• Ago. 12, 2008, 4:55 p.m.
A la roji-negra, naranja y amarilla…

                
Jóvenes compañeros:

No nos equivoquemos. No son sus símbolos, sus leyes, sus padres, ni paralelos lo que verdaderamente importa salvar en este país. Tampoco es esa demagogia de que “hemos recuperado el poder después de 16 años”, ni mucho menos que todo lo que no es “chicha ni limonada” es oligarquía, derecha, burguesía o agente de la CIA. ¡No!

Después de todo ese trasnochado discurso de nuestros padres, lo verdaderamente esencial aquí es que se salve a una generación futura y consecuente.  A una generación que pueda romper con la cultura del fracaso y con sus ritos de oportunismo y figureo que aún pregonan y desean heredarnos desde el pasar de sus vidas.    

Nosotros, compañeros, somos la oportunidad de una amalgama sin pactos, sin homofobias, sin delirios, ni complejos, capaces de plantar  nuestro  propio horizonte y ofrecer a esta comunidad su dignidad anhelada.

Nuestros padres pudieron ser aguerridos, mujeres y hombres decididos a dejar la vida tras una idea, tras una mística y una moral, pero en el fondo, así lo verifica la historia, fracasaron…

Hubo una vez una montaña llamada Pancasán. Es aquí, compañeros, donde encontramos el período de gestación de la concepción guerrillera del FSLN en 1967. Después de esa relevante derrota, el Frente comenzó un análisis crítico sobre  la conducción de la lucha contra la dictadura somocista.

En estas valoraciones, se dilucidó criterios para hacer profundas consideraciones organizativas, entre ellas, ahondar en el arte de la agitación popular, en la recuperación económica y en mejorar las técnicas militares y de clandestinidad.

No obstante, en el pueblo aún no existía una conciencia generalizada de ayudar a la guerrilla, y más bien, el aparato de inteligencia de la Guardia, (orejas, jueces de mesta y capitanes de cañada) continuó denunciando al guerrillero urbano y rural. El FSLN, por tanto, apostó a romper ese “cerco de información” vinculando cuadros estrechamente con las masas.

A lo interno, sin embargo, aún divergían los criterios sobre las acciones de prioridad. Y mientras algunos consideraban la necesidad de dejar por un tiempo la lucha armada y dedicarse al trabajo organizativo; otros abogan por la lucha apoyándose en la masa obrera y sindical.
 
Pero mientras en la Dirección Nacional existían estos debates, entre 1968 y 1970 el FSLN sufrió una serie de reveces: encarcelación y muerte de altos dirigentes; lo que naturalmente incidió en hacer prevalecer el criterio de entrar en un período organizativo y de lucha armada en pasivo.

Es este el contexto que se conoce como “Período de Acumulación de Fuerzas en Silencio” y abarcó desde la derrota de la guerrilla de Zinica en  1971, hasta el asalto a la casa del Chema Castillo en diciembre del 74. Y aunque ese trecho es que el Frente logró su madurez revolucionaria y política, en el 73 caen dos de sus grandes dirigentes: Ricardo Morales y Oscar Turcios.     

Desde entonces, las acciones estratégicas del sandinismo recayeron en gran medida en el Frente Estudiantil Revolucionario (FER), un órgano estudiantil semi-clandestino --con sus nidos en las universidades públicas y autónomas-- del que el FSLN tomó control en 1964, después del fracaso en el Patuca-Bocay.

En ese sentido, el FER –posiblemente la generación de nuestros padres-- fue la primera estrategia de regeneración con la que cuenta el FSLN, y su rol inicial es el de fungir como aparato de agitación en favor de los presos políticos; sin embargo, a través de los años, el FER irá asumiendo un mayor protagonismo como plataforma de enlace –entre la ciudad y la montaña—como también en la compartimentación y como cantera militar para la causa guerrillera que en 1979 encontraría su desembocadura. (Uyyy! Hasta que gozan los bad boys de UNEN escuchando sus orígenes, ¿verdad?)

Pero así fue, compañeros, el FER, esa generación de jóvenes entusiastas, una generación que tenían muchos sueños intranquilos y justos, derrocó al tirano para vengar su represión, sus negaciones, abusos y escasez de democracia.
 
Luego triunfaron y pretendieron gobernar un país, pero tomaban excesivo alcohol, parieron demasiadas familias disfuncionales y promovieron el sectarismo, el nepotismo y a los pactos color violeta: su reinado fue corto y resultó en el mayor de los sacrificios de sangre y ceniza.  

Todo pudo ser hermoso, todo, pero nuestros padres se llevaron al despeñadero, a la conspiración, a cercenar el pluralismo político, y a engendrar una clase social estatal ciega, fanática, asistencialita y excluyente, y desde el fraccionamiento se autodefinió como “el pueblo” y se echó encima la intolerancia del mundo.

Jóvenes compañeros, ya no hay necesidad de morir con las botas puestas, ni de volver a escupir al cielo para creer que honramos a nuestros respetados padres y ancestros. La Historia es sólo una herramienta nunca una deuda pendiente, y con ella no buscamos una herencia sino las soluciones. ¡Qué la Internet los bendiga!
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