• Ago. 12, 2008, 2:58 p.m.
La verdad, Vicente Fox no trajo nada nuevo. No aclaró cómo cambió su biografía, drásticamente, tras su mando de seis años.

Se rodó la misma vieja cinta  de los estudios Churubusco, ahora con la Paramount, sólo que con mayor presupuesto:  identifica a los chavalos de la película y maltrata a los “villanos”. Llegó hasta decir que “al pobre” (?) de Bush, Chávez le ha dado incluso por debajo de la lengua.

Si se acusa al presidente de Venezuela de atacar a medio mundo, diciéndole “malos” a los que el guión de la película presenta como “buenos”, Fox no oferta un panorama nuevo, diferente, sino una copia al revés de lo que pretende “demoler” con sus “poderosos argumentos”, que al final, no son ni tan poderosos ni tan argumentos que digamos. No ofreció el suficiente aire fresco, según se supone, debe ventilar un demócrata. 

Claro, habemos algunos nicaragüenses que a cualquiera engrandecemos con la boca abierta. Vemos a Moisés por todos lados y nos quedamos sólo con la vara. Me acuerdo cuando el Presidente Alemán recibió a Don Francisco: hasta le dio el vehículo presidencial. O la atención que doña Violeta, en el poder, brindó a Daniela Romo. O la alharaca que se arma cuando viene el cubano Montaner.

Fox ve el mundo demasiado reducido a un primitivismo político: blanco y negro. El mundo debe ser “Foxilandia”. Llegar al Siglo XXI para invitar a alguien con semejante visión de la vida parece un gasto injustificable. Bien se los podría haber ganado alguno de los enjundiosos analistas locales. En las palabras de Fox no hay matices. Todo da a lo mismo, con cierto condimento a lo Mc Pato. Y si todo es lo mismo, ¿para qué salir del tan promocionado Rancho San Cristóbal, a diagnosticar lo que toda la Tierra y resto del vecindario ya ha escuchado?

Si se acusa que hay dinosaurios en la izquierda, déjenme decirle que la derecha mantiene también su propio Rancho Jurásico. Fox es un formidable espécimen: se resiste a ver las diferencias, las diversas propuestas, las realidades de cada destino nacional. Para él, todo debe ser como en Foxilandia.  

Ataca a Evo Morales, y a pesar de que el presidente boliviano demostró su alto compromiso con la democracia el domingo 10, sale con que “el pueblo lo que necesita es pan, trabajo” y no referendos. ¿En qué quedamos? ¿Acaso los instrumentos de la democracia son sólo para una raza de escogidos, la raza perfecta que se cree la dueña absoluta del poder, los blanquitos ungidos para administrar un Estado?

¿Pero qué sucede cuando un indio utiliza los mecanismos constitucionales  para poner en juego su propia presidencia? No, no pasa nada. Es un indio. Eso no cuenta. Y si Evo no se somete al referendo, ahorita Fox estaría diciendo ---con sus cajas de resonancia—:
qué barbaridad, qué antidemocrático, increíble, este líder populista no se somete al escrutinio popular, bla, bla… 

Con Fox no hay que ver muchas esperanzas, si acaso alguno se lo creyó. Prometió, aquí, en público y frente a las ruinas de la vieja catedral de Managua, agenciar, con toda su influencia, el apoyo para su remodelación, para que volviera tan noble arquitectura a servir de refugio a las almas católicas. Sin embargo, las promesas incumplidas, promesas hasta de carácter espiritual, cuando son pasadas por alto, proviniendo de un convencido “demócrata, occidental y cristiano”, no abonan mucho a su credibilidad. ¿Cómo creerle, si todavía México no desenreda los nuevos datos con su declaración patrimonial ofrecida a la Secretaría de la Función Pública? Miren La Jornada de noviembre 2007.

Si los referendos no “solucionan” gran cosa, mucho menos la retórica. Pero Fox no se ha contentado en retirarse de las luminarias. Vino como una estrella internacional de la política y se resiste a aceptar su condición de presidente jubilado. Ama los reflectores, los homenajes y presentarse, aunque sólo ocupe el término --- peyorativamente--- para referirse a los “chicos malos”, como un mesías con espuelas de la democracia. Así se nos presentó.

Dicen en México que si no está frente a las cámaras, le pasa lo mismo que al tiburón si no se mueve en el fondo del mar: se muere…él quiere seguir amándose y llamándose presidente, ser un ex mandatario diferente a los del PRI, retirados al anonimato, al silencio, a no dárselas de mesías con espuelas. No, él ahora reparte recetas a naciones como la nuestra, sin haber aclarado primero a su país qué tanta altura dejaron “Los Pinos” en su vida privada.

Y a propósito de asuntos privados, la entonces primera dama Marta Sahagún mandó a comprarle un Jeep Wrangler X, igualito al que usaba George W. Bush para recorrer su rancho —Crawford— en Texas. Es que lo admira tanto que lo imita hasta el éxtasis con  las marcas preferidas de aquél. Ahora, semejante caricatura de “Pedro Páramo” se pasea con el vehículo en su propiedad “San Cristóbal”, de Guanajuato.

Al venir a Nicaragua con el discurso de una Momia de esos lados, ¿no se habrá confundido de rancho?   
    
  

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