• Sept. 19, 2008, 4:36 p.m.

Las crudas expresiones del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal en contra del gobierno de Daniel Ortega, en Paraguay, a donde fuera por invitación especial de Fernando Lugo, para su toma de posesión presidencial, han causado gran irritación dentro de las filas danielistas y me imagino, también, alguna sorpresa, en el sector democrático, por haber sido dichas de un modo tan directo. Aparentemente impropias de él; un hombre generalmente pausado y ecuánime.

Y no es por falta de verdad. Por que es más que evidente que los nicaragüenses vivimos ahorita en una administración sandinista turbia; que no le rinde cuentas claras al pueblo. De ningun tipo. Sus actos insensatos le agotarían la paciencia al mismo Job, a Mahatma Ghandi y a la Madre Teresa de Calcuta, juntos. Ya cansan los llamados que inútilmente se le hacen a Ortega para que recupere la sensatez y rectifique el rumbo equivocado de su gobierno y entienda que nadie le quiere derrocar. Que se entere que el pueblo no solo necesita de obras de progreso (que efectivamente se están dando y que se le reconocen), pero que deben ir acompanados del resto de libertades que todo pueblo necesita; como el derecho a disentir sin que nadie sea reprimido, y a escoger las autoridades que el pueblo piense más le convienen, sin el temor que se los descalifiquen.

Fue claro, que la intención del poeta era llamar la atención internacional de ese evento para denunciar ante el mundo la dictadura que se esta gestando en Nicaragua, ya casi descaradamente. En tandem con Venezuela. A esto es lo que esta orillando Ortega a los nicaragüenses, ante su falta de voluntad política intransitable. Hoy lo ha hecho el Padre Cardenal, otro día, en cualquier otro país, lo hará otro y otro. Ya sea un nacional o un extranjero que ame a Nicaragua. Y el no podrá evitarlo.

Les sale más barato, a Ortega y a la Murillo, ponerse a dialogar con su pueblo y buscar los cauces civilizados de entendimiento, ahora que hay tiempo. Para que el orden de las cosas se re-establezcan, a como deben de ser. “Solo los ríos no vuelven hacia atrás” Las personas, si pueden. Y además, es de sabios rectificar.

Al padre Cardenal le pasó lo que nos esta pasando a la mayoría de nosotros: ya “esta empachado” de esta situación de nuestro país, con Ortega. El, como muchos otros de su generación, se involucraron de lleno en la lucha de liberación, para que el pueblo recuperara su libertad y su felicidad, conculcadas por la dinastía. Al igual que cualquier revolucionario, el poeta también arriesgó su vida. El fue contado“entre los malhechores” y los “curas comunistas” que estuvieron en la mira de la guardia pretoriana  de Somoza. Y en cualquier momento le hubieran podido largar un tiro. Así de fácil. El peligro de perder la vida en la dictadura era igual para todos: tanto al que portó un fúsil, como al que repartió “moscas” a medianoche.

Cardenal perteneció a esa generación “que no tuvo más alternativa que la lucha” (ya física, ya intelectual), como lo dijo dramáticamente el también poeta, Leonel Rugama. Además sufrió el dolor de tener familiares caídos. Los jóvenes de hoy en día (en especial los vulgarcitos que le tiraron agua sucia a Dora Maria Téllez y los que van muy alegres a las plazas) no tienen ni la menor idea de lo que significaron cuarenta años estresantes de represión somocista. Sobre todo para los que anduvieron involucrados, conspirando. De estar vigilados día y noche por un montón de “orejas” y agentes ad-honorem: En los barrios, en el instituto, en el trabajo, en la universidad y hasta en los taxis, cuyos choferes, eran en su gran mayorías, soplones de la guardia. Que si te oían decir algo contra el régimen, te llevan allí mismo a entregarte a las cárceles del hormiguero.

Ni en lo más fértil de su imaginación, sabrán estos muchachos lo que fue “compartir el mismo techo” con Anastasio Somoza y su camarilla. Y de ahí la frustración del padre Cardenal y de cualquiera de los que vivimos (con menos edad) esos tiempos terribles. Para que ahora vengan unos usufructuarios de esa lucha “a salirnos con la baba” que quieren repetir la misma película de horror! De ninguna manera!

El padre Ernesto Cardenal es celibe. No tuvo hijos carnales, pero si tuvo hijos espirituales en Solentiname. Toda Nicaragua al fin y al cabo es su familia. Y como todo padre responsable, al irse, quiere dejar en herencia lo mejor para sus hijos. Un arco iris de paz y de progreso para todos. Principalmente para esos “rostros que se asoman en la multitud”, los rostros de su pueblo humilde.

Ay, casi me olvido. Tengo siete mensajes de la gente de antes para ustedes. Ellos son los siguientes:

 “El primer magistrado llevará su traje negro a la tintoreria. Le vendrán noticias de  ultramar. Un buen amigo se quedará dormido”.

“El fiero conspirador está de nuevo ocupado y hay peligro en ciernes. Las sombras le han mandado saludes. Por que si el ártico se derrite, el pinguino estaría en peligro de  extinción; pero Jaques Costeau, le protegerá”.

“El gran hombre de la ciudad principal, está en la mira; pero él agudizará sus sentidos.  Su vista de lince. Y cuando se vaya, dejará queso en la cena”.

“La dama senera, deberá memorizar 28mil 1546 versos de la Segunda Ley. Antes de que el  candil se le apague”.
“Al hombre que estuvo en el México antiguo, no le gusta ser llamado. Tampoco al  cuarentón que vomitaba flores, ni el de la mirada serena. Y mucho menos los santos!  que tienen guardado en sus baules, sus sábanas ensangrentadas”.

“Las cuentas del administrador no cuadran y el dueño pedirá cuentas. El triángulo no pesa lo que debía y ya no hay más lodo para sostener la base de su pesada figura”.

“Desde su celda, Cortés avista un cielo nuevo. Las nubes gigantescas ya enjugan sus últimas gotas y la paloma ya viene de regreso, trayendo en su suave pico las pruebas de una vida nueva!”

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