28 de septiembre de 2008

¿Ha muerto la literatura nicaragüense?

Por Erick Aguirre | El NueBlog Diario


¿Ha muerto la literatura nicaragüense? ¿Es este el fin de su historia? ¿Será que también ha muerto con el siglo XX y desde hace treinta años Nicaragua dejó de producir escritores? Al menos eso es lo primero que cualquier lector desprevenido podría deducir si se atiene a los “panoramas” que los historiógrafos muestran de nuestro arte literario desde la Vanguardia hasta los años que corren.

Si a sus registros nos atenemos, nos formaríamos la impresión de que en las últimas tres décadas y media se ha extendido una brecha generacional en la literatura nicaragüense; especialmente en lo relativo a géneros tradicionalmente desarrollados como la narrativa y la poesía; aunque también deberíamos “meter en el saco” a la crítica literaria como un género interrelacionado con los anteriores pero de incipiente desarrollo en nuestro país.

Una de las causas de este fenómeno es que los registros historiográficos más recientes de nuestra literatura detienen sus criterios de valoración y selección a finales de los años setentas o inicios de los ochentas del siglo XX. Desde ese tiempo hasta lo que va del siglo XXI, no existen registros críticos ni historiográficos que hagan visible el surgimiento y desarrollo de nuevas generaciones literarias en Nicaragua. De ser cierto, este sería un hecho especialmente significativo si se toma en cuenta que supuestamente ha sucedido en un periodo de grandes cambios mundiales.

La verdad es que los más recientes panoramas historiográficos de la poesía y la narrativa nicaragüense contemporáneas, aunque cuantitativamente son profusos y reflejan un alto nivel de calidad artística, son actualmente insuficientes y no están incluyendo nuevas voces o nuevos autores cuya obra ha sido publicada en las últimas tres décadas y ha sido objeto de una amplia y positiva recepción crítica en periódicos, revistas y sitios virtuales.

Debo subrayar que, en lo relativo a la poesía, no estoy tomando en cuenta como “panoramas historiográficos” a una buena cantidad de antologías recientes, por lo general autoconvocadas, en las que se seleccionó a autores “nuevos”, casi todos finiseculares, y en algunos casos “novísimos”, es decir, pertenecientes ya a las primeras generaciones del siglo XXI. Estas antologías evidencian el empuje de estos nuevos autores por mostrarse y mostrar sus obras, aunque a pesar de ese esfuerzo no han sido tomados en cuenta por quienes se han ocupado de mostrar “panoramas generales” de la moderna poesía nicaragüense.

Veamos las recopilaciones que han intentado mostrar “panoramas generales” de la poesía nicaragüense desde mediados del siglo XX hasta la fecha. Son las siguientes:

•    “Poesía nicaragüense” (Selección y notas de María Teresa Sánchez. Editorial Horizontes, 1948, 1965).
•    “Cien poesías de Nicaragua” (Selección de Rolando Steiner, introducción de Pablo Antonio Cuadra. Ediciones El pez y la serpiente, 1963).
•    “Poesía nicaragüense post-dariana” (Selección de Ernesto Gutiérrez y José Reyes Monterrey. Editorial Universitaria, León 1967).
•    “Nueva antología de la poesía nicaragüense” (Selección e introducción de Pablo Antonio Cuadra. Ediciones El pez y la serpiente, Managua, 1972).
•    “Poesía nicaragüense” (Prólogo, selección y notas de Ernesto Cardenal. Ediciones Casa de las Américas, La Habana, 1973).
•    “Antología general de la poesía nicaragüense” (Selección, introducción y notas de Jorge Eduardo Arellano. Ediciones Distribuidora Cultural, Managua, 1984 y 1996).
•    “Flor y canto” (ANE-CNE-NORAD, Managua, 1998. Edición reducida y aumentada de “Poesía nicaragüense” -1973-, de Ernesto Cardenal).
•    “El siglo de la poesía en Nicaragua” (Colección Cultural de Centroamérica. Banco Uno. 2005. Tres tomos), de Julio Valle-Castillo.

De todas ellas, la más amplia y con mayor número de “nuevos” poetas seleccionados es la de Julio Valle-Castillo (2005). Sin embargo, los poetas de menor edad incluidos en su recopilación registran como fecha de nacimiento los años 1953, 1954 y 1957; lo cual implica que sus edades actualmente oscilan entre los 49 y los 55 años.

En contraste con la realidad evidente en las constantes publicaciones de nueva poesía y nuevos poetas en periódicos, revistas y sitios de Internet desde finales de la década 80 del siglo XX hasta la fecha, el “panorama” reflejado por la más “amplia” antología de poesía nicaragüense publicada hasta ahora, dista mucho de ser actual o completamente fidedigno.

En lo relativo al cuento el panorama es, aparentemente, aún más árido. El discurso historiográfico dominante en las últimas tres décadas ha pretendido subrayar la presunta ausencia de una importante tradición narrativa en Nicaragua, proclamando en su detrimento el dominio absoluto de la tradición poética. Ante esto es necesario resaltar que, sin contar lo que va del siglo XXI, en los años ochenta y noventa del siglo XX, el número de libros de narrativa de ficción publicados por autores nicaragüenses supera ampliamente el centenar.

En la historia de nuestra literatura tales cifras resultan significativas, pues el número de textos de narrativa publicados desde la independencia (1821) hasta los años setenta del siglo XX, es de poco más de doscientos, según investigaciones de Edward Waters Hood (Universidad de Flagstaff/Arizona, EU) y Werner Mackenbach (Universidad de Frankfurt am Main, Alemania).

Tomando en cuenta que, en apenas dos décadas (ochenta y noventa del siglo XX) la cantidad de textos de narrativa de ficción publicados por autores nicaragüenses (sin contar la profusa publicación de textos narrativos en periódicos, revistas y sitios Web) llega casi a igualar lo producido desde 1821, podemos considerar que, contrario a lo reflejado por los registros historiográficos, la tradición narrativa en la literatura nicaragüense ha tendido más bien ha enriquecerse en los últimos años.

Las únicas antologías editadas con ánimo de mostrar “panoramas generales” de la moderna cuentística nicaragüense, son tres:

•    “Antología del cuento nicaragüense” (Selección, introducción y notas de Mariano Fiallos Gil. 1957. Editorial Universitaria, León)
•    “Cuento nicaragüense” (Selección, introducción y notas de Sergio Ramírez. Ediciones El Pez y la Serpiente, Managua. 1976. Reeditada con actualizaciones por Editorial Nueva Nicaragua, Managua 1984, y Ediciones Anamá, Managua, 2001).
•    “Cuentos nicaragüenses” (Selección y notas de Julio Valle-Castillo. ANE-CNE-NORAD. Managua, 2007).

Tanto las tres ediciones de la antología de Sergio Ramírez como la única edición de la antología de Valle-Castillo, no sobrepasan la cantidad de treinta autores seleccionados, y los más jóvenes de ellos cuentan actualmente con un promedio de edad que oscila entre los 48 y los 53 años.

Al igual que en la poesía, la realidad reflejada por este registro historiográfico dista mucho de representar la verdadera dinámica del cuento nicaragüense desde mediados del siglo XX hasta la fecha, que puede ser apreciada con relativamente mayor fidelidad en las publicaciones periódicas impresas y los sitios de Internet.

El registro historiográfico de la literatura nicaragüense es, pues, actualmente incompleto y padece de preocupantes distorsiones. Los criterios de selección y ordenamiento cronológico de los más recientes “panoramas” de la poesía y el cuento de ficción en Nicaragua detienen su proceso de estudio y selección en las décadas 60 y 70 del siglo XX. Esto implica que toda lectura interpretativa de la historiografía literaria nicaragüense, tal y como hasta ahora está escrita, concluiría falsamente en la idea de que las últimas dos décadas del siglo XX y la primera del siglo XXI en Nicaragua, se caracterizan por un enorme vacío en el campo de la poesía y la narrativa de ficción.

Las razones de este significativo corte cronológico en el registro del proceso evolutivo de nuestra literatura contemporánea, manifiestan una visible voluntad de cerrar sin mayores esfuerzos de estudio y exploración de las nuevas tendencias, el más reciente ciclo de la literatura moderna en Nicaragua, y pretende dar por entendido que con tal ciclo también se cierra una forma de concebir el arte poético y narrativo, así como las maneras de expresarlo.

Esta problemática evidencia claramente las limitaciones de que adolece actualmente la historiografìa literaria en Nicaragua, que parece haber establecido de hecho un brusco corte generacional visiblemente influenciado por una concepción tradicional del ejercicio literario, con el cual se intenta establecer el criterio de que, con algunos autores de las décadas sesenta y setenta, se termina la historia de la poesía y la narrativa nicaragüenses.

Frente a esta concepción cabe preguntarse si la poesía y la narrativa producidas por nuevos autores en los últimos 25 años en Nicaragua, poseen o no suficiente desarrollo, calidad y trascendencia como para ser delimitadas dentro de nuevos cánones conceptuales que necesariamente marquen una ruptura, una nueva clasificación, o si, en todo caso, merecen ser asumidas como expresiones de continuidad en la historiografía literaria nicaragüense.

El discurso crítico de la mayoría de los compiladores “canónicos” y/o “canonizantes”, responsables de tan incompletos “panoramas generales”, siempre ha subrayado la supuesta preponderancia histórica de una “armonía intergeneracional” en la literatura nicaragüense, es decir que, después de la Vanguardia, nuestra literatura se ha caracterizado por una notable ausencia de rupturas generacionales.

Pero si nos atenemos a ese discurso podríamos deducir que, al interrumpir su selección “panorámica” en los años ochenta, nuestros historiógrafos están admitiendo que desde entonces hasta la fecha lo que se ha producido es un cambio radical en la forma de entender y escribir literatura, es decir que se ha producido por primera vez una ruptura generacional en la literatura nicaragüense.

Vale la pena, pues, que nos preguntemos: ¿Hasta dónde la poesía y la narrativa nicaragüenses producidas en los últimos treinta años constituyen una continuidad sin cambio ni ruptura? ¿Cómo clasificar la praxis textual de nuevos poetas y narradores en los últimos treinta años? ¿Son los mismos autores de los sesentas y setentas del siglo XX quienes continúan produciendo textos paradigmáticos o existe ya un nuevo corpus generacional lo suficientemente identificable? ¿Hasta dónde esta confusión ha contribuido a sustentar la tesis de la ausencia de rupturas en nuestra literatura, es decir que en ella nunca ha habido una generación en lucha contra otra?

Ante estas interrogantes resulta necesario plantearse, desde una nueva perspectiva, una revisión amplia de nuestra poesía y narrativa de ficción contemporáneas, y mostrar un panorama claro en el que se pueda comprender la dimensión y el alcance de los cambios producidos en  la literatura nicaragüense a partir de los años finales del siglo XX.

De acuerdo a los apuntes de mis investigaciones, existen más de 120 autores nicaragüenses de poesía que al menos han publicado un libro de calidad en el lapso del siglo XX y lo que va del XXI; así como también existen más de 70 autores solventes de narrativa publicados en el mismo lapso. Sin contar –que conste- a quienes sólo han publicado ocasionalmente en revistas y sitios Web.

El estudio, selección y publicación de un cuerpo representativo de esas nuevas propuestas literarias, así como su proyección, junto a sus propios autores, en las revistas y suplementos culturales de Nicaragua a través de textos críticos y periodísticos que los visualicen y los relacionen con el contexto histórico nacional y mundial, deberá arrojarnos mayores luces para el entendimiento y la rectificación de conceptos al momento de escribir las nuevas páginas de nuestra historia literaria.

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