• Ago. 22, 2008, 12:11 p.m.
Una importante mayoría de los nicaragüenses no adversamos a Ortega-Murillo porque sí o por su ideología, pues tienen derecho a tener la suya, por muy retorcida que la tengan.  Le adversamos sinceramente por sus desaciertos, sus disparates y sus atorrantes diatribas a diestra y siniestra, sin una sola referencia a un plan de nación con unidad y reconciliación, para resolver los problemas del desarrollo, tal como prometió.  Si ese es su estilo para ensalzar los méritos de una revolución siglo XXI, en beneficio del pueblo, pues está lejos de propiciar la voluntad y la adhesión popular. Todo lo contrario, está cavando su zanja.  

¿Es acaso el lenguaje soez el idioma oficial de este gobierno? Es política de estado insultar a los y las representantes de los países donantes? ¿Es que el presidente y el vice-canciller tienen una fijación patológica  hacia las mujeres de carácter? Proteger a terroristas extranjeros y alentar la confrontación entre los nacionales, ¿es propio de esta misma revolución rosado-chicha?

Arremeter contra las multitudes, fundidas en un sólo anhelo de ¡basta ya!, tildándolas de oligarcas y vende-patrias, ¿es una consigna ex temporánea o un desquiciado designio  de una revolución cavernaria, no sandinista? Traidores son los que impúdicamente, desde el poder, enterraron los ideales de Sandino y los que se afanaron por hacer que su nombre fuera escarnecido.

No hay entre sus ostentosos  y fatuos colaboradores alguien que le recuerde a Ortega y a Rosario que la oligarquía y la venta de la patria sólo se cocinan en la cúpula de los políticos y nuevos-ricos, desde el poder absoluto. ¿Qué hace este gobierno corrupto e incapaz para detener la ola de emigrantes, para defender a la mujer y a la niñez, para abrir más y mejores fuentes de trabajo, para fortalecer el INSS en bancarrota,para evitar la polarización y la fractura social? Una institucionalidad de
por sí débil, socavada por todos sus costados, es una presa de esta "revolución" de la  que solamente se ven los cachos y la cola de los complejos, fantasmas y culpas de sus dirigentes.  

¿Acaso el lenguaje callejero, las turbas de barricadas y el desgarramiento ciudadano son consustanciales a este socialismo de nuevo cuño?  ¿Puede un partido de violentos y violadores engrandecer y enaltecer la figura de Sandino, nuestro héroe nacional?  Con todo el daño que nos han causado los imperios, lo cual nos debe servir de enseñanza, ¿qué ganamos con estar chillando a toda hora en contra de gobiernos extranjeros sólo para agradar a este mínimo personaje de opereta? ¿Será que Daniel cree que con su retahíla intransigente y fundamentalista se pueda concretar un proyecto de cambio social que, como todo cambio para alcanzarse y afianzarse pacíficamente,  trasciende la vida de cualquier ciudadano y requiere sine qua non de los consensos de toda la sociedad sin exclusiones?

Nada puede lograrse con el miedo y el atropello, sólo inconformidad permanente. Es preferible trabajar y luchar con gallardía y con denuedo por el futuro, dialogando y convenciendo,como un misionero del bienestar, para lograr el cambio que devuelva a Nicaragua su dignidad y su razón de ser como nación libre y soberana.  Nada presagia, sin embargo, que el binomio Ortega-Murillo enderezará su torcido y esotérico rumbo. Son veinte meses de retroceso. Por ahora, quiero expresar mi consternación y pedir excusas a las señoras embajadoras vilipendiadas en mala hora por la vileza de funcionarios que no nos representan como pueblo.

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