• Sept. 12, 2008, 10:50 a.m.

Serán confiables las cartas abiertas pro-gubernamentales de intelectuales? Para mí lo son tan poco como los políticos argentinos en general y  bastante menos que si fueran manifiestos de intelectuales opositores, pues éstos no suelen comer de la mano de aquel a quien atacan.

Los intelectuales de ciencias sociales y filosofía, principalmente, venden a gobernantes y gobernados servicios de mediación e interpretación de las relaciones sociales, especialmente las conflictivas, que pretenden únicos y hegemónicos y que dicen representar al pueblo cuando nadie les pidió ni concedió tal representación.

Igual que en los órdenes o sectores religioso, militar y civil, sus concepciones de sociedad, nación y mundo son polares y se reflejan en prácticas visibles e invisibles respecto de buenos y malos y de nosotros y los otros, tanto afuera como adentro de su sector. Sus condiciones de existencia explican el uso de la mentira y la verdad en función de aquéllas y sus necesidades, cual eximios aprendientes de Maquiavelo, de modo de privilegiar en cada momento el valor de cambio de sus ideas antes que el valor de uso.

Si bien representan principios, concepciones e ideologías, no es eso lo único ni lo principal. De hecho, se representan a sí mismos al no depender de delegaciones institucionales ni legales de funciones, misiones ni mandatos sino de su capacidad individual de transacción. Ésta depende de condicionamientos globales y particulares situados; así, habrá buenos momentos para los intelectuales en cierta época, o serán decididamente malos o bien lo serán parcialmente en uno u otro sentido. De ahí que hayan aprendido a desenvolverse en los espacios públicos y privados con la habilidad de un felino para saltar sobre la presa que lo alimentará, con la de una anguila para el zigzagueo y la de un camaleón para el disfraz y el escamoteo de aquello que no les conviene.

Se venden y son comprados para "vestir" gestiones oficiales, pero su principal interés es su autopromoción mercantil en mejores condiciones. No es esto lo criticable sino el recubrirse con una retórica hipócrita que alude a compromiso, pueblo, colectivos, sacrificio, solidaridad, transformación, misiones, etcétera, y con el corazón a la izquierda y el estómago a la derecha.

La chequera del poder mata al intelectual y desmiente el mito davidiano y el mentado rol ético de su "misión", etcétera, etcétera. Uno compra porque otro vende, como el resto de los mortales; por tanto, entre ellos también abundan los genuflexos del poder. A su manipulación, cooptación, estimulación, incentivación, promoción y proyección desde el poder ellos responden adaptativamente con su autocensura, autolimitación, eclecticismo, labilidad moral, confusión deliberada, etcétera. De ahí al sectarismo, el fanatismo, el relativismo moral y la complicidad sólo resta un corto paso.

Esos comportamientos recíprocos configuran las tareas y mutuas expectativas de la militancia "orgánica". De modo que al jefe le deben lealtad pasiva de mínima y lealtad activa de máxima si quieren conservar las posiciones conquistadas en el apasionante juego del "apoyo intelectual". De ahí que no sean confiables.

Los premios y halagos son masajes a su ego, a su fatuidad y su vanidad: ser funcionarios, asesores, ser invitados a la corte, almorzar o cenar con el César de cuando en cuando, ser recordados, que les pidan los teléfonos, que se saquen fotos sonriendo... es muy estimulante. ¡Pero lo máximo de todo es que les propongan integrar una lista para legisladores o senadores! ¡O ser designados en el servicio exterior!

Si ingresar en la corte es excitante, ser cortesano es el éxtasis. Serlo para siempre, en planta permanente, es el premio mayor de la lotería de la vida, pero colocar a los hijos, la esposa, el hermano, el cuñado, la amante o el yerno es nacer con estrella. Más aún si es en la capital federal, pues allí los beneficios son mayores. Séase de izquierdas o de derechas da igual.

La frecuentación de la corte y de los jefes conecta con otros espacios muy gratificantes para la vanidad, el bolsillo y el bienestar. Es delicioso hacer un ligero inventario al respecto.

La continua exposición de nombre, rostro y figura es publicidad gratuita que potencia el valor de cambio de su presencia y beneficia la divulgación de sus obras y su publicación por cuenta y cargo de organismos públicos nacionales (y si no es un libro será una compilación). Un clásico es la publicación de libros o folletos de uso obligatorio en cursos de ingreso universitarios.

Otra posibilidad es la obtención de cargos universitarios por concurso o contratación o de asesorías temáticas en editoriales. Manteniendo fuerte solidaridad corporativa podrán direccionar la línea editorial admitiendo a unos intelectuales y excluyendo a otros... favor que hoy se hace a otros, mañana vuelve a favor de uno. También las becas de organismos públicos y privados nacionales e internacionales para viajar a congresos o para estudios o investigaciones especializados en el exterior que pueden durar varios años.

Un aliciente económico importante es integrar los círculos de comentaristas de televisión o de directores o columnistas de diarios y revistas de gran difusión y resonancia.

Organismos gubernamentales, universidades e institutos estatales y privados nacionales e internacionales producen eventos culturales de mercado como congresos, jornadas, encuentros, conferencias, etcétera, etcétera, sitios de venta de servicios, libros y publicidad que también son oportunidades de turismo cultural con pasajes y viáticos oficiales o privados y, eventualmente, invistiendo representaciones oficiales... con viáticos ¡y honorarios!

Éstos son espacios de exposición, identificación, prestigio, reputación, conexiones y posibilidades de vender la propia producción intelectual en formatos diversos, a la vez que "venderse" el propio intelectual como persona.

En otro plano están los negocios de la corporación académica; por ejemplo, ventas abultadas de libros de ciertas editoriales por el Estado para su distribución gratuita por el sistema educativo de todos los niveles y el bibliotecario de jurisdicción nacional o provincial percibiendo suculentos derechos autorales o que ciertas ediciones sean realizadas por talleres gráficos oficiales para beneficiar selectivamente a ciertos autores.

Luego están las consultorías, las fundaciones, las ongs (que las hay de izquierda y de derecha, todas buscando capturar principalmente dineros públicos), las asesorías y los proyectos de capacitación de maestros y profesores vendidos a los ministerios de Educación de la nación y de las provincias, todo lo cual se presta muy fácilmente a ciertas deshonestidades que no se compadecen con la fama que precede a ciertos intelectuales, aunque sí con la de ciertos funcionarios intervinientes.

También están las becas de investigación, con las que se pagan varias veces las mismas "investigaciones" en distintas jurisdicciones sin que los mecenas, públicos o privados, se den por enterados.

Ser "intelectual", pues, no es ningún lugar despreciable. Las utilidades son considerables en estas reales oportunidades de negocios: dinero, viajes, relaciones, jubilación abultada, reciclamiento en el funcionariado, ascenso social, una buena herencia para los hijos.

Así las cosas, si el poder les quita algo y no se los devuelve, igual valdrá la pena -se justificarán- pues saben que la alternativa de hierro permanente del sector es adaptación y sobrevida o independencia y muerte.

Especial para "Río Negro"

(*) Profesor de Historia

 

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