• Ago. 25, 2008, 11:03 a.m.
Una de las causas del porque nuestro país este soportando todavía a estas alturas, a políticos inescrupulosos como Daniel Ortega y a Arnoldo Alemán, es indudablemente la falta que tenemos los nicaragüenses de un liderazgo democrático fuerte, sostenido y creíble, que puedan neutralizar la influencia estas figuras nefastas en el panorama político nacional. Lo mismo pasa en el campo religioso, con el Cardenal Miguel Obando. Otra figura desfasada y desobediente que se resiste a pasar a retiro.

Ellos tres, y ahora Rosario Murillo, se sienten los cuatro pilares fundamentales en los que descansa Nicaragua. En su delirio demencial creen que nos están haciendo “el tremendo favor de gobernar”, la  nación y que se están sacrificando por nosotros. Todos juegan el vil papel de caudillos que manipula los sentimientos políticos y religiosos de un pueblo que no termina nunca de actualizarse con la modernidad democrática institucional, que vemos en los modelos europeos e incluso en los Estados Unidos, con todo y su bi-partidarismo.

Y este es como sabemos es un fenómeno extensivo a otros países de Latinoamérica, cuyos pueblos están cometiendo los mismos errores nuestros: eligiendo gente equivocada para gobernar sus naciones. Estos dictadorzuelos llegan al poder, ciertamente, con votos democráticos, pero una vez arriba, se convierten en déspotas de mano dura; negadores de las reglas del juego que los llevan a ejercer las primeras magistraturas. Que invocan la democracia cuando les conviene (sobre todo cuando les cae la mano de la justicia como a Pinochet en su tiempo y ahora a  Fujimori), pero la pisotean cuando sus pueblos les reclaman justicia y libertad.

Nuestros pensadores políticos analizan como podría darse ese liderazgo democrático que necesitamos urgentemente. De qué tipo sería. Si de una persona, o de un grupo como el de la Sociedad Civil. Un liderazgo cierto que tenga la posibilidad real de darnos ese gobierno decente que deseamos con vehemencia todos los miembros de la sociedad nicaragüenses. De acuerdo con la ley y sin violencia.

Nuestras figuras políticas potables son aceptables, pero no tienen todavía el arraigo necesario en el pueblo, para que les votaran con mayoría indiscutible. Eduardo Montealegre va ganando créditos, indudablemente, pero tiene su apellido y su fama de banquero en contra. Ahora mismo esta perfecto para alcalde. El pueblo nicaragüense es alérgico a los apellidos que considera de clase. Un error del pueblo que estimulan los sandinistas y que aprovechan plenamente don Daniel y doña Rosario para escudar, en sus apellidos “cualquieras” la inmensa fortuna que gozan. Una jugada genial de parte de ellos, y que un sector del pueblo ingenuo todavía no entiende. Y una pequeña muestra de como “juegan la tapita” la pareja presidencial.

La figura del caudillo-como sabemos-es de vieja data en Nicaragua y ha permeado toda nuestra historia nacional. Es el modelo usado por políticos corruptos para alcanzar el poder y que se presta a todo tipo de maniobras bajas y sombrías, empezando por el pactismo (el de los generales, protagonizado por Somoza García y Emiliano Chamorro; el de Somoza Debayle-Fernando Agüero y el más reciente de Daniel Ortega con Arnoldo Alemán). Seguido por la imagen machista del “huevón” que le proyectan al pueblo y con la cual manipulan abusivamente a las masas, como lo hace Daniel con la fiesta nacional del 19 de julio con la figura del “Comandante”; el “hombre que no se doblega ante el imperialismo yanky” (a imitación burda de Fidel) o como le llama Alexis Argüello, “el hombre” (igual que le decían a Somoza).

Alemán, es “el hombre del Chile. En Cuba, los cubanos idolatran al “Caballo”. En Venezuela, Chávez hace lo imposible para proyectarse como un “nuevo Simón Bolívar”; En Bolivia, Evo Morales es “el Indio” (que se opone a todo tipo de colonialismo) y cosas por el estilo. Puras tretas para mantener a los pueblos hipnotizados y que a la larga les da resultado, especialmente entre las damas, que son las que en más número asisten a celebrar a estos tipejos (caso de las celebraciones sandinistas).    

Cuando Somoza fue derrotado por el pueblo-lidereado por el FSLN-se pensó que ese vicio sería el primero a eliminarse. La familia Somoza había gobernado en base a ello por más de cuarenta odiosos años. Y siendo la revolución “fuente de derecho” (como nos decían los famosos comandantes) era lógico pensar, que a partir de ahí, se gobernaría en base a reglas puramente democráticas, respetando el orden institucional y acorde con los nuevos tiempos.  Pero el resultado fue un fiasco. Los sandinistas no tardaron en adoptar el mismo molde del tirano que derrocaron para aferrarse largamente al poder. Para ello promovieron a su propio caudillo: a Daniel Ortega, el “más carismático” entre ellos. Su líder indiscutible. Un clón de Somoza. El candidato sempiterno, que ha logrado con ese ardid “gobernar” el país por muchos años.

El PLC, por su parte, hizo exactamente lo mismo, poniendo a Arnoldo Alemán como contraparte de Ortega. Promoviendo la figura de José Santos Zelaya, a contrapeso de Sandino y poniendo la maquinaría política del PLC, versus la maquinaría monolítica del FSLN, alcanzando con ello importantes cuotas de poder y por ende, del botín del estado.  Igual que a Somoza Debayle, a Daniel Ortega le conviene esa “oposición” y le puede decir al mundo que aquí no hay tiranía; que hay “disidencia” en Nicaragua y un “equilibrio de poderes” en las instituciones del estado.  Ese es el “aporte” que le da el PLC a nuestro país y de ahí su intransigencia inconcebible de apoyar a Alemán a costa de lo que sea. Aún de la más elemental decencia.  

Y los demócratas qué? Bien, gracias. Por principio y honradez son incapaces de imitar tales cosas. Creen firmemente en las reglas del estado de derecho y se ciñen a ellas, pero sin resultados. A cada paso que da, la dictadura le pone un bloqueo “legal” haciéndole retroceder. Y día a día se alejan las posibilidades de salvar a la nación; de rescatarla al modo que sea. A un pueblo que está en completa indefensión, en manos de dos grandes organizaciones mafiosas que nos gobiernan desde arriba, desde abajo y por los lados. Y que van para largo si nadie se los impide.  

Entonces que hacer? Lideres capaces los tenemos. Estamos bien en ese aspecto. No se trata de crear un caudillo mas a la lista, pero si buscar un liderazgo mas audaz, mas amplio y lo mas cercano a los que ejercen ellos, para poder llegar a todos los estamentos de la sociedad: obreros, campesinos, empresarios, sindicatos, estudiantes, organizaciones sociales, etc. Sabemos que no nada fácil. Forjar un líder es una labor que toma, muchos, muchos años. Solo por excepción, sale alguien por ahí, de vez en cuando, rompiendo esquemas tradicionales, como el caso de Barack Obama en los Estados Unidos. Pero no es nuestro caso y no estamos para milagros. Al mismo Ortega le ha llevado más de treinta años ese liderazgo y Alemán le va a la zaga.

En mi opinión-y mientras nos llega un relevo generacional que irrumpan en la  política nacional-la única candidata viable que yo veo en todo el horizonte nacional, es Dora Maria Téllez. Su figura heroica se presta a ello. Lo mas parecido al modelo que ellos manejan (pero del lado amable, demócrata) y que tiene moral; valor e historia. Talento natural y un amor probado a sangre y fuego por Nicaragua. Una edad apropiada: no tan joven para aventurerismo y suficiente madurez y honestidad para no defraudar a sus connacionales una vez que alcanzara el poder.  Estoy más que seguro de ello.

Dora María ha demostrado poder de convocación y ser factor de aglutinamiento. Ortega le ofreció “el acero de la guerra”; es decir le teme. Tiene una posición de izquierda moderada, sensata. Conoce el mundo multipolar en que vivimos y que de llegar al poder, gobernaría estilo Lula: un poder de centro izquierda no confrontativa que lleve progreso con libertad a todos, como esta ocurriendo en Brazil. Sin alineamientos locos, ni chavistas, ni castristas. Sin Teheran y Tripoli. Una política exterior responsable: amigos de toda la comunidad internacional; pero pipes de nadie.  Como irresponsablemente lo esta haciendo Ortega, con Fidel y con Chávez; con Ahmineyad y Kadafi, poniendo en peligro la seguridad y credibilidad de Nicaragua.

A estas alturas de nuestra realidad, pienso que ella seria la persona adecuada a promover. La Sociedad Civil y demás organizaciones democráticas, debían invitarla ya oficialmente, a emprender un proyecto serio de nación, amplío; que supere lo meramente partidario. Más allá del MRS de ella y de posiciones de derecha recalcitrantes que puedan torpedear esa posible unidad. Un planteamiento tipo Unión Nacional Opositora, (pero ahora lidereado por la izquierda), que logre llevarla al poder, igual que con Violeta Chamorro en aquella coyuntura. He aquí el reto.
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