• Oct. 2, 2007, 12:48 p.m.
Del 27 al 30 de Septiembre se celebra en Goteborg, Suecia la feria de libros más importante del país y una de las más prestigiosas de Europa. Asistí este año porque mi novela “El Pergamino de la Seducción”, traducida al sueco, fue publicada por la editorial Nordstet y fue allí, en esta feria, donde se hizo su lanzamiento. Entre los muchos escritores y personalidades invitadas se encontraba el periodista israelita Amos Oz.

Amos Oz es conocido por su posición valiente y crítica en relación a la política oficial israelí. Hace unos años escribió un libro que se llama “Cómo curar a un fanático”. Es un libro corto, cuyo impacto sin embargo ha contribuido a generar en Suecia una iniciativa muy simpática. Amos plantea que el fanatismo es como un incendio. Frente a este incendio, dice, uno tiene varias alternativas: correrse, quejarse o hacer algo para apagarlo. Se puede apagar con agua de una manguera o de un balde, pero, a falta de cualquiera de esos instrumentos, queda el recurso de la cucharadita. Si suficiente cantidad de gente en el mundo tira aunque sea una cucharadita de agua al fuego, el fuego terminará apagándose.

Una revista sueca llamada Win organizó a partir de esta idea una fundación para promover y estimular acciones e ideas que contribuyan a promover la tolerancia y se opongan a todo tipo de fanatismo en el mundo. Esta fundación ha creado la Orden de la Cucharadita. Todos los que contribuyen con la fundación y apoyan esta idea reciben una cucharita y la llevan en las solapas o camisas como símbolo de su compromiso de trabajar por la tolerancia.

La idea ha sido muy exitosa. El gobierno sueco hizo un tiraje de más de 150,000 libros del título “Como curar a un fanático” del periodista Oz, para repartir gratis entre los jóvenes de las escuelas medias del país.

Según Oz para promover la tolerancia se requieren varias cosas: sentido del humor para no perder los estribos ante la gente que no piensa como uno; darnos cuenta cuán fanáticos podemos ser todos ; empatía, para tener la capacidad de ponernos en los zapatos de otro y amor por la literatura porque al leer e identificarnos con los personajes de las novelas y cuentos, hacemos el ejercicio de salirnos de nosotros mismos para entender las motivaciones y circunstancias de seres humanos que viven conflictos y emociones diversas.

Albert Einstein decía que, para que exista el desarrollo debe primero existir un espíritu de tolerancia en toda la población. Y debemos entender esto como tolerancia al libre juego de ideas, a los derechos de unos y otros de coexistir en un ambiente de libertad y respeto mutuo. Cuando termina el diálogo, cuando las ideas se imponen por la fuerza de las armas o del poder absoluto, la tolerancia se extingue y empieza el incendio de la guerra, de la represión. Empieza la tristeza y el miedo se apodera de los pueblos.

El Obispo Desmond Tutu, que se encontraba invitado a la Feria y que, como presidente de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación en Sudáfrica, ha contribuido a llevar a cabo en ese país uno de los procesos más ejemplares de tolerancia y perdón que se haya producido en el mundo, recibió por supuesto la Orden de la Cucharadita.

Mi última imagen de Goteborg es el rostro de la amable joven que me llevó al aeropuerto y la cucharita prendida en su solapa.

No estaría mal establecer una Orden de la Cucharadita en Nicaragua. Por lo pronto, los lectores de mi blog en El Nuevo Diario podrían proponer los criterios para otorgarla.

Quien quiera saber más de esta iniciativa puede buscarla en la red:
www.theorderoftheteaspoon.com

Octubre 1, 2007
Alemania, camino de un recital en Koblenz.
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