• Sept. 8, 2008, 10:51 a.m.
La presencia de las personas de tercera edad en las rotondas es triste, sumamente triste,  y comentarlo no vale ni la tinta para hacerlo, si no fuera porque debe señalarse como perverso el grado de manipulación de que es capaz la pareja demencial que ejerce el poder hoy día. 

No les bastan las turbas agresoras y el escatológico canal 4, sino que han recurrido al extremo de valerse  de la necesidad y la senectud para impresionar ¡cierto!, si dan lástima.  Este  ontaje es una acción gubernamental insidiosa y manoseada, que es lo más acabado que puede salir de ellos, al no respetar y tratar dignamente a estos ancianos que pujan por la magra comida que les asignan.  

¿Por qué no frenan el despilfarro que hace la burocracia partidaria con los impuestos que pagamos y los platos rotos de una pésima administración pública que soportamos?

Debería el compañero y la compañera pueblo presidente limpiarse el alma y el corazón antes de vociferar sandeces y estridencias, no sin antes fumigar las instalaciones del canal impúdico.  

Decía Confucio que sólo las personas con altas cualidades deberían aspirar a ser los gobernantes y Roberto Terán B. dejó como legado esta sentencia: "Gobernantes, tengan  compasión del pueblo".

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