• Ago. 29, 2008, 2:03 p.m.
Definitivamente que ya no sé si reír o llorar en mi calidad de asegurada. Si me enfermo, al menos estoy segura que puedo acudir a la clínica médica previsional, donde me atienden después de horas de espera, y sé que recibiré algún medicamento al cual tengo derecho, y que si me dan maltrato puedo quejarme con las autoridades correspondientes.

Pero ahora que el Instituto de Seguridad Social, Inss, decidió cerrar ocho previsionales, la mayoría en los departamentos, y remitir a sus afiliados a los centros asistenciales del Ministerio de Salud sí que creo que es hora de cuestionar la actuación de las autoridades.

Cerraron servicio privado

Si mal no recuerdo, hace pocos años fue una lucha del diputado Gustavo Porras, al frente del sindicato Fetsalud, cerrar el servicio privado o de atención diferenciada que los hospitales públicos tenían en las instalaciones físicas de los mismos, porque eso era discriminatorio para los pobres que no podían pagar y porque los beneficios no servían para mejorar el salario a los trabajadores de la Salud.

Esos servicios diferenciados se clausuraron y ahora el Inss pretende que los asegurados que quedaron a la deriva, sin las clínicas que los atendían, de nuevo acudan a los hospitales públicos.

Cabe preguntarse si el Inss pretende abrir de nuevo el servicio diferenciado, dada la manifiesta intención de que el porcentaje de las cotizaciones que se pagaba a las previsionales cerradas pase a beneficiar al Minsa.

Caso contrario a que ocurra esto quiere decir que veremos a los asegurados en las mismas salas de espera de consulta externa, donde por centenas se sientan a diario los pacientes que no son asegurados.

Y si el asegurado se enferma o accidenta y amerita hospitalización, deberá alojarse en las precarias habitaciones de los hospitales públicos, donde lo que menos hay es aseo, ni abanicos, mucho menos aire acondicionado y se carece de muchas medicinas, porque aunque la salud sea gratuita, aún no hay suficientes recursos en el presupuesto para ese rubro.

Esta situación sólo me recuerda cuando nació mi hijo, en 1988, porque a pesar de no ser trabajadora activa era la esposa de un asegurado, y sin embargo me tocó parir en el Hospital “Bertha Calderón”, donde no podía ni siquiera hacer uso de un lavamanos ni una mesa de noche, porque estaban atestados de cucarachas rusas y los baños eran un asco, debido al poco dinero destinado al mantenimiento de los centros asistenciales públicos, algo que continúa ocurriendo.

Que construyan hospitales

Conversando con otros colegas que al igual que yo gozamos de la protección del Seguro Social llegamos a la conclusión de que lo ideal sería que el Inss, con el mucho dinero amasado en estos años producto de nuestro sudor, construya hospitales de referencia nacional tanto en Managua como en las cabeceras departamentales.

Dichos hospitales atenderían a asegurados, beneficiarios y pensionados, y así el Inss no caería en la pena de cerrar previsionales que no satisfacen la demanda, porque de que las hay, las hay, y no discuto que las ocho clínicas rechazadas por el sistema no cumplían con los requisitos necesarios.

Algo quiero aclarar antes que algunos apreciados detractores me bombardeen por “discriminar” a los menos afortunados: No se trata de menospreciar a quienes no cotizan al seguro. Lo ideal sería que todos gozáramos de la misma calidad de servicio en salud. Pero seamos realistas, estamos en Nicaragua, y los que trabajamos y pagamos ameritamos una atención ya no óptima, pero sí diferenciada, acorde con el dinero que nos deducen de nuestro salario.

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