• Sept. 13, 2008, 11:28 a.m.
¿Tiene el artículo periodístico lo que algunos llaman “rango” de literatura? Tratar de responder a esa pregunta implica involucrarse en una vieja e interminable discusión, en medio de la cual, alternativamente, se le despoja y se le concede al periodismo el beneficio de cumplir los requisitos mínimos para al menos situarlo en una posición privilegiadamente cercana a la literatura.

Durante una cátedra abierta de la Facultad de Humanidades y Comunicación en la Universidad Centroamericana, UCA, de Managua, escuché a un escritor citar a Alejo Carpentier, en el afán de encontrar argumentos conciliatorios para dilucidar semejante dicotomía. Según Carpentier, el periodista y el escritor se integran en una sola personalidad; el escritor “trabaja en caliente”, rastrea el día a día “sobre lo vivo”. En tanto, el novelista, “trabaja retrospectivamente, contemplando, analizando el acontecimiento cuando su trayectoria ha llegado a su término”.

Sentado entre periodistas y estudiantes de periodismo, aquellas palabras de Carpentier hicieron que me revolviera inquieto en mi puesto. Pensé que su argumento no terminaba de zanjar el asunto y más bien continuaba subrayando ciertas aparentes diferencias. Se me ocurrió entonces que, quizás, la tan anhelada conciliación genérica estaba precisamente en saber apreciar la calidad con que se ejercen ciertos géneros periodísticos como la crónica, el reportaje y el artículo de opinión, que como toda literatura apelan al principio del placer que nos procuran el don de síntesis, la eficacia descriptiva, la pasión y la ironía.

¿Es entonces el artículo periodístico un ensayo literario? Periodistas y estudiantes de periodismo saben bien que la crónica y el reportaje son considerados géneros periodísticos híbridos, es decir, fronterizos entre la información y la opinión. Lo mismo el artículo, que pese a ser parte de los géneros de opinión es también híbrido. Todos ellos de alguna manera nos remontan a lo literario: por un lado, el carácter interpretativo de los dos primeros nos remite al mundo del relato. Por otro, el artículo de opinión frecuentemente nos hace dudar si estamos ante una modalidad de “periodismo mayor” o “literatura menor”.

Dado que los tres géneros mencionados son híbridos, muchas veces me he preguntado qué ventajas podría obtener aquí un periodista al ofrecer al lector una visión de las cosas simultáneamente subjetiva y metódica; personal y objetiva; documentada en el registro de los hechos y sustentada en la información verídica; pero que además lo anime con inquisiciones, disquisiciones, reflexiones y muchas preguntas.

Desde la época de don Enrique Guzmán Selva hasta hoy día, el periodismo nicaragüense ha respondido satisfactoriamente a esta pregunta. Me refiero a textos que reflejan los mismos hechos sociales, políticos, económicos y culturales que cotidianamente aborda el periodismo, pero desde otra dimensión genérica, desde un punto de vista de narrador literario cuya perspectiva puede ampliarse, abrirse o estrecharse de acuerdo a las circunstancias o al objeto de comentarios, aunque siempre condicionada (valga la redundancia) a esa perspectiva individual de narrador-protagonista.

Se trata de una dimensión genérica que hasta hace algunos años había dejado de ser  frecuentada por nuestra prensa escrita; una forma amena de acercamiento a la realidad desde una perspectiva personal: viñetas y especulaciones sobre hechos y personajes que no siempre son objeto de este tipo de enfoque por la prensa cotidiana. Un tipo de periodismo que contribuya a resituar la importancia del “factor humano” de la escritura y su incidencia en los procesos históricos, a veces mucho más influidos por la proyección de las individualidades que por las grandes motivaciones políticas, que son supuestamente las que siempre han moldeado la realidad.

Independientemente del tema que aborde, el periodismo creativo intenta entender la sustancia medular de todos sus elementos. Trata de comprenderla y al mismo tiempo explicar al lector el proceso de su razonamiento, de su acercamiento a ella. Así, el lector acompaña al articulista en atisbar, deducir la fórmula íntima de las cosas que rodean al tema abordado. Y en ese afán de comprender y saber, el periodista de opinión es casi como el novelista que, al desarrollar su trama y moldear sus personajes, explora también los extremos del ser e intenta desentrañar el secreto del mundo.

Evidentemente, el periodismo latinoamericano, y en especial el nicaragüense, tienen en este aspecto una extraordinaria nutriente en el periodismo modernista de finales del siglo XIX, desarrollado como pocos por Rubén Darío. Pero desde la influencia, a mediados del siglo XX, del llamado Nuevo Periodismo Norteamericano, el periodismo latinoamericano le dio un nuevo impulso a la hibridez genérica en el ejercicio del oficio, agregándole a la crónica, al reportaje, al artículo de opinión o a la mezcla de todos ellos, diversas y novedosas técnicas que implican, por ejemplo, una fuerte y a veces agresiva intromisión del Yo; o el culto por apoyarse en pequeñas historias para acercarse a los grandes temas; o la documentación narrativa de hechos que sustentan o ejemplifican los temas o problemas sujetos de opinión o interpretación; o la búsqueda de personajes o figuras arquetípicas como puntos de partida para un buen texto de opinión.

Sin embargo, es un hecho innegable que el periodismo investigativo al estilo Watergate, como un fenómeno inmediatamente posterior, en Estados Unidos, al llamado Nuevo Periodismo, ha ejercido una influencia en el periodismo latinoamericano de las últimas décadas. Pero esa influencia obedece no sólo a su relativa novedad, sino también a las circunstancias político-sociales en que nuestras sociedades se han visto inmersas en los últimos tiempos. El atraso social y la casi permanente inestabilidad política de nuestros países no han permitido el surgimiento o la suficiente presencia de un tipo de periodismo de reflexión capaz de distanciarse de la inmediatez circunstancial y abordar, a partir de lo nacional, los grandes temas que preocupan a la región y al mundo.

Hasta hace poco, algunos periodistas se preguntaban, por ejemplo, por qué algunos editores o directores de medios escritos prestaban tan poca atención a la crónica-reportaje o al artículo creativo-reflexivo como una virtuosa mezcla de géneros periodísticos. La respuesta de algunos colegas experimentados fue contundente: nuestra sociedad está acostumbrada al escándalo, al impacto inmediato de una noticia, y los medios no pueden olvidar que son empresas, y si no venden se ahogan.

El caso es que los periódicos --como ha dicho Umberto Eco--, en el afán de competir con el vértigo impactante de imágenes visuales de la TV, y convencidos de que eso es lo que prefieren las mayorías, olvidan que tal vez los lectores, seguramente en algún momento de su cotidianidad, se sienten abrumados por tanta imagen sin reflexión y buscan “otra cosa” en los periódicos: profundización de la noticia, investigación, análisis serio y sereno. En otras palabras: saber más y mejor.

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