• Sept. 19, 2008, 4:37 p.m.
Ser de izquierda, ser de derecha, estar de un lado o del otro de la realidad o que esas visiones de vida sean irreconciliables.  Tal vez la existencia de un gobierno que subió al poder con los votos populares e impuso el más férreo neoliberalismo haya sido el punto de partida para trastocar este campo en la política en Argentina. O tal vez el contexto
mundial haya alivianado la dicotomía y las fuerzas centrífugas del poder hayan dejado todo en 5 grados a derecha e izquierda del centro.  Lo cierto es que el pasaje de un lado al otro se limita a un par de pasos, y ese estadío parece tentador para más de un legislador.

 En los abastares de la labor legislativo post lock out patronal del campo y "voto no positivo" de Cobos, el Congreso Nacional parece recomponerse y tomar nuevas formas, alianzas y redefiniciones políticas no del todo claras. Al antiguo estigma con el que carga el peronismo con respecto a los distintos sectores de ideología, comienzan a vislumbrarse, en el seno de los otros partidos, modificaciones con respecto a la unidad de los bloques y las alianzas tanto a favor como en contra de las leyes o la administración nacional.

Por un lado aparece lo que puede definirse como "la nueva oposición" legislativa que viene con un combo de peronistas disidentes, integrantes de la Coalición Cívica, radicales, bloque Si, CTA Proyecto Sur, Pro, Recrear, etc.  Esta suerte de interbloque virtual ha tenido fundamental importancia en la derogación de la resolución 125 y se alistó en los tratamientos de la reestatización de Aerolíneas y el tratamiento de la movilidad jubilatoria.  

Como en todos los niveles de la vida, los problemas comienzan cuando las cosas se confunden y se le da lugar a una oposición personalista en lugar de una constructiva.  Y más allá de los altos postulados de la democracia, no es bien recibido por los ciudadanos que votaron a esta oposición, observar a sus representantes estrechando lazos con integrantes de expresiones muy
distintas a las suyas y quienes fueron blanco de las más alborotadas críticas durante la campaña electoral.

Es difícil entender, de esa manera, que algunos de los contraproyectos presentados, como en el caso de Aerolíneas, hayan tenido fallas graves de organicidad.  Pedir la quiebra de la empresa de aeronavegación de bandera para poner en marcha una nueva, implicaba 5 años de preparación.  Dejar sin aviones a las ciudades que no gozan de otros servicios por ese tiempo sería catastrófico para las comunicaciones del país; o en el mejor de los casos, era darle paso a una compañía privada que supliera a esta, pero con un importante subsidio del Estado, porque estos destinos no le darían ganancias. De cualquier manera, era pérdida para la Argentina.

Otra función interesante de la labor legislativa tiene que ver con el proyecto de movilidad jubilatoria.  Más allá que cuente con media sanción en diputados casi por dos tercios de la Cámara e incluyendo las contribuciones de legisladores especializados en el tema, algunas de las objeciones versaron sobre reivindicaciones que las propias administraciones partidarias hicieron caso omiso cuando se hicieron cargo del Ejecutivo y que realmente no apoyarían.  Para dar una visión más acabada de estas acciones cabe citar a  Mauricio Macri que reclama un aumento a los jubilados dentro de la ley de movilidad jubilatoria para llegar al ansiado 82 por ciento móvil.

Mientras su Gobierno Porteño recorta las becas para la educación secundaria a casi la mitad y le entrega 4000 millonesde pesos a las empresas recolectoras de basura donde no está confirmado todavía si él o el grupo de su padre tiene acciones.  Las incoherencias acompañan la labor legislativa.

De Junio a esta parte, las Cámaras Legislativas vienen gozando de mucha prensa.  Eso ha hecho que muchos ciudadanos tengan el ojo puesto en lo que ocurre con las leyes consideradas vitales para el país.  Pero la labor de legislar va más allá de estar a favor o en contra de un gobierno de turno, sino que se debe representar al pueblo que con su voto les otorgó el
mandato.  

La confusión de creer que mandato habla de mandar, en lugar ser mandado por sus votantes.  Esto hoy en Argentina está un poco trastocado, la representación indirecta es una quimera en la que sobrevuelan los intereses partidarios y personalistas.  
 

El rol de la oposición está claramente contra el gobierno de turno en lugar de buscar una alternativa según el proyecto o respetar la plataforma partidaria.  En lugar de ser complementarios y sumar para mejorar la vida de los argentinos, se busca ser suplementarios y llevar adelante las proyectos opuestos. Sería bueno que se comenzara a legislar a favor de los argentinos y no en contra de un partido político.


El autor es  licenciado en Periodismo
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