• Sept. 19, 2007, 8:33 a.m.
Este mes circula por Managua la séptima edición de Patadeperro, revista que en pocos meses se ha ubicado a la vanguardia de las agendas culturales capitalinas. Su número fue dedicado al mes patrio y entre sus espacios se encuentra un mural de la artista plástica, Alicia Zamora, llamado “Confusión”.

Aunque la información está resumida en unas cuantas líneas y sus resultados no sugieren ser la síntesis de una investigación metodológica, el visor de su contenido es sumamente espeluznante pues expresa que durante este mes de la patria existe una confusión entre los estudiantes nicaragüenses al tener que elaborar murales escolares mezclando hechos correspondientes a 1821 y 1856.

Los jóvenes explayados de nombres, hechos y fechas “en un solo mural” ubican el recorte de un descamisado con piedra en mano, y le hacen el sándwich otros personajes de frac y patillas “Elvis Plesley” por arriba; una flor blanca-amarilla, por abajo; un “predestinado de ojos grises”, por la izquierda, y un nacatamal bien vistoso por la derecha.

Si bien los profesores de historia podrán diferenciar entre el año de la Independencia de la Corona española y el de la Guerra Nacional (o contra los filibusteros sureños), a mi parecer esa acertada observación de la artista Zamora, trae a relieve un fenómeno que va más allá de que si los muchachos/chas sean o no “caballos/guas”, sino que reafirma los síntomas de una nación fragmentada y eternamente carecida de un propósito de nación.

Umberto Eco, padre de la semiología moderna, ha manifestado que las palabras sujetas a un uso indiscriminado acaban por perder su sentido original.

En esa línea, los “chicos/cas” bombardeados de Moral y Cívica y de una historia oficialista (interpretada desde la reducción idealista de escribanos burgueses y oligarcas) seguramente han llegado a perder el sentido original de esa parafernalia cívica, a la que nunca han asociada con sentimientos ni hechos en su vida cotidiana.

Pero en realidad, ¿qué pedirles, porque en esencia, qué fue la independencia realmente? Acaso, ¿no fue un hecho artificioso embriagado únicamente por el cuatro por ciento de la población criolla, que desahogada, sometió directamente al indígena y mestizo para echarse al bolsillo las utilidades que dejaba el añil, el tabaco, el cacao y la clandestina industria del licor?

Luego, en este proceso de 151 años de anarquía y luchas intestinas, la clase política ha recurrido a burdos conceptos como “Patriotismo”, “Estado de Derecho”, “Justicia” y “Libertad”, dejando como resultado una “patagónica” situación de pobreza, división social y una nostálgica fábrica de héroes y mártires manipulados por la ética kantiana del caudillo “al bate” que les impulso a morir en defensa de la soberanía.

Desde los chispazos del positivismo europeo, la dialéctica hegeliana puso en boga ese ingenuo mito de que el espíritu de los pueblos apuntaría hacia un final feliz de la Historia; y con ese motor ideológico, la brutalidad de “los independentistas y sus retoños” igualmente justificó ese otro mito: el enfrentamiento entre civilización y barbarie.

En Nicaragua, valga traer a colación, entre otras consecuencias, ese enfrentamiento dejó: la revolución de Zelaya, el latifundismo de Somoza y el “alegrón de burro” de 1979, provocaron una prolongada tragedia moral, económica, étnica, social, cultural, y expresamente en nuestros días, ecológica.

Hace algunos meses, por motivos laborales, me tocó hacer entrevistas en el Parque Central de Granada, para conocer la reacción de la gente, luego que el ex–alcalde de esa ciudad dimitiera a su cargo, señalado de haberse llevado el botín de la comuna, pero ungido por el gobierno de turno, había sido nombrado embajador en Honduras.

En el parque: “Por robarte una gallina te meten cinco años, pero este degenerado se nos lleva el gallinero y más bien lo premian. ¡No hombre, si ésto es una grosería!”.

Entonces también quise conocer la reacción de “los pudientes” y me dirigí a hablar con el propietario del hotel más antiguo de la ciudad. Su comentario: “Mirá, no tengo nada que decirte –hizo pausa y mostró una sonrisa extraña contrayendo de un lado los músculos de su cara— pero creo que Alvaro puede hacer un buen papel en Honduras, además, es mejor que vaya él, y no que manden a un negrito que no sepa hablar y nos de mala imagen”.

Esta reacción parida desde el inconsciente, desemboca en el abismo de la Identidad nicaragüense, pues su comentario afirma que las esferas de poder del país —y América en general— aún vinculan su pasado a un legado eurocentrista que legitima los procesos de colonización.

Por otro lado, también pone en manifiesto que históricamente al mestizo, al indígena y al negro, víctimas del antiguo enigma del poder, les ha sido negado un espacio en la sociedad –recientemente en evidencia con los estragos provocados por Félix— y al “nicaragüense” (estudiado artesanalmente por PAC) se le ha sometido a un conjunto de símbolos panfletarios a los que este mes osamos por llamarles “patrios.”

Moraleja: ¡Chavalos, lleven sus chapas al acto en la plaza este 14! ¡Y Chavalas, métanle tijera a sus minifaldas hasta la altura que quieren!, porque en los nuevos edificios estatales de por ahí, la obscenidad realmente es más cínica.

Calle Cuiscoma, Granada
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