• Nov. 5, 2008, 9:10 a.m.
El ejercicio de los derechos cívicos y políticos es una aspiración natural de cualquier ciudadano, ya sea en el país que le dio la vida o en el país que te ha dado acogida como parte de los suyos. Esta es la primera elección para escoger presidente de USA en la que participo.

Decidí participar por correo y así lo he hecho. Es más cómodo, más tranquilo, tenés suficiente tiempo para hacer tus selecciones. En la boleta electoral había que decidir, además de los candidatos para presidente de USA, otros candidatos para diferentes cargos, como el Congreso de USA, la Asamblea del Estado, cargos de concejales de la ciudad donde vivo, etc. Además de 13 propuestas, algunas de ellas impulsadas por ciudadanos promedio, sin el patrocinio de ningún partido político.

Aunque tenía más información sobre los dos principales candidatos a la Presidencia de USA, tuve suficiente tiempo para leer sobre los otros cargos en disputa, así como la mayoría de las propuestas, sobre las cuales dí mi opinión, a excepción de una que se me olvidó.

He tomado ventaja de la oportunidad del ‘early voting’ (voto temprano), me gusta el sistema, ya que permite mas participación, y así lo he observado, en esta ocasión, mis primeras elecciones presidenciales, ha despertado el interés de una mayor cantidad de ciudadanos.

No es para menos. No sólo es la primera vez que dos mujeres compiten, Hillary Clinton por los demócratas, y Sarah Palin, por los republicanos, además del primer afro-americano nominado por uno de los principales partidos de la contienda. Pero no sólo es eso. Las elecciones se desarrollan en medio de la crisis económica más importante desde la gran depresión de 1929, además de una guerra en curso, la guerra en Irak.
Me gusta el hecho de que las elecciones no perturban la vida cotidiana de la gente. Todo mundo opina y escucha las opiniones de los demás, con mucho respeto y atención, y todos procuran fortalecer la unidad del país en medio de la diversidad.
El esfuerzo organizativo y movilizativo de Obama no tiene precedentes, se refleja en la participación de miles de voluntarios y en la increíble cantidad de pequeñas aportaciones de sus simpatizantes.

Igualmente es interesante el hecho de que destacados políticos de un bando han dado su apoyo al candidato del otro bando, porque después de analizar la situación y las propuestas de cada uno, han concluido que no necesariamente el partido con el cual se identifican lleva el mejor candidato para el cargo.

Como en toda elección, los candidatos han echado mano de todo lo que les es posible, lo cual incluye verdades, medias verdades, mentiras, medias mentiras y distintas  combinaciones de estas. La ventaja, sin embargo, es de contar con una prensa profesional e independiente, que sirve de fiscalizador de los planteamientos y propuestas de los candidatos. Es difícil concebir un sistema democrático sin una irrestricta libertad de prensa y expresión.

Puedo pensar que en un sistema donde nadie concentra todo el poder, este tipo de competencias es un ‘win-win’ para todos (ganan todos), al margen de quien resulte electo. No es la idea clásica de que alguien gana todo, al tiempo que otro pierde todo, sino que todos ganan, porque en un sistema donde un equilibrio e independiente de los distintos poderes, estos funcionan como se dice como un ‘check and balance’, donde los límites al poder no sólo son claros, sino que hay mecanismos para supervisar y garantizar que a nadie “se le vaya la mano”.

Al igual que todo en la vida, hay imperfecciones. Sino recordemos las elecciones del 2000, con el recuento de los votos en la Florida. La diferencia entre los sistemas no es que unos sean perfectos y otros no, sino en la manera en que resuelven esas imperfecciones. Los problemas ocurridos en el 2000 fueron resueltos de una manera cívica e institucionalidad. Esos mismos problemas en otras latitudes hubiesen sido causa de una guerra.

Algo en este sistema que resulta un tanto complejo entender es la diferencia entre el voto popular y el colegio electoral, que es el que en definitiva escoge al presidente del país. No necesariamente el que gane el voto popular resultará electo Presidente de los Estados Unidos. Por eso soy del criterio que los distintos países pueden compartir es la ‘idea de la democracia’, no el sistema, el como funciona su particular sistema democrático, ya que eso depende de la realidad, historia y cultura de cada país.

Creo que la ‘idea de la democracia’ tiene que ver con el proceso de toma de decisiones a nivel agregado. Si dos ideas de cómo enfrentar un problema están compitiendo, en lugar de que un grupo le imponga a otro grupo su idea, es mejor decidir por mayoría la idea, que a juicio de la mayoría que integra ese grupo, puede resolver el problema que el grupo enfrenta.

Creo que la ‘idea de la democracia’ es revolucionaria en el sentido de que en muchas ocasiones no es fácil que todos y cada uno de nosotros aceptemos que es ‘inmoral’ que un individuo o minoría quiera imponerle sus criterios a la mayoría, a sabiendas de que si su o mi criterio está equivocado, al imponérselos a la mayoría, va a traer consecuencias negativas para esa mayoría, sin que esa mayoría haya tenido la oportunidad de decidir entre dos posibles alternativas.

No es fácil vivir en democracia, o practicar la democracia. Requiere de mucha constancia, requiere de mucho esfuerzo, requiere del interés y participación de muchos. Toma tiempo desarrollar y consolidar una democracia.

Creo que en el mundo contemporáneo la discusión ya no es que si la democracia es el mejor sistema posible, a pesar y en medio de sus imperfecciones, sino la velocidad a la cual cada sociedad o país va logrando desarrollar su modelo democrático. Me atrevería a afirmar que en lo general, la mayoría de países del mundo aspira a vivir de manera democrática, sólo nos diferencia la velocidad a la cual vamos desarrollando nuestros modelos, en unos países toma unos pocos años, lo que a otros les toma un siglo, y lamentablemente a algunos pareciera que les tomara una eternidad. Estos últimos son los que se conocen como ‘failed states’ (estados fallidos), estados con muy poca efectividad en el desempeños de su papel.

Hay, a mi juicio, dos problemas que limitan el desarrollo de la democracia. Por un lado, la falta de interés de nosotros a nivel individual de dar nuestra contribución para que la democracia se desarrolle. Por otro lado, la ausencia o debilidad de las instituciones para facilitar que todos ejerzamos la democracia. Lo uno como lo otro es lamentable, pero más lamentable es la situación cuando ambos se juntan en una misma sociedad, especialmente si en la cúspide de dicha sociedad hay individuos que ni creen ni promueven la democracia, y en lugar de fortalecer las instituciones las debilitan en su papel de promover la democracia.

En el caso particular de mis primeras elecciones en USA, el hecho de que apoye a determinado candidato no quiere decir que yo creo que ese candidato representa y promueve algo, es lo que al final serán sus resultados. Mi decisión de apoyarlo es basado en la creencia, de que dadas las circunstancias que vive el país, pienso que sus propuestas y la calidad del candidato como persona representan el mejor curso de acción para el país. Es una decisión ‘a priori’, basado en lo que el candidato dice y propone, y lo que el candidato parece ser, lo que motiva mi decisión. Serán los resultados ‘a posteriori’ los que en definitiva van a validar o invalidar lo que a mí me motivó a apoyar a dicho candidato en esta ocasión.

Una ventaja adicional de la democracia es la oportunidad de corregir sobre la marcha, las cosas no son dadas para siempre, es precisamente en la capacidad de cambiar las cosas de manera cívica uno de los principales atractivos de la democracia. Lo contrario es la ‘revolución’, en donde aspiras a cambiar todo, ya que el sistema de cosas no permite hacer cambios de ningún tipo de manera cívica.

La democracia en este sentido es un permanente ‘hacia delante’, construyendo sobre las bases de lo anterior, en lugar de tener que destruir todo lo anterior y volver a comenzar ‘from scratch’ (desde cero). La democracia se parece a la revolución, si entendemos esta última como ‘cambio’, ya que la democracia no es más que ‘cambio permanente’, en lugar de que normalmente se entiende como ‘revolución’, circunscrita al ‘cambio’ en un momento determinado. Cambio es la razón de ser de la democracia, en lugar de ‘destrucción’, que es lo que normalmente asociamos con el concepto ‘revolución’, que en muchas ocasiones aspira a la ‘destrucción del orden anterior’.

Democracia y revolución, en mi criterio, son conceptos que se correlacionan, si ambos conceptos los asociamos con ‘cambio’, en lugar de asociarlos con ‘destrucción’.
Creo que mis primeras elecciones en USA son históricas, en el sentido de que en estas elecciones se proponen cambios profundos, cambios que no son antojadizos, sino que son necesarios, ya que la gravedad, profundidad y extensión de la crisis que vive el país, demanda acciones serias y no cosméticas.

No creo que todo ‘cambio’ sea necesariamente en la dirección positiva. Pueden haber cambios que más bien hagan retroceder una sociedad. Por eso es que en democracia hay que respetar las diferencias y la diversidad. Nadie puede invocar ser el ‘dueño’ de la verdad absoluta, por el contrario, de lo que se trata es de buscar y construir ‘consensos’, y eso solo se logra con la ‘unidad que respeta y tolera la diversidad’.

Mis primeras elecciones en Estados Unidos coinciden con la fecha en que salí de Nicaragua, el 29 de octubre de 1993, con rumbo a este país, a donde llegue de manera ilegal. Quince años atrás me crucé la frontera ilegalmente y casi en la misma fecha, quince años después, tengo la satisfacción de poder participar en la elección del próximo presidente de los Estados Unidos.

(*) El autor se define como un “gringo caitudo” y es asiduo comentarista de los artículos publicados por END en su página web

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