• Oct. 10, 2008, 10:25 a.m.
Las difíciles acomodaciones, los nuevos planteamientos y preguntas, los inesperados  problemas y conflictos surgidas de la nueva situación creada por el descubrimiento, sirvieron para espolear el razonamiento filosófico. Frente a la filosofía académica abstracta y un tanto adormecida, el Nuevo Mundo con su compleja problemática puso sobre la mesa unos condicionamientos desconocidos hasta ahora, lo que obligó al replanteamiento de muchas cuestiones. Emergen otros  orizontes y las perspectivas ya no son las mismas, aparecen los debates filosóficos para clarificar gran número de asuntos que tiene como telón de fondo la propia identidad de los moradores de estas tierras, sus derechos como personas y como pueblo. El encuentro supuso para los moradores de esas tierras una acomodación  de actitud ante la vida y para los colonizadores una revisión a fondo de la antropología y del derecho.

 La filosofía política puesta en práctica, no fue ni tan interesada , ni tan oportunista como se da a entender por ahí. Lo cierto es que estuvo sometida a una severa autocrítica al punto de que las objeciones de conciencia llegaron hasta la Corona, algo poco frecuente, si repasamos  la historia de los pueblos. La misma Leyes de Burgos promulgada por los Reyes Católicos  esponden a esta preocupación. España fue de los pocos lugares, por no decir el único en los que el mismo poder real favoreció y promovió el trato justo y humanizado a los indios

 La  nueva situación fue propicia para que comenzara a emerger un nuevo humanismo en el que tanto tuvieron que ver Erasmo y  los denominados “ Novo hispanos” sin olvidarnos de Tomás Moro que tomó como fuente de inspiración, las descripciones idílicas de estas tierras y el natural bondadoso de sus habitantes o el mismo Rousseau que en el “Emilio” hace una exaltación de los valores naturales del salvaje perfecto que tanto han influido en los sistemas educativos de todos los tiempos.

 El campo antropológico se vio fecundado, sin duda, con una savia nueva, que hizo posible la aparición de lo que podríamos llamar  la “antropología americana”, diseñada en gran parte por la escuela de Salamanca y que sirvió para que con singular acierto se fuera precisando y matizando el concepto de “persona” que tanto juego iba a dar en la filosofía posterior, sobre todo a la hora de clarificar los derechos humanos. Partiendo del convencimiento de que todos compartimos la misma dignidad de la persona es como posteriormente  se pudo llegar  a la declaración universal plasmada en la carta de las Naciones Unidas. La escuela de Salamanca inspirada, en el humanismo cristiano, siempre estuvo al lado del indio defendiendo su dignidad personal. Todos somos hijos del mismo Padre-Dios La condición de seres humanos era de donde habría que partir a la hora de hablar de un trato justo a los indios, ella habría de ser la base de una fecunda  Filosofía Jurídica destinada clarificar los derechos y deberes de unos y otros.

. La escuela de Salamanca con Francisco de  Vitoria a la cabeza trató de dar solución a temas prácticos de palpitante actualidad que no podían esperar. Los apuntes y anotaciones de este genial filósofo dominico, estaban llamados a ser los puntales de una
filosofía política de alcance internacional que le consagraría como el padre del derecho internacional. El fue el promotor de unos principios fundamentales garantes de los derechos naturales de los indios, situados por encima  incluso de la autoridad de los reyes de España. Todo ello supone una aportación importante en el campo de la Filosofía del Derecho, como el tiempo encargó de demostrar.

El siglo XVI que es cuando Vitoria escribe , es el tiempo en el que se están generando en Europa importantes transformaciones y en la que España ostenta el cetro político y también intelectual. Hombres como él, asumieron el reto de plasmar una nueva
concepción filosófico-política capaz de hacer viable la nueva situación originada con el descubrimiento de América.  El emperador por muy emperador que fuera no era el dueño del orbe y ni siquiera el papa podía ejercer su autoridad temporal o espiritual sobre todo el orbe. Estas ideas que hoy parecerían normales y de uso corriente no lo eran en aquel tiempo dominados por ideas absolutistas y hubo que esperar mucho
tiempo para que fueran abriéndose paso. Al fin la proclamación de los derechos humanos  en el siglo XX y la creación de los sistemas de protección de los individuos vendría a dar la razón a este pionero del derecho internacional.

La genialidad del sistema político ideado por Vitoria descansa en la igualdad humana, ésta fue la idea fundamental de la antropología de la Escuela Salmantina. Precisamente por estar fundamentado en la universalidad de la naturaleza, el derecho de gentes inaugurado por Vitoria estaba llamado a ser la base por la que se deberían regular las relaciones entre los pueblos. El Orbe entero representado por todos los estados ,
entendido como persona moral, es el que tiene potestad  de promulgar leyes justas que regulan el derecho de gentes. Este alumbramiento de Vitoria bien podría ser uno de los más originales y fecundos de la filosofía política que pudo coexistir con la idea de de cristiandad.

El autor es doctor , catedrático de Filosofía


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