• Oct. 29, 2008, 10:18 a.m.
En los últimos meses, no sé si por ser este un año electoral, se han venido incrementando talleres, encuentros o capacitaciones a los periodistas matagalpinos -seguramente también en el resto del país-, por parte de algunos organismos no gubernamentales.  Esto hasta podría ser excelente por tratarse de la superación de hombres y mujeres de prensa, pero concluyo que en todo esto hay “gato encerrado” y que lejos de los beneficios de tales encuentros, capacitaciones y talleres se esconden intereses ajenos al gremio que no aportan en nada al aprendizaje y la dignificación, sino más bien nos involucra en negocios que dejan suculentas ganancias.

Me equivoco. En realidad esta práctica se realiza desde hace varios años, aunque con mayor fuerza en éste. Es una práctica aparentemente normal que no deja rastros de sospechas sobre quienes impulsan estas actividades. A nadie se le vendría a la cabeza dudar o pensar que algo raro está ocurriendo alrededor de la actividad en que participa, pues siempre vemos con buenos ojos y como benefactores a quienes nos vienen a ayudar a que ampliemos nuestros conocimientos.

No todos son así, pero algunos nos brindan su _“buen”_ aporte a la deformación del periodismo. Muchos de nosotros caemos en el juego y tomamos parte activa sin siquiera inmutarnos por lo que en realidad está ocurriendo.  Durante los años 80’ y gran parte de los 90’ -y no lo digo sólo por ser sandinista-, cada vez que se realizaba una capacitación o algo parecido, sólo invitaban a periodistas y únicamente los capacitados eran periodistas.  Años después las cosas cambiaron, pues los capacitando son cada vez menos periodistas.

Estamos ante una deformación. La intención de las capacitaciones tienen un rostro distinto. Los hechos indican que ya no se trata de aportar a la superación de los periodistas, sino que éstos son un instrumento ideal para ser utilizados como maquinitas de hacer dinero. Incluso, el desorden es tal que los mismos organizadores se encargan de armar el relajo para que en las tales capacitaciones la mayoría sean personas que jamás han tenido que ver algo con los medios de comunicación.

Son muchas las ocasiones en que algunos hemos dejado sentadas nuestras protestas e incluso retirado, por que actividades de capacitación exclusivas para periodistas son copadas por elementos ajenos a ellas.  Los responsables de los eventos se justifican aduciendo que en realidad son para cualquier persona que se interesa por los temas a tratar, aún cuando las invitaciones, los materiales y contenidos son sólo para periodistas.  Las tales actividades entonces se llenan, son un rotundo éxito y sirven para que quienes brindan el financiamiento continúen aflojando más plata -sinceramente, soy de los que creen que detrás de todo esto no está la mano de la CIA…-.

No veo nada de malo que a los periodistas que participan en cualquier capacitación se les estimule con 50 ó 25 dólares para quizás incentivarlos a que continúen llegando a futuras actividades similares, pues un día de ilustración significa para la mayoría un día perdido si nos atenemos a las entradas económicas que a diario salimos a buscar a las calles.  No obstante, me inquieta la muchedumbre con que ahora acostumbran llenar los salones para capacitar, lo que me obliga a preguntar: ¿Cuánto es la inversión por cada una de las personas que participan en ellas? Está claro que se justifican gastos con cantidad, no con calidad. Entre más personas participen y firmen asistencia, los costos “suben” y las ganancias se elevan a costa de los periodistas. Ya no estamos a las puertas de un nuevo negocio, sino dentro de él y mal sentados.


El autor es periodista del Centro de Comunicación y Estudios Sociales (CESOS)
Matagalpa, Martes 28-10-2008.
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