• Nov. 4, 2008, 3:32 p.m.
La participación internacional del balompié pinolero inició en 1941 en el Primer Campeonato Centroamericano y del Caribe de Fútbol, realizado en Costa Rica del 8 al 18 mayo, enfrentando a El Salvador, Curacao, Costa Rica, Panamá y Nicaragua. El bautizo no pudo ser peor y ha resultado como un maleficio por lo que ha venido sucediendo.

En aquel lejano torneo se perdió 7-2 con Costa Rica, 8-0 ante El Salvador, 9-1 contra Curacao. El marcador más modesto fue el 5-2 ante Panamá. Actuación que le valió a la selección finalizar en la quinta posición con cuatro derrotas en igual número de salidas.

Desde entonces la historia de fracasos ha sido el fantasma y la sombra que cobija a nuestras selecciones. Hoy, a 67 años de distancia, la historia es la misma, con una variante, los actuales dirigentes argumentan que “no hay que olvidar que vivimos en una región futbolera”. Frase tan desgastada y cargada de inoperancia y mediocridad, todo por no aceptar y reconocer que el problema no es de aptitud, sino de ineptitud.

Hoy en día el fútbol como práctica deportiva se ha convertido en la mercancía más codiciable para los grandes emporios publicitarios, lo que ha exigido a los científicos del deporte revolucionar, evolucionar y desarrollar distintos sistemas tácticos que hacen de un partido de fútbol un espectáculo llamativo.

Este desarrollo ha llegado a la región centroamericana principalmente en países como Costa Rica y Honduras, el primero un digno representante en los eventos de otra galaxia, y últimamente Panamá ha empezado a moverse en esa esfera que aparentemente luce imposible para nosotros.

El problema no está en los jugadores, sino que hay tres elementos de vital importancia que aquí han hundido a esta disciplina en lo más profundo del fango. Lo primero es la voluntad y el deseo de los dirigentes de Fenifut por querer sacar adelante el deporte y vivir para el fútbol, no vivir de él.

El otro elemento tiene que ver con los responsables de escoger a los posibles seleccionados, porque para representar a Nicaragua, al combinado se tiene que llevar a aquellos jugadores que tienen calidad y capacidad, no a aquellos que son de una misma región. Además hay que evitar el “amiguismo” que tanto afecta la disciplina.

Un tercer factor a considerar es la falta de continuidad de los proyectos de selecciones inferiores. ¿Cómo es posible que jugadores que participan en un torneo de categoría Sub-17 sean excluidos posteriormente de la Sub-19 o Sub 20, y se llevan a otros jugadores que no estuvieron en el proceso formativo?
El fútbol moderno exige adiestradores capaces de instruir y cohesionar al grupo de jugadores bajo una misma idea, que conozcan a cabalidad el estilo de juego de cada uno y sepan interpretar la idea táctica del técnico. Para lograrlo hay que invertir, no podés levantar una cosecha de victorias cuando no has sembrado para ello.

El concepto que maneja el presidente de Fenifut, Julio Rocha, es que un entrenador de calidad es caro y no hay plata para ficharlo, entonces surge una interrogante ¿qué se hace con todo el dinero que se recibe de FIFA, Proyecto Gol, derechos de transmisión de partidos de la selección nacional y todas las desorbitadas e indebidas multas que le ponen a todos los equipos que participan en los diferentes campeonatos nacionales que organizan?

Si en verdad no se vive del fútbol y lo que se quiere es sacarlo adelante, hay que hacer una exhaustiva revisión de todo el proceso de organización, elección y capacitación de los jugadores y no seguir dando vergüenza públicamente con los diferentes fracasos en que constantemente cae el fútbol, golpe que sólo sufren los pobres jugadores que apenas reciben 50 dólares por cada participación.

Algo hay que hacer y pronto, si hay que cambiar a personas inoperantes, hay que crear los mecanismos adecuados para ello. Pero debe preocuparles el fútbol.

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