• Oct. 6, 2008, 10:07 a.m.
Los he visto nacer de largo. Los he visto de largo nacer, espontáneos, como monte germinado y expulsado de la tierra por el primer chaparrón de mayo. Sus edades rondan entre los 17 y 22 años, son universitarios y el no ser ortegistas, les amenaza con no ser ciudadanos.

En estos días, las constantes lluvias del autocratismo reclaman para sí las calles, las rotondas, las tarimas, las fajas y las flores. Ya nadie fuera del clientelismo político del gobierno actual, tiene derecho a la presencia ni a la palabra. La voz omnipresente de Rosario desde sus medios, desde su directriz unipolar, se carcome a los seres y las cosas.

Los últimos episodios de negación a manifestarse, que un grupo de jóvenes –cual sea su origen social– protagonizaron en las afueras del canal de televisión oficialista, nos dejó entender que la intolerancia y el Odio (que en realidad es miedo) es aún más fuerte que el Amor. La regla general es, si no se es ortegista, no se es ciudadano.

Los jóvenes fueron valerosos e inteligentes, y su actuación fue una viva provocación dentro del  perímetro de mayor resguardo de la nación. Con el hecho de inmolarse y exponerse ante las fuerzas de choque de los AMROCO (Asociación de Militares
Retirados, Obreros y Campesinos Ortegistas), los jóvenes al ser violentados y vapuleados frente a las cámaras, cumplieron su objetivo y salieron victoriosos.

No son los primeros. A lo largo de este año, personalmente, me he quedado impresionada por la diversidad de colectivos de jóvenes que han empezado a despertar su conciencia política; y sean éstos de derecha, centro o izquierda, su pequeña y quizás aún no definida estrategia, es claro que está proporcionalmente dictada por el comportamiento de la Presidente Murillo y su Primer Caballero.

Los métodos de estos jóvenes –ya sean foros de alfabetización política, intervenciones públicas, pintas o vandalismo a la propaganda estado-partidaria– ha sido minimizada y ridiculizada por los medios oficialistas, tildándolos de burgueses hijos de papá y mamá, (cuando en verdad sólo hay que indagar un poco sobre los papás de estos jóvenes, y se verá que no todos los caminos llevan a Roma).

No obstante, los jóvenes decididos y valerosos con estas acciones, deben estar concientes de que están adentrándose en arenas movedizas. Así repásese la Matanza estudiantil del 23 de julio del 59, o el destino de Silvio Parodi, Casimiro Sotelo o Roberto González, que entre otros millares de jóvenes estudiantes, al intento de protestar, han dejado inerme su futuro en las calles.

Recientemente escuché las declaraciones de un diputado ortegista, acerca de los hechos del pasado 21 de septiembre en León. Éste justificaba de que “el pueblo” no debía dejarse quitar las calles por la “derecha”, ya que cuando lo hace, tiende a ocurrir catástrofes como la reciente amenaza de guerra civil en Bolivia o la masacre de Tian'anmen en China. Las fanáticas declaraciones del diputado Porras, no sólo fueron una irresponsabilidad verbal, sino que reafirman que en esta Matria, quien no es ortegista, ya no es un ciudadano.

Volviendo, personalmente conozco a muchos de estos jóvenes, y a otros, los he conocido en el ciberespacio, expresándose, organizándose, fraguando acciones y delegándose tareas, no todas lícitas, aunque tampoco creo que por el momento, mientras no dominen la estrategia para organizar a las masas, no representan una amenaza contundente al Estado.

Sin embargo, me satisface conocerlos, escucharlos, saber de que existen y que son estudiantes de antropología, sociología, filosofía, derecho, teatro, arquitectos, escritores de poesía, talentosos músicos e ingenieros de sistemas –a estos últimos es que más hay que temerles–.

Estos jóvenes, a los que hoy me satisface felicitar, se dejan manipular por los grandes manipuladores de siempre: por  Mariátegui, por Orwell, Shakespeare, Aristóteles, Gao Xingjian, Platón, Sandino, Stalisnasky, Rodó, Saramago o Saint-Exupéry. Y no creen en las cavernas, ni en las cadenas, ni en sombras que hacen los amos de las cavernas. Y no se tragan los discursos de los cuasi-patriotas. Y han abierto los ojos al saberse que han emergido a la mayor “Era de la Información” de todos los tiempos, con sólo hacer un “clic”. Ésto es juventud y digno de celebrar. Amén.
 
Calle Cuiscoma, Granada
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