferentes gobiernos de corte dictatorial, tiránico, hasta que el saqueo del bienestar y futuro del pueblo salió a flote.

Si el derrocamiento del somocismo totalizá el sacrificio de miles de nicaragüenses y el sufrimiento de nuestras madres al ver perder a sus hijos por las balas de la lucha fraticida, es casi necio y masoquista el seguir dando vueltas en cárculos, cometiendo el mismo error, el gobernante actual don Daniel Ortega, de imponer un sistema anacránico,
copia fiel de otros que no han traído resultados positivos y de progreso para los pueblos donde se han implantado o son mantenidos.

El proceder del dictador o el tirano no se diferencia, sea usando los predicados de la derecha o la izquierda, porque sus resultados siempre han sido para el beneficio ánico de una minoría, la del cálculo que lo rodea. Son los mismos ejemplos de ayer, cuando veamos las portátiles del somocismo, que hoy vuelven a ponerse de moda, tal y como se práctica con la celebración del 29 Aniversario del derrocamiento de la dictadura somocista por una insurrección triunfante, a la que se le puso el nombre
de Revolución.

En dicha celebración estuvieron representados todos los símbolos que ayer práctica el somocismo, tales como el abuso con el derecho al trabajo de los empleados estatales, los que fueron forzados a asistir, se les tomó asistencia por listas en manos de monitores, y se les obligó a comprar las camisetas que lucían como identificativos de la institución;
se derrocharon millones de córdobas para satisfacer la mentira en que vive el ése audillo y la megalomanía que le alimentan sus cercanos, mientras el pueblo queda en la debacle económica que llega de adentro y fuera del país; y en suma, incremento de la crisis y la estabilidad que
necesita el país para continuar su desarrollo.

Ante tal forma socio-política no queda más que preguntarnos hasta cuándo el pueblo seguirá siendo el cordero pascual que hasta un cardenal pone en la hoguera por sus intereses malsanos y terrenales; hasta cuándo
dejaremos de especular el alcanzar un régimen en democracia estable libre de pretensiones caudillistas, dictatoriales, y por supuesto tiránicas para preservar el dominio de una familia o grupos de poder que solamente
han demostrado ser los más corruptos de la historia nacional; y hasta cuándo los pobres podrán sentir que su amanecer es tan sólo una tentación a la que a diario se le agregan barreras al bienestar común.

Si nos encontramos entre somocistas encontramos el paradigma de Chico, el del acérrimo somocista que en acrástico parafrasea las siglas del partido sandinista en el por Favor Somoza Libera Nicaragua  o el del
reaccionario danielista que enuncia la defensa de los derechos del pueblo en contra de oligarcas, vendepatrias, y traidores.

Sin conclusiones posteriores debemos dejar atrás el esquema de ser atrasados en materia de las ideas políticas y darle a la minoría lo que necesita, presentarle la estructura de comportamiento que entienden. Si son los bolcheviques de esta etapa de crisis nacional, la búsqueda de la
alternativa la tienen las mayorías a las que ataca la crisis.

La especulación tiene a las mayorías pensando en que la toma de decisiones violentas solo resultará en la repetición de episodios nefastos para todos. El sacrificio heroico de nuestras nuevas generaciones no es, ni debe ser el puente de convergencia hacia un mañana de progreso.

La duda ataca nuestras mentes y la confianza en el futuro sigue traicionada por la clase política a la que las mayorías deben hacer el sujeto de remoción y profilaxis ciudadana, para erradicar la corrupción que corroe todos los sectores, incluyendo las iglesias, y dejar de preguntarnos hasta cuándo tendremos somocismo y podremos ver que el poder del pueblo, quede en manos de quienes realmente, tienen las mejores intenciones y actuar para representarlo y darle todo lo que los gobiernos de los últimos sesenta y cuatro años le han negado: El derecho a no ser esclavos y borregos de los grupos de poder de las mentadas derecha e izquierda.

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