• Oct. 4, 2007, 3:25 p.m.
No saben cuánto me cayó requete mal un tipo de avanzada edad y además no vidente que se sube al autobús, no importa la ruta, en el sector Zumen y se baja en la parada de buses de la Universidad Centroamericana (UCA).

“Yo sé que Cristo viene, espero su venida…”, un canto religioso conocido por muchos, pero cuando nadie le da el famoso córdoba, que a mi parecer exige con altanería, porque más de algún pasajero probablemente tiene sólo lo completo, el tipo desciende de la ruta enojadísimo.

Eso no es nada, aunque se baje con la cara larga, el tipo desciende del bus y dice: “Ojalá que el bus se dé vuelta, porque sólo pinches iban…”.

Al oír semejante retahíla, sólo se me ocurre pensar, con las tripas revueltas: yo, que trabajo y tengo un salario congelado desde hace muchos años, y a veces no tengo nada que desayunar y de paso tengo que enviar a mis hijos, o en otros casos, a mis hermanos, sobrinos, primos, con hambre a la escuela… todavía tengo que cargar con las maldiciones de un tipo de lengua viperina que tiene por distinción ser no vidente.

Y conste que no tengo nada contra ese grupo de personas que no gozan de la visión, es más, siento solidaridad hacia ellos, pero este sujeto, por esa limitación, se siente en el sitio de un juez todopoderoso que me juzga por mi pobreza y se cree en potestad de desearme la muerte ¿Qué tal?
¿Por qué, ? Pues tengo una amiga que una vez viajaba en un bus y se encontró con ese tipo. Y que ¿Qué pasó?

Pues mi amiga me contó y caí haciendo un ruido como un “plop”, como en las aventuras del reconocido personaje de caricaturas, “Condorito”. El mismo no vidente sintió las abultadas caderas de mi amiga, de quien se aferró como garrapata. Y ella ¡Qué ingenua mi amiga! pues como era un no vidente, creyó que se trataba de un mal entendido.

En el trayecto, el tipo se le acercó al oído, no sé cómo pudo hacerlo, y le pidió que descendieran del bus en la próxima parada de buses, pues estaba convencido que en las cercanías estaba un motel, y así era…

Entonces, el no vidente le dijo: “Amor, no te preocupéis, que ando dinero suficiente para que pasemos un rato agradable”, expresó aquella persona que desea la muerte a los usuarios del bus que no le dan el famoso peso. Y por cierto muchos han muerto a manos de delincuentes o bajo las llantas de la misma unidad.

Hay que tener arte para pedir

En lo personal pienso que ese no vidente jamás conocerá un peso de mi bolsillo, pues en esa época en que empecé a sufrir de sus discursos, yo era un universitario con tanta necesidad económica, que más bien podía tomar una botella, llenarla de arena y cantar letras religiosas para luego pedir dinero a los pasajeros de cualquier bus.

Sin embargo, estoy convencido de que hasta para pedir hay que tener “arte”, pues en los últimos tiempos he encontrado niños, jóvenes y adultos que carecen de porte y aspecto, por decirlo en términos militares.

Al escucharlos da la impresión que de los oídos me saldrá sangre. Ante esas vulgaridades y maldiciones me dan ganas de bajar del bus e irme caminando al colegio, a la universidad o a mi trabajo, según sea mi dedicación en el momento. Pero ni modo, con lo completo tenemos que desconectarnos de la realidad y sumergirnos en nuestros propios problemas, pues estoy seguro que no sólo yo sufro por ese discurso del no vidente.

Aclaro, no tengo nada en contra de éstas personas, pero cuando te echan maldiciones, no te queda más que desearle lo mejor.
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