• Oct. 31, 2008, 7:02 a.m.
“Tiene derecho a guardar silencio o todo lo que diga puede ser usado en su contra”, se dice en series y películas policíacas norteamericanas y, siempre me asombro cuando el prisionero, no importa lo violento que viene de ser, obedece y calla. Toda persona casada, sabe lo que tal principio significa, cuando confiesa sus secretos al cónyuge, en momentos de armonía y, se maldice, cuando se le vuelve en contra, en momentos de conflicto. Ahora que sandinistas y exsandinistas, por ejemplo, se acusan mutuamente, uno disfruta de la verdad, aunque venga envuelta en cianuro, por ambos lados. Por lo visto, la verdad sólo la podemos conocer cuando se divide. Uno es esclavo de lo que dice, en efecto, y dueño de lo que calla.

Charles Baudelaire, el inventor moderno de lo “nuevo”, solía decir, “me gusta lo que no ha de verse dos veces”. En esos chispazos que las culturas producen como un relámpago, pocos advirtieron la sabiduría de este artista. Al contrario de lo que decía el poeta, sólo se pueden ver dos veces las cosas y las personas, si lo que nos interesa es hacerla distintas de otras, jerarquizarlas con respecto a otras o mantenerlas en la memoria, para buscar otras como ellas y anular su carácter insólito. Todas esas perversiones de lo nuevo como un “afuera”, lo hacen ahora tres poderosas máquina de las que hablaremos más adelante.

Muchos intelectuales dicen que no hay un “afuera” de la globalización, como casi todos los autores, a favor -- desde Fukuyama (1989) hasta Stiglitz (2001)--, crítica -- desde Habermas (1995) hasta Baumann (2002) --- o alternativa  -- desde Wallernstein (2000) hasta Negri (2004) --, todos dicen que estamos dentro. Y los que creen que sí hay exterioridades -- desde Escobar (1998) hasta Grossfoguel (2005) --, le llaman “afuera” a “otras” culturas, pero no a lo “nuevo”, base de los esquemas de cambio, desarrollo y ascenso, que vienen de ser sepultados por el paradigma postmoderno, postcolonial y decolonial de la diferencia. Es, pues, el espacio (diferencia) contra el tiempo (novedad). Sin embargo, el verdadero “afuera” de la realidad global, es la novedad, pero no la moderna, la temporal, sino la incapturable, la fugitiva, la que captamos con atención, sin memoria, cuando estamos frente a ella. Lo nuevo es incapturable. Mantenerlo “afuera”, desenchufado de las máquinas de poder, es una estrategia subalterna que perfila a los nuevos sujetos como “desconectados” en sus nomadismos urbanos y en sus “esencialismos estratégicos” (Spivak, 2003).
Boris Groys (2005), con su concepción que lo nuevo en arte, lo dicta el museo porque es el que prohíbe la reproducción afuera; Michel Foucault (1980) con su revelación acerca del poder de los archivos y su uso discrecional en las luchas entre científicos, políticos y críticos; y Jiddu Krishnamurti (1995) señalando a la memoria, y al pensamiento que es lo mismo para él, como los responsables que nos impiden ver lo nuevo en su originalidad, los tres, nos han alertado, cada cual a su manera y desde sus perspectivas, sobre cómo lo “nuevo” lo convierten en museo, archivo y pensamiento. En diferencia, jerarquía y memoria.

Lo “nuevo” nos necesita siempre para poner a prueba una inteligencia que todos tenemos y que sólo lo nuevo puede colaborar en su fortalecimiento. Hace poco un científico definía la inteligencia exactamente de ese modo: “es lo que uno hace cuando uno no sabe qué hacer”. Y, precisamente, lo único ante lo que uno no sabe qué hacer, es ante lo nuevo. Lo demás sólo sirve para controlarnos.

La sociedad contemporánea sea metropolitana o colonial, combina todos los modos de sujeción, y en la que es vital la complicidad de los que monopolizan el conocimiento. Desde la represión más abierta hasta el control más discreto, pasando por regímenes discliplinarios de verdad y discurso, el poder y los intelectuales, a favor o en contra de ellos mismos, no importa, reparten todas sus estrategias en tres máquinas que son uno y trino: el museo, el archivo y el pensamiento. Todas al servicio de ubicar, describir, separar, juzgar y controlar a todos, incluyendo a los tenedores de ellas.

Por favor, fíjense bien en la paradoja que emplearé a continuación. Todo lo que he dicho hasta aquí no es cierto; pero teníamos que usar el blog del END como medio para decirlo, porque sabemos que pasará al archivo y logrará distinguirse de los millones de documentos que contiene. Ha sido dicho así, para desconcertar a las máquinas de poder al hacerles archivar “algo” e indicarle que nos estamos burlando de Google, el archivo de los archivos, por ejemplo. Que nos resistimos a entrar en el museo de reglas (la sociedad), del que habla Groys, vagabundeando en el desierto, para que los amos no nos “distingan” de otros contenidos, o para que la memoria, una vez más, no nos mire porque siempre vigila desde el pasado. Lo “verdadero”, pues, no lo he querido decir y sólo lo conocen, como en el cuento de Balzac, 13 personas, que han decidido no hacerlo circular por ningún medio y guardarlo como un destornillador subalterno, con el que desarmaremos a las tres máquinas, para humillarlas con nuestro silencio estratégico.

http://freddyquezada.blogspot.com

Referencias bibliográficas

Groys, Boris (2005) Sobre lo Nuevo. Ensayo De Una Economía Cultural. Pre-textos. Valencia.
Foucault, Michel (1980) Microfísica del poder. Madrid: Ediciones de La Piqueta.
Krishnamurti, Jiddu (1995) Sobre la Mente y el Pensamiento. Kairós Barcelona.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus