• Ago. 27, 2008, 11:41 a.m.
El estado botín, el tráfico de influencias en las concesiones estatales, y el manejo de la información confidencial con fines económicos y de enriquecimiento de un grupo de poder no son únicos o característicos de la oligarquía nacional.
 
La diferencia de pensar y actuar entre los dos sectores en que se divide el sandinismo nos presenta puntos polémicos que todavía no obtienen respuestas. Los militantes del danielismo se limitan a contestar con retóricas y fundamentos que identifican su débil formación. En el otro extremo, los críticos parten del desplazamiento y aunque son semilla para
la neutralización, indican un problema económico.
 
La táctica para debilitar a los críticos ha empezado con vacíos llamados a la unidad del sandinismo e implantar un régimen popular en la izquierda, alrededor de un protagonista, Don Daniel. Ni más ni menos lo que su imagen en el espejo a la derecha, Don Arnoldo, repite a diario a sus correligionarios. ¿Meras coincidencias? Pero, Nicaragua no avanzará con establecer una dictadura stalinista, la de la izquierda passé, ni con la tiranía del caudillo derechista arcaico, o descalificando a los opositores con leguleyadas y pactos destructores de la constitucionalidad.
 
Entre preguntas y respuestas de ida y vuelta de los “verdaderos sandinistas” y los “renovadores sandinosos”, el término usado por ciertos para referirse a sus desafectos, nos hemos encontrado con justificaciones de que el saqueo de la propiedad del pueblo en 1990 tuvo de bueno y malo; que fue necesario para gobernar desde abajo y darle al pueblo los mismos beneficios de la Revolución, poniendo en manos de los militantes ejemplares dicho patrimonio, con el compromiso de que la producción y sus
utilidades serían usadas para la continuación de la lucha por el poder político y el bienestar social de las grandes mayorías.
 
No por ideológico ni ético, tan solo racional, el clamor entre la población nacional está en poder vivir con un mejor nivel de vida y bienestar social. Allí la respuesta a la duda de si el patrimonio repartido entre danielistas y renovadores, de alguna manera ha generado la supuesta intención, cuyos resultados son enriquecimiento y adopción de una posición de clase disfrazada con populismo y discursos de promesas incumplidas. De allí la  denuncia de que la vanguardia de la derecha es el
MRS.
 
No hace falta militar para tener una posición política y expresar sin recetas lo que muchos deseáramos del gobernante:
 
l. Transparencia en la administración pública y el manejo de los bienes del pueblo a la luz del día.
 
lI. Remoción de las barreras a la participación de todos los ciudadanos en la dirección de su bienestar. Este derecho no puede ser conculcado por órganos partidarios.
 
lII. Promoción de las actividades económicas que generen empleo, nivel de vida, y oportunidades de desarrollo.
 
Vl. Abrir las instituciones y poderes del estado para limpiar la corrupción terminando con los pactos que dañan el futuro del pueblo y enriquecen a los allegados.
 
V. Fortalecer las instituciones del orden público y defensa de la soberanía nacional en vez de mediatizarlas a favor del partido y su objetivo por establecer un régimen unipartidista.
 
Vl. Promocionar la unidad de las fuerzas nacionales con hechos para remover las percepciones negativas a la integración y al apoyo del cumplimiento de las promesas que se hicieron al pueblo.
 
En fin, no es con la varita mágica que se logran implementar las acciones que dan resultados positivos, sino con un comportamiento dirigido a que dichas acciones den en el blanco del bienestar social del pueblo como meta
única a alcanzar.
 
¿No es acaso correcto pensar que podría lograrse una evolución más positiva, sin sometimiento?

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