• Sept. 8, 2008, 10:35 a.m.
Mucha agua ha pasado por debajo los puentes del río Neva, desde que el crucero Aurora disparó el inicio de la Revolución Bolchevique de octubre en 1917. Hoy en día hemos entendido que la Federación Rusa debe ser fuerte para enfrentar los retos del nuevo milenio. El peligro más eminente fue con Yeltsin, con una nación en bancarrota y caótica y con inmensos arsenales de armas, donde la amenaza consistía en la posible venta de materiales radioactivos a elementos terroristas.

Con la ascendencia de Putín la Federación Rusa ha desarrollado nuevamente fe en su futuro y se vuelve orgullosa de su historia y su porvenir. También Rusia ha aprendido con el pasar de los años a trabajar con el Oeste en los campos petroleros y ha absorbido muchos valores occidentales.

Putín dice: “Nuestra importancia económica está creciendo y continuará creciendo. Tenemos la tercera moneda extranjera más fuerte y reservas de oro más grandes del mundo. Nos hemos convertido en el primer productor de petróleo del mundo el año pasado y así también el productor mayor de gas natural”.

Sin embargo, esta nueva Rusia, que emerge fuerte y segura de sí misma, debe ser también congruente con sus principios democráticos y éticos. ¿Podemos nosotros en nuestra pequeña-gran democracia confiar en esta súper- potencia? Pregunto, porque causa indigestión cuando el presidente de Venezuela llega de compras de armas a Moscú. La indigestión trae consigo dolores cuando los venezolanos llegan de compras.

¿Para qué necesitan una fábrica de Kalashnikovs? ¿Para qué pueden tener interés en batallones de tanques, aunque sean de generación pasada? Pienso que está bien que gasten millones en submarinos, pero los tanques solo son para montar ofensivas contra otros ejércitos como el de Georgia, y en este caso eso sería altamente desestabilizador para toda Suramérica. Empezaría una carrera armamentista en países que no pueden y no deben malograr sus recursos nacionales en armamentos innecesarios.

La República de Georgia nunca fue miembro del Pacto de Varsovia, sino una pequeña parte del Imperio Ruso del siglo XIX. El problema de Georgia es que Rusia la sigue viendo como parte de su esfera natural. La nueva Rusia es nacionalista y determinada en proteger los intereses rusos y ahora está reafirmando estas posiciones tradicionales. Se están reafirmando y posicionando, invadiendo a Georgia durante las Olimpiadas cuando el mundo tiene su mirada en Pekín.

Sin embargo, para este lado del mundo, los líderes de la nueva Federación Rusa deben ser nuestros amigos. Los amigos de Costa Rica, Nicaragua,  y de toda Centroamérica. Venderle armas al líder venezolano es criminal, por el despilfarro de recursos como también por la indefensión a que nos someten. Para que el pueblo ruso sea de verdad nuestro amigo debería demostrarlo con restricciones de armas que se utilizarían en guerras fratricidas entre los pueblos.

Aguacal1@yahoo.com

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