• Ago. 22, 2008, 10:47 a.m.
El fin esencial de la política es construir patria. Para que los colombianos podamos dirimir nuestras contradicciones, primero necesitamos tener país. Si no tenemos nación propia, las utopías y sueños sociales son metas vacías. Y no tendremos nación, si la violencia de paramilitares, guerrilleros y narcotraficantes vuelve a dominar el territorio y a violentar los derechos humanos. Colombia parece amnésica. Olvida pronto.

Para combatir la amnesia es bueno exagerar, pues se dice que la historia solo recuerda a los exagerados. Antes de llegar Alvaro Uribe a la Presidencia , la mitad del territorio estaba en manos de paramilitares y la otra mitad en manos de la guerrilla. Y Paras y Guerrilla eran líderes multinacionales del narcotráfico.

Prácticamente no teníamos nación. Muchos Alcaldes y Gobernadores trabajaban bajo la presión o dirección de alzados en armas.

Más de 150 municipios no tenían en su territorio ni siquiera un policía. Alzados en armas expropiaban a su gusto la tierra que les provocaba. La movilidad era restringida por ilegales. Las tierras no tenían comercio.

Los derechos humanos eran a gusto de quienes dominaban ilegalmente el territorio. Los empresarios se veían intimidados y vacunados para poder hacer empresa. Los crueles crímenes ocultos, hoy conocidos, ni siquiera los imaginaba la sociedad. Y lo peor, las víctimas y la legión de desplazados eran incontables. Colombia era una nación extorsionada por quienes dominaban ilegalmente el territorio. Con Álvaro Uribe la patria ha recuperado un camino digno; Uribe nos ha devuelto la esperanza de tener patria.

En su Presidencia, la cultura de la legalidad vuelve a reinar. La intimidación, el secuestro y la violencia están en agonía. Los avances de la autoridad como virtud de la democracia son los más importantes en los últimos 100 años. Es Uribe el gran reformador contemporáneo del Principio de la Autoridad. Contrario a lo que creían sus críticos, el Presidente fue capaz de rendir el paramilitarismo y sus jefes. Y en su gobierno es dónde más verdades se han conocido sobre los actos inhumanos de paramilitares y guerrilleros. Y también, el gobierno actual es el que más triunfos militares recopila sobre la violencia guerrillera. Y lo ha hecho más o menos con el mismo ejército de otros Presidentes. Esto resalta el pundonor personal de Álvaro Uribe.

Hoy el Estado ha recuperado casi todo el territorio para el imperio de la ley. Y paralelo a su valentía, nadie puede negar que no había tenido Colombia un Presidente más cercano a la gente, más sencillo, más identificado con los problemas sociales, más sensible a los dolores de los ciudadanos, más conocedor del territorio colombiano. Trabaja día y noche con humildad, como si fuese un misionero buscando aliviar los dolores de la patria. No gasta tiempo en cócteles ni en banalidades sociales, tan usados por los poderosos para esclavizar y capturar el estado. Y más, el valor civil del Presidente Uribe es admirable e inigualable. No le importa su vida, la ofrece entera por sus convicciones. Su erguida posición contra la guerrilla, su indeclinable lucha contra la delincuencia, y su decisión de extraditar una generación de paramilitares, son señales sobresalientes de valor civil inigualables en la historia de Colombia.

Otro gobernante sería esclavo de sus preocupaciones sobre cómo será su seguridad luego de salir de la Presidencia. En medio de tanta turbulencia, hay que respetar las disensiones de los demás. No obstante, con la decisión del Presidente de extraditar a una generación de Paras, el país respira mejor. Se siente un aire fresco. Se desenreda un poco la complejidad de la crisis. El pensamiento colectivo sale de una rutina maleva, para volverse más optimista. La sociedad estaba en un remolino de confusión movido por fuerzas ocultas que dejaba demasiado espacio a los oportunistas.

Los enemigos del Presidente siempre decían que era incapaz de extraditar Paras porque tenía pactos secretos con ellos. Ahora que los extradita, se quejan que dejó al país sin la verdad. Es admirable que el Presidente Uribe no se haya reunido ni construido pactos en el pasado con Paramilitares, como muchos lo anunciaban. En gobiernos pasados, incapaces de superar la violencia, los Paras hacían parte de la legalidad y de la alta sociedad, y era casi imposible, saber quién era legal o ilegal.

Hoy es fácil apartarse. Pero un político que recorría el país día y noche, tenía alto riesgo de reunirse con quien se le acercara. Y para bien de la nación, no existe a hoy una sola prueba, que Uribe haya hecho pactos ilegales con paramilitares.

Precisamente por los crónicos problemas de violencia que enfrenta el Presidente, es por lo que la nación vive momentos de turbulencia. Y por eso es que urge rodear al Presidente. No se puede ignorar, que la fortaleza institucional de la Nación empieza por el Presidente de la República. La Constitución y la ley le asignan poderes omnipotentes al ejecutivo para dirigir la nación. Bueno o malo, esa es la realidad. Defendamos primero una patria libre, sin las ataduras de la violencia, y por eso, en estos momentos de decisiones trascendentales urge rodear al Presidente Uribe.

¡Simón Bolívar fue el primer libertador y  Álvaro Uribe es el segundo!

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