• Oct. 3, 2007, 9:20 a.m.
El parlamentarismo en un sistema basado en elecciones donde lo que se elige no son personas sino partidos. Una vez que la población elige el partido de su preferencia, los representantes parlamentarios de ese partido eligen entre ellos al Primer Ministro.
Mientras dentro del partido todos estén de acuerdo y el partido logre mayoría en las elecciones, el designado Primer Ministro puede permanecer en el poder cualquier cantidad de tiempo. No es extraño entonces que Daniel Ortega esté empezando a maniobrar desde ahora para reformar la constitución y nuestro sistema de gobierno con miras a convertirlo en un sistema parlamentarista.

Esto, independientemente de que hubiera elecciones, le aseguraría que, mientras ganara el Frente, él podría ser Primer Ministro, dado el control férreo que ejerce sobre las disciplinadas y obedientes estructuras de su partido.

Cuando a duras penas Nicaragua se ha iniciado en la democracia, pensar en un cambio tan radical de sistema de gobierno sólo se explica por el desmedido afán de Ortega por encontrar la manera de reelegirse, sin llevar abiertamente a discusión en la Asamblea, el asunto de la reelección.

En un país como el nuestro, de corta experiencia democrática y con una población radicalizada por la historia reciente del país, los partidos políticos todavía están en proceso de gestación. Los mecanismos democráticos para elegir a sus líderes están sesgados por lealtades obtenidas mediante prácticas clientelistas o favores personales. Los partidos no se estructuran a partir de programas, sino de fidelidad a sus caudillos, por lo mismo es iluso hablar de un sistema parlamentario funcional que asegure dentro de las bancadas parlamentarias la madurez necesaria para demandar rendición de cuentas claras de sus líderes o removerlos si fuera necesario.

Plantearse el parlamentarismo a estas alturas es condenar al país a la permanencia de los aspectos más lesivos del pacto Alemán-Ortega y crear las condiciones para que estos dos señores se repartan y dispongan del poder como mejor les plazca.

Los nicaragüenses debemos informarnos y compenetrarnos de las consecuencias de semejante propuesta y, armados con argumentos, objetar y protestar contra la posibilidad de que, así como con arreglos de cúpulas nos impusieron el pacto, esta vez nos impongan la alternancia de lo que, en efecto serían, dictaduras partidarias.

Vale señalar que el Presidente Putin en Rusia, quién tendría que dejar el poder el año próximo, está planteando exactamente lo mismo que Daniel Ortega: cambiar el sistema ruso por un sistema parlamentario para poder así permanecer cuanto tiempo le parezca en el poder. Cualquiera puede comprobar que de lo que se trata no es de crear condiciones más democráticas, sino de manipular la democracia para institucionalizar el
control personal y crear, no el socialismo, sino un nuevo tipo de dictadura, la del Siglo XXI.

Desde Graz, Austria
Octubre de 2007
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