• Sept. 25, 2007, 4:08 p.m.
Como muchos nicaragüenses dentro y fuera del país tenía la esperanza absurda, que por primera vez en la historia el presidente Daniel Ortega hablara por los miles de pobres de mi país, que solicitara ayuda para las víctimas del huracán “Félix”, que hasta la fecha buscan entre los restos de los árboles alimentos para llevar a sus hijos, pues la ayuda, pese a todo lo que se dice, no ha llegado a sus comunidades.

Esperaba también que el señor Ortega recordara a los miles de inmigrantes de Nicaragua en Estados Unidos, que engrosan las estadísticas económicas con sus remesas, y que anhelan una amnistía para que sus hijos e hijas puedan optar a becas, para poder volver al terruño por motivos sentimentales como dejar flores en la tumba de un padre o una madre fallecida, a cuyo velorio y entierro no pudieron llegar por falta de legalidad.

Anhelaba que el presidente Ortega por una vez en su vida dejara de lado el rayado discurso “contra el imperialismo” y recordara al mundo que Nicaragua no es un país en guerra, que somos un sitio ideal para el turismo, que hay mucha mano de obra calificada cesante y con deseos de superación, en fin que necesitamos inversión responsable para salir del mal llamado subdesarrollo.

Deseaba que el señor Ortega manifestará su compromiso para hacer de este país un mejor sitio para vivir, un sitio en el que todos podamos aspirar a la igualdad, justicia y libertad que merecemos, donde podamos invertir esfuerzos sin el temor de que mañana a los políticos se les ocurra cambiar las reglas del juego.

Pero no, el señor Ortega se olvidó de los nicaragüenses y en ese podio desde donde pudo conseguir tantos beneficios, pues tenía a todo el mundo bajo expectativa, se dedicó a hacer gala de su mal llamado antiimperialismo, le preguntó señor Ortega: ¿Qué más antiimperialismo pudo demostrar hablando de sus hermanos costeños o de los ciudadanos que valientemente dejan el terruño para buscar una mejor vida, qué más antiimperialismo que decirle al mundo me importan los míos, los nicaragüenses?, señor Ortega es hora de olvidarse de los pobres del mundo y recordar a los pobres de Nicaragua.

Usted tiene una deuda con este país, que es SU PAIS, o será señor Ortega que ya fue nacionalizado CUBANO, IRANI, VENEZOLANO y no nos hemos enterado y por eso se olvidó de los NICARAGUENSES.
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