• Oct. 8, 2007, 2:13 p.m.
Una vez me preguntaron si era “Pro vida” e inmediatamente respondí que sí, a pesar que estaba en medio de una reunión de feminista. A lo mejor les incomodó mi declaración, pero tenía todo el derecho de hacer tal afirmación, pues decidí ser madre soltera a los 20 años.

Sin embargo, estoy totalmente de acuerdo con el aborto terapéutico. Aclaro, digo terapéutico, no aborto como control de natalidad. Cuando me enteré de mi embarazo estaba en el último año de mi carrera, no trabajaba y por consiguiente no devengaba salario, en resumen no tenía oficio, ni beneficio.

Dentro de toda confusión de emociones me llegó la famosa propuesta del aborto. Desde luego no acepté, y hoy tengo un hermoso hijo de siete años. Ahora que el aborto terapéutico salta a la palestra pública, es lastimoso ver cómo un tema tan delicado y personal está siendo mal abordado por bandos extremistas.

Defendamos la vida de los niños

El aborto terapéutico era un derecho que se tenía consagrado en la Ley hace más de cien años. Cuando una mujer se presentaba a un hospital con una urgencia obstétrica, ya sea un embarazo ectópico –formación fuera del útero—, problemas cardíacos, cáncer y otras tantas patologías eran atendidas a tiempo y sus vidas eran salvadas.

Desde la penalización del aborto terapéutico, más de 80 mujeres han muerto y sabemos que morirán más. Ahora los galenos atienden con temor y para colmo las unidades de salud no cuentan con equipos y medicamentos que garanticen una atención de calidad. Ir a un hospital público no es la garantía que vamos a salir vivos.

La Iglesia defiende con fervor el derecho a la vida de los niños aún no nacidos, y me parece bien, pero también debe acordarse de aquellos chavalos que deambulan por las calles pidiendo el peso para poder comer.

Aquellos que andan con el vaso de pega, los que son explotados laboral y sexualmente. Los que andan con una mochila todas las noches cerca de las rotondas vendiendo CDS, a merced que cualquier degenerado les haga algún daño. Basta ya de este aborto social.

Pero, ¿Por qué no penalizar a los hombres y mujeres que traen niños al mundo sin asumir su responsabilidad? ¿Porqué no hablar de métodos anticonceptivos? La Iglesia condena las relaciones pre maritales, sin embargo las estadísticas dicen que la mayoría de embarazos no deseados son de adolescentes que no tienen acceso a métodos de planificación. ¿No sería más fácil evitar los embarazos, que interrumpir una gestación?.

Iglesia vs Mujeres

Ahora pregunto, ¿A qué mujer le gusta practicarse un aborto? Me atrevo a decir que a ninguna, ya que la mayoría nacemos con el instinto de dar vida. Las que se lo han hecho tendrán sus razones, buenas o malas, no me corresponde juzgarlas.

Una de las frases bíblicas que siempre me gustó fue “Dios nos dio libre albedrío”, sin embargo la Iglesia Católica impone su decisión sobre la vida de las mujeres. Ahora los jerarcas deciden quien merece el cuerpo de Cristo, pero debo recordarles que Cristo vino por los enfermos, no por los sanos. Nos dijo amaos unos a los otros, no armaos unos contra los otros.

Las Feministas tampoco han hecho un buen papel que se diga. Llegan a la casa del Señor exigiendo y con el “machete” desenvainado. Recordemos que las mejores luchas no fueron las que más enfrentamientos provocaron, sino las que se ganaron por medio de la resistencia pacífica. Sólo por citar algunos ejemplos están Gandhi, Martin Luther King y por supuesto, el mismo Jesucristo.

El punto de todo esto es que se debe restablecer el derecho al aborto terapéutico. Católicos Pro Vida y Pro aborto terapéutico deben concordar en eso, no se debe permitir que más mujeres sigan muriendo y que más niños queden huérfanos.
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