• Ago. 17, 2008, 5:08 p.m.
Según la doctora María Lourdes Cortés, experta en cine latinoamericano y centroamericano, la producción de cine en Centroamérica, al igual que otras artes, es quizás una de las más desconocidas e invisibilizadas de la cinematografía mundial. La conclusión de la mayoría de sus estudios e investigaciones indica que los intentos cinematográficos de la región no sólo han debido sortear los problemas comunes a todo el continente latinoamericano, sino también aquellos que han hecho de Centroamérica la región más disputada por las grandes potencias durante los últimos dos siglos.

Según la experta, la cinematografía centroamericana tuvo una relativa visibilidad durante los años 70 y 80, cuando Centroamérica era noticia y su cine también, y nuestros países estaban en plena oleada revolucionaria, durante un tiempo en que el istmo parecía incendiarse. El cine era entonces “arma de denuncia, apoyo o instrumento de educación”, y muchas de sus producciones fueron reconocidas en festivales internacionales. Pero más tarde, pese a que la popularización del video permitió una mayor democratización de la producción de imágenes, el apoyo estatal a la cinematografía decayó completamente.

“Los realizadores del área volvieron a quedar sin amparo. No existe ningún tipo de mecanismo formal de ayuda a la producción cinematográfica: ni leyes, ni cuotas de pantallas ni subsidios. Muy pocas películas centroamericanas lograron llegar a las pantallas, y menos aún obtener reconocimientos en el exterior”.

Pese a todo, este nuevo siglo se ha abierto con un panorama aparentemente mucho más esperanzador, en el que la producción audiovisual centroamericana se encuentra en un momento de efervescencia. Una señal de eso es que, desde hace una década, durante todas las lunas llenas de noviembre se realiza en Guatemala el Festival Ícaro de Cine y Video en Centroamérica, el evento audiovisual más importante de la región, para el cual ya se están preparando sus contrapartes en cada país del istmo.

En Nicaragua, parte de esa preparación la constituye el Festival Ícaro Nicaragua 2008, que se llevó a cabo del 13 al 16 de agosto, bajo la coordinación de María José Álvarez y Martha Clarissa Hernández, directoras de Luna Films. Álvarez y Hernández informaron acerca de ciertos cambios de procedimiento en este importante festival. En los años anteriores –por ejemplo- se enviaban todas las obras participantes a Guatemala, donde un comité de selección hacía un filtro, luego se anunciaban las nominaciones hasta llegar a los premios; ahora más bien se está convocando a una selección con jurados en cada país, para luego acudir a Guatemala con las obras ya seleccionadas.

En Nicaragua, el jurado lo conformó Ramiro Lacayo, fundador de Incine, cineasta, pintor y escritor; el experimentado camarógrafo belga Jam Van Bilsen, quien también es reportero de televisión y ha trabajado en cine como fotógrafo; Gina Villafañe, panameña, ingeniera electrónica y sonidista, graduada en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, en Cuba.

El Festival Ícaro tiene sus respectivas contrapartes en todos los países centroamericanos. Cada país se encarga de hacer la convocatoria nacional respectiva y organizar su propio festival, para luego llevar los materiales seleccionados a Guatemala, donde serán vistos por el jurado y exhibidos entre el 13 y el 20 de noviembre.

Casi 30 obras nacionales se inscribieron para el festival en Nicaragua, las cuales se exhibieron en la Alianza Francesa, al mismo tiempo que en otras salas se exhibieron obras de otros países que competirán en Guatemala. Las obras pudieron ser vistas en ocho pantallas distintas en cuatro ciudades del país: Managua, León, Granada y Matagalpa.

En Managua se exhibieron obras en Cinemas Galería, en Cinemateca Nacional, en la Alianza Francesa, en el Instituto de Historia de la UCA y en el Aula Magna “César Jerez”, en coordinación con la Cátedra Abierta que imparte la carrera de Comunicación de esa universidad. En Granada hubo exhibiciones en Casa de los Tres Mundos; en León fue en la Alianza Francesa, y en Matagalpa en el Centro Cultural Guanuca.

El 13 de agosto se inauguró el festival con la película “El violín”, del mexicano Francisco Vargas, ganadora de un premio en Cannes; luego hubo una muestra internacional, con obras que compiten por tres premios: largometraje de ficción, corto de ficción y documental extranjero. Y se cerró con el documental “Querido Camilo”, de los ticos Julio Molina y Daniel Ross, ganadores del premio al mejor documental en el Ícaro 2007. En la clausura del evento se informó al público acerca de las piezas nicaragüenses seleccionadas en los distintos géneros. Las obras quedaron en exhibición en Cinemas Galería después de concluido el evento, en horario de 5:30 de la tarde, para aquellos que no pudieron verlas durante el festival.

Es bueno recordar que en su corta historia, el cine centroamericano, en especial el nicaragüense, ha obtenido relativos éxitos en Festivales Internacionales. Y según parece, el Ícaro se propone ampliar ese relativo éxito. Sin embargo, para las organizadoras del festival, éste es más bien una de las pocas instancias donde los centroamericanos se reúnen “realmente”.  “Antes, en efecto, nos dedicábamos más a andar por Europa y otras partes, y teníamos poco contacto entre colegas centroamericanos. Ahora, con una década de experiencia en este festival, nos percatamos que es realmente muy interesante ver las coincidencias, las diferencias, las distancias y la cercanía entre nosotros mismos”.

“En el caso de Nicaragua, el Festival Ícaro ha provocado mucho a los jóvenes para que produzcan, ha promovido la producción local, experimental... Además, sólo a través de este festival se pueden ver las piezas centroamericanas, si no, no hay manera de hacerlo”, afirman las organizadoras. Pero en los días que duró el festival no vi más que unos cuantos reportajes y un par de spot en algún canal de TV. Eso me lleva a hacerme algunas preguntas obvias:

¿Porqué es tan difícil mostrarnos nuestras imágenes a nosotros mismos? ¿Es simple falta de interés del público? ¿Culpa de la avasallante dominación de Hollywood? ¿Alienación capitalista sin resistencia? ¿Es porque somos mercados pequeños, países pobres, adiestrados como autómatas para disfrutar sólo cierto tipo de cine? ¿O es miedo al tormento neurótico de un pasado de guerra y de un presente miserable y abyecto? ¿Alguien puede ayudarme a responder?

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