Serán
confiables las cartas abiertas pro-gubernamentales de intelectuales? Para mí lo
son tan poco como los políticos argentinos en general y bastante menos que si
fueran manifiestos de intelectuales opositores, pues éstos no suelen comer de la mano de aquel a quien atacan.
Los
intelectuales de ciencias sociales y filosofía, principalmente, venden a
gobernantes y gobernados servicios de mediación e interpretación de las relaciones sociales, especialmente las conflictivas, que pretenden únicos y
hegemónicos y que dicen representar al pueblo cuando nadie les pidió ni
concedió tal representación.
Igual que
en los órdenes o sectores religioso, militar y civil, sus concepciones de
sociedad, nación y mundo son polares y se reflejan en prácticas visibles e invisibles respecto de buenos y malos y de nosotros y los otros, tanto afuera
como adentro de su sector. Sus condiciones de existencia explican el uso de la
mentira y la verdad en función de aquéllas y sus necesidades, cual eximios
aprendientes de Maquiavelo, de modo de privilegiar en cada momento el valor de
cambio de sus ideas antes que el valor de uso.
Si bien
representan principios, concepciones e ideologías, no es eso lo único ni lo
principal. De hecho, se representan a sí mismos al no depender de delegaciones
institucionales ni legales de funciones, misiones ni mandatos sino de su
capacidad individual de transacción. Ésta depende de condicionamientos globales
y particulares situados; así, habrá buenos momentos para los intelectuales en
cierta época, o serán decididamente malos o bien lo serán parcialmente en uno u
otro sentido. De ahí que hayan aprendido a desenvolverse en los espacios
públicos y privados con la habilidad de un felino para saltar sobre la presa
que lo alimentará, con la de una anguila para el zigzagueo y la de un camaleón
para el disfraz y el escamoteo de aquello que no les conviene.
Se venden
y son comprados para "vestir" gestiones oficiales, pero su principal
interés es su autopromoción mercantil en mejores condiciones. No es esto lo
criticable sino el recubrirse con una retórica hipócrita que alude a
compromiso, pueblo, colectivos, sacrificio, solidaridad, transformación,
misiones, etcétera, y con el corazón a la izquierda y el estómago a la derecha.
La
chequera del poder mata al intelectual y desmiente el mito davidiano y el
mentado rol ético de su "misión", etcétera, etcétera. Uno compra
porque otro vende, como el resto de los mortales; por tanto, entre ellos
también abundan los genuflexos del poder. A su manipulación, cooptación,
estimulación, incentivación, promoción y proyección desde el poder ellos
responden adaptativamente con su autocensura, autolimitación, eclecticismo,
labilidad moral, confusión deliberada, etcétera. De ahí al sectarismo, el
fanatismo, el relativismo moral y la complicidad sólo resta un corto paso.
Esos
comportamientos recíprocos configuran las tareas y mutuas expectativas de la
militancia "orgánica". De modo que al jefe le deben lealtad pasiva de
mínima y lealtad activa de máxima si quieren conservar las posiciones
conquistadas en el apasionante juego del "apoyo intelectual". De ahí
que no sean confiables.
Los
premios y halagos son masajes a su ego, a su fatuidad y su vanidad: ser
funcionarios, asesores, ser invitados a la corte, almorzar o cenar con el César
de cuando en cuando, ser recordados, que les pidan los teléfonos, que se saquen
fotos sonriendo... es muy estimulante. ¡Pero lo máximo de todo es que les
propongan integrar una lista para legisladores o senadores! ¡O ser designados
en el servicio exterior!
Si
ingresar en la corte es excitante, ser cortesano es el éxtasis. Serlo para
siempre, en planta permanente, es el premio mayor de la lotería de la vida,
pero colocar a los hijos, la esposa, el hermano, el cuñado, la amante o el
yerno es nacer con estrella. Más aún si es en la capital federal, pues allí los
beneficios son mayores. Séase de izquierdas o de derechas da igual.
La
frecuentación de la corte y de los jefes conecta con otros espacios muy
gratificantes para la vanidad, el bolsillo y el bienestar. Es delicioso hacer
un ligero inventario al respecto.
La
continua exposición de nombre, rostro y figura es publicidad gratuita que
potencia el valor de cambio de su presencia y beneficia la divulgación de sus obras
y su publicación por cuenta y cargo de organismos públicos nacionales (y si no
es un libro será una compilación). Un clásico es la publicación de libros o
folletos de uso obligatorio en cursos de ingreso universitarios.
Otra
posibilidad es la obtención de cargos universitarios por concurso o
contratación o de asesorías temáticas en editoriales. Manteniendo fuerte
solidaridad corporativa podrán direccionar la línea editorial admitiendo a unos
intelectuales y excluyendo a otros... favor que hoy se hace a otros, mañana
vuelve a favor de uno. También las becas de organismos públicos y privados
nacionales e internacionales para viajar a congresos o para estudios o
investigaciones especializados en el exterior que pueden durar varios años.
Un
aliciente económico importante es integrar los círculos de comentaristas de
televisión o de directores o columnistas de diarios y revistas de gran difusión
y resonancia.
Organismos
gubernamentales, universidades e institutos estatales y privados nacionales e
internacionales producen eventos culturales de mercado como congresos,
jornadas, encuentros, conferencias, etcétera, etcétera, sitios de venta de
servicios, libros y publicidad que también son oportunidades de turismo
cultural con pasajes y viáticos oficiales o privados y, eventualmente,
invistiendo representaciones oficiales... con viáticos ¡y honorarios!
Éstos son
espacios de exposición, identificación, prestigio, reputación, conexiones y
posibilidades de vender la propia producción intelectual en formatos diversos,
a la vez que "venderse" el propio intelectual como persona.
En otro
plano están los negocios de la corporación académica; por ejemplo, ventas
abultadas de libros de ciertas editoriales por el Estado para su distribución
gratuita por el sistema educativo de todos los niveles y el bibliotecario de
jurisdicción nacional o provincial percibiendo suculentos derechos autorales o
que ciertas ediciones sean realizadas por talleres gráficos oficiales para
beneficiar selectivamente a ciertos autores.
Luego
están las consultorías, las fundaciones, las ongs (que las hay de izquierda y
de derecha, todas buscando capturar principalmente dineros públicos), las
asesorías y los proyectos de capacitación de maestros y profesores vendidos a
los ministerios de Educación de la nación y de las provincias, todo lo cual se
presta muy fácilmente a ciertas deshonestidades que no se compadecen con la
fama que precede a ciertos intelectuales, aunque sí con la de ciertos
funcionarios intervinientes.
También
están las becas de investigación, con las que se pagan varias veces las mismas
"investigaciones" en distintas jurisdicciones sin que los mecenas,
públicos o privados, se den por enterados.
Ser
"intelectual", pues, no es ningún lugar despreciable. Las utilidades
son considerables en estas reales oportunidades de negocios: dinero, viajes,
relaciones, jubilación abultada, reciclamiento en el funcionariado, ascenso
social, una buena herencia para los hijos.
Así las
cosas, si el poder les quita algo y no se los devuelve, igual valdrá la pena
-se justificarán- pues saben que la alternativa de hierro permanente del sector
es adaptación y sobrevida o independencia y muerte.
Especial
para "Río Negro"
(*)
Profesor de Historia
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