• Ago. 18, 2008, 7:24 p.m.
Muchas soluciones propone el hombre, pero él mismo es un enorme problema sin resolver. Más, cuando desecha la mejor respuesta para su vida. Compañías de filósofos y guerreros, de gurús y embusteros, o mezcla activa de ambos, todos lanzándose contra quien nunca les hizo guerra, sino la más tierna propuesta de amor.

Con amor se desarman los conflictos y se desmantelan las exclusiones, se arrasa con la xenofobia, se unifican los países y se levanta como estandarte principal, el bien común. Una buen parte de la humanidad lo detesta, pero Jesús se mantiene firme, incólume, pese a algunos administradores de la religión cristiana, en sus diferentes presentaciones.
Hay un Jesús que salva, transforma y libera, y otro, el religioso, el que puede estar inmovilizado en un crucifijo o en una Biblia bajo el brazo, en una mega iglesia. Hay personas que sudan las enseñanzas de Jesús, de sus apóstoles y los profetas bíblicos. Otros, en cambio teologizan, tienden sus redes religiosas y separan más al Redentor Judío de la realidad cotidiana.

Hablamos que los ateos detestan a Dios, no obstante, hay religiosos dominicales convertidos en ateos el resto de la semana. Hay individuos que sin profesar alguna religión, mantienen una actitud altamente humanista y hay seres con religión, que piensan más en aumentar sus acciones en el mercado de la fe.

En mayo pasado, si mal no recuerdo, vino a Nicaragua el auto proclamado “apóstol”, Guillermo Maldonado. Su rostro se diseminó por las calles y canales de televisión. “Tiempos de cambio para Nicaragua” fue su lema, o mejor dicho, el producto vendido. Algunos se lo compraron.

Se le alojó en la suite presidencial de uno de los más elegantes hoteles de Nicaragua. Pero el país entró en una mayor crisis, se dispararon los productos básicos, los índices de inflación se elevaron más de lo esperado, una tormenta muy temprana dejó su rastro de daños, nuestra clase política entró en una etapa de mayor rivalidad y el nivel de criminalidad parece tambalear los informes policiales de que somos el país más seguro de Centroamérica.

Jesús dijo: “por sus frutos los conoceréis”. Debemos mejor remitirnos a las Sagradas Escrituras “porque ellas dan testimonio de mí”, nos alentó el Hijo de David. La ola de engaños es pavorosa y si no escudriñamos las Escrituras, podemos llegar a creerle a la hojarasca, esa misma que lleva y trae el viento.

A la verdad, la humanidad no necesita de huecas filosofías ni de redentores improvisados, ni tampoco de iluminados “apóstoles” que huyen de sus países subdesarrollados para hacer carrera en la Metrópolis

Mientras las ideologías plantean cambios en las estructuras económico sociales de una sociedad o venden la economía de mercado como el Paraíso de los pueblos, Jesús propone el único cambio ---gratuito además---, que provocará los cambios más trascendentales en este siglo: vencerse a uno mismo para empezar derrotar al mundo en este siglo, ese “mundo que con sus deseos pasa”; el mundo del mal y las injusticias, del odio y la guerra; el mundo donde los oprimidos sufren tanto a manos de individuos poderosos y visibles como de los que los dirigen desde las regiones celestes, ese mundo gobernado por el Príncipe de la Potestad del Aire.

El primer hombre y mujer a liberar es a uno mismo. Me libero, por ejemplo, al amar a Jesús. Me libero al no odiar al pueblo de Israel, sino orar por la paz de Jerusalén. El asunto es no armarnos con las mismas armas del otro reino, sino amarnos, echando manos del siglo venidero. Pablo lo dijo mejor: tener la mente de Cristo y no andar en la vanidad de nuestra mente.

Jesús es el único que nos salva. Es el Puente Máximo que nos lleva a Dios: el Sumo Pontífice. “Et verita et vita”, escribía Rubén Darío, “es la verdad y la vida”. Lo demás son caminos humanos con resultados lamentablemente inhumanos. Si no lo cree, revise la Historia.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus