• Sept. 23, 2008, 9:59 a.m.
“Los policías, como cualquier ser humano, son seres racionales guiados por el instinto y las emociones”.  Pero…


El caso que sacudió la opinión nacional y a la misma policía nicaragüense – ya lo conocemos- . Tal situación pone en alerta a toda la sociedad en general, incluyendo a los cuerpos de seguridad ciudadana.

Este tema de blogs, no lo escribo como experto en psicoanálisis policial u experto en temas militares, social o, todo lo que resulta en “psico”. Lo hago como cualquier ciudadano preocupado por la situación que nos ocupa actualmente.

Fácilmente en los barrios, comarcas, o caseríos, se puede encontrar opiniones desfavorables en cuanto al actuar de la Policía. Sin embargo la población ha olvidado que esta misma Policía han sido vapuleados, asesinados y hasta secuestrados por sicarios, pandilleros y, hasta enardecidos pobladores.

Lo ultimo macabro que recuerdo fue, cuando el teniente Pablo Urbina Chavarría, acantonado en la ciudad de Juigalpa, le fue cercenada sus costillas de una certera cuchillada por parte de un endemoniado sujeto. Igual cuando hemos visto en la televisión a muchos oficiales que al querer detener a antisociales mal llamados “pandilleros” han sido vapuleados por familiares de éstos.

Lo anterior me lleva a preguntarme ¿es grato tener la carrera de Policía en estos tiempos? Y no me refiero a los policías de alto rango, puesto que éstos tienen menos riesgos y menos apogeo a la hora de cumplir con su deber e incluso, buena paga.

Me refiero a los de línea, quienes en días en que todos disfrutamos de las fiestas nacionales, dejan a sus familias y su diversión, por cumplir con su deber y, recompensado después de un raquítico salario.

Para ampliarme sobre el tema, muchos señalan que si bien es cierto “algunos” policías ganan poco, lo reponen con coimas, prebendas y hasta regalías. Fuera de este apenado y espinoso tema, estoy seguro que muchos que cumplen con su deber en todos los aspectos, sufren los mismos vejámenes y desventuras que sufre todo asalariado en nuestro país.

Pero volviendo al caso del menor de la Paz Centro , muchos son los organismos y personalidades que han llamado un “error humano” por parte de los señalados de disparar contra la humanidad del adolescente. Cierto, un error es un error y se paga con consecuencias impredecibles. Aún en el béisbol, en la aviación, en la toma de decisiones diplomáticas, en la navegación – recuerden el Exxon Valdés- las consecuencias son catastróficas como lo sucedido tras la muerte lamentable del menor, lo cual me lleva a preguntar sobre la actitud de los policías.

Tras lo anterior estoy totalmente seguro que aunque hayan pasado por un proceso de selección y hayan sido capacitados antes de salir a la calle, una vez que están allí y afrontan una situación peligrosa, sus emociones y su instinto influyen en el ciclo racional del cerebro, pues no se necesita ser un psicólogo para saber que en situaciones de estrés, los agentes podrían perder el control, hasta que se convierten en reflejos.

Sé que no son autómatas, pero “los policías, como cualquier ser humano, son seres racionales guiados por el instinto y las emociones”.

Creo que acá los altos mandos de la Policía, no deben rasgarse las vestiduras buscando culpables y enviándolos a la hoguera con leña mojada, lo mejor sería que la nueva generación de policías desde ya, estén recibiendo una formación que tiene en cuenta este enfoque más positivo. Claro esta, que dado el aspecto cultural que ello implica, pienso que lograr un cambio completo llevará tiempo. Sea como sea, no hay vuelta atrás posible. Ya no se puede imaginar a un agente de policía que no promueva ni proteja los derechos humanos.

De igual forma, los y las policías que han estado involucrados en actos que avergüenzan a sus compañeros, deberían ser juzgados y reprendidos por un cuerpo colegiado de expertos, que incluya médicos especialistas en estrés.

Finalmente no sé ustedes, pero en mi barrio y aún, cuando doy un aventón en mi auto a un policía y platico con éste, me doy cuenta que también ellos tienen hijos, esposas y familiares, que no gustan ni disfrutan cuando alguien del
equipo comete tal error. 


El autor es periodista /Red de Comunicación Ambiental
ecologiadavidquintana@univision.com

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