• Nov. 5, 2008, 9:15 a.m.
Hace doce años y sus días, exactamente un 18 de octubre de 1996, la historia política y electoral del país, dio un giro extraordinario después de que el señor Cardenal, Miguel Obando y Bravo, desde la tribuna de la Catedral Metropolitana, contara la fábula del hombre y la culebra, como si se tratara de una parábola evangélica. Los medios de comunicación se ocuparon de la noticia por varios días y ofrecieron diversas versiones de la llamada parábola de la víbora del Cardenal. EL NUEVO DIARIO, días después, tituló un artículo de  oberto Sánchez Ramírez con la siguiente interrogante: ¿Fábula o parábola? El periodista e historiador escribió entonces:

Más concretamente, si mis cálculos no fallan, fueron treinta y ocho parábolas las que aparecen en los cuatro Evangelios, algunas son similares, pero en ninguna figura la susodicha víbora o serpiente, lo que viene a probar que no tiene la interpretación y manipulación que frecuentemente se le quiere dar en el campo político y eso no es correcto, pues la Palabra del Señor merece respeto sobre todo en la práctica de nuestra conducta personal. En cambio, en las fábulas completas de Esopo, el literato griego del siglo VI a. de C. encontramos que las números 8, 31 y 52 se refieren a culebras y víboras, la primera es la que tiene más similitud con la electorera de nuestra historia. Concluye esta fábula que «los ingratos y malos, mientras más beneficios reciben, más se animan a hacer mal a quien se los hace.

En el mismo diario, Joaquín Tórrez A, periodista de EL NUEVO DIARIO, comentó el texto de Sánchez Ramírez, y escribe el título: Cardenal citó a Esopo y no a Cristo. Y escribió el periodista:

Ese día, en la Catedral Metropolitana, construida con la colaboración de los muchos fieles católicos del país, del gobierno de turno y del dinero piadoso de un empresario de Estados Unidos, se dijo el discurso político mejor dibujado de la época: La famosa "parábola de la víbora", con el respectivo "copyright" del Cardenal Miguel Obando y Bravo, sonó a música en los oídos de los presentes, en su mayoría políticos del Partido Liberal Constitucionalista. Desde entonces esa ha sido la víbora más famosa del país, la que más tiempo ha estado en el hit parade nacional, mucho más célebre que la causante del destierro del Edén de Adán y Eva. "Es nuestra víbora electorera", dice el escritor y periodista, Roberto Sánchez Ramírez.

Seguramente, todos los articulistas de los periódicos dieron sus versiones de la famosa parábola del Cardenal. Más interesado en las fábulas que en las parábolas o las notas electorales, busqué noticias de esos pasajes hermosos de la historia y la literatura fabulesca, que quiero compartir ahora.

La parábola (del griego, parabolé, comparación), se define como la narración de la que se deduce una enseñanza moral o una verdad importante, tales son, las parábolas del Evangelio.

Ahora bien, la fábula (del latín fabula, relato), es el relato, generalmente en verso, que oculta una enseñanza moral bajo el velo de una ficción, tales son las fábulas de Samaniego, inspiradas la mayoría en las del francés La Fontaine. Como puede notar, la gran diferencia la establece la ficción y el origen de la enseñanza moral de la fábula en relación con la parábola...
Buscando luces de las fábulas y las parábolas, revisé algunos apólogos de Esopo, famoso fabulista griego (S VII-VI a. de J. C), esclavo y liberto, muerto por los habitantes de Delfos, y encontré algunas relacionadas con víboras o serpientes.
Leamos:
      123.  La víbora y la zorra: Arrastraba la corriente de un río a una víbora enroscada en una maraña de espinas. La vio pasar una zorra que descansaba y exclamó:-- ¡Para tal clase de barco, tal piloto! Personas perversas siempre conectan con herramientas perversas.
      124.  La víbora y la lima: A un taller de un herrero entró una víbora, pidiéndole caridad a las herramientas. Después de recibir algo de todas, faltando sólo la lima, se le acercó y le suplicó que le diera alguna cosa. -- ¡Bien engañada estás -- repuso la lima -- si crees que te daré algo. Yo que tengo la costumbre, no de dar, sino de tomar algo de todos! Nunca debes esperar obtener algo de quien sólo ha vivido de quitarle a los demás.
125.  La víbora y la culebra de agua: Una víbora acostumbraba a beber agua de un manantial, y una culebra de agua que habitaba en él trataba de impedirlo, indignada porque la víbora, no contenta de reinar en su campo, también llegase a molestar su dominio. A tanto llegó el enojo que convinieron en librar un combate: la que consiguiera la victoria entraría en posesión de todo. Fijaron el día, y las ranas, que no querían a la culebra, fueron donde la víbora, excitándola y prometiéndole que la ayudarían a su lado. Empezó el combate, y las ranas, no pudiendo hacer otra cosa, sólo lanzaban gritos. Ganó la víbora y llenó de reproches a las ranas, pues en vez de ayudarle en la lucha, no habían hecho más que dar gritos. Respondieron las ranas: -- Pero compañera, nuestra ayuda no está en nuestros brazos, sino en las voces. En la lucha diaria tan importante es el estímulo como la acción.

Estas fábulas que hemos leído nada tienen que ver con la historia que nos contó el Cardenal. Sinceramente, creo que Félix María Serafín Sánchez de Samaniego, es el verdadero autor de la famosa fábula contada por el Cardenal Obando y Bravo. Samaniego, (Laguardia, Álava, 12 de octubre de 1745 - 11 de agosto de 1801) fue un escritor español, famoso por sus  fábulas. Se conoce poco acerca de su infancia y juventud.

Estudió en un colegio en Francia. Cursó en la Universidad de Valladolid dos años en la carrera de leyes, aunque no terminó sus estudios, y se instaló en Vergara, bajo la protección del conde de Peñaflorida, su tío abuelo. Formó parte de la Sociedad Vascongada de Amigos del País, fundada por Peñaflorida, donde leyó sus primeras fábulas. Sus primeras colecciones de fábulas datan de Valencia en 1781.

La influencia de su educación francesa es notable y se advierte en las Fábulas morales, 257 fábulas distribuidas en 9 libros. En ellas, Samaniego ridiculiza los defectos humanos, imitando a los grandes fabulistas Fedro, Esopo y La Fontaine. Samaniego escribió sus fábulas en verso y su carácter es prosaico, dados los asuntos tratados y su finalidad didáctica. Tal como Fedro, Samaniego elimina de sus fábulas el tono ingenuo y entrañable que le diera Esopo.  Entre sus principales fábulas están: La paloma,  La cigarra y la hormiga,  El perro y el cocodrilo,  El hombre y la culebra.  Esta última es la número siete y pertenece al Libro Segundo de Félix María de Samaniego. Dice así, la fábula:    7. El hombre y la culebra:   A una Culebra que, de frío yerta,  / en el suelo yacía medio muerta /un labrador cogió; mas fue tan bueno, / que incautamente la abrigó en su seno. / Apenas revivió, cuando la ingrata / a su gran bienhechor, traidora  mata.
     
Como puede leer, es la fábula que se asemeja, es idéntica a la historia que contó el Cardenal ese 18 de octubre de 1996. Entonces, el Cardenal no habló de San Ambrosio como algunos creyeron, o del Libro de Génesis como pensaron otros. Tampoco fue Esopo ni Fedro ni La Fontaine el seleccionado para esa fecha que los nicaragüenses recuerdan con peculiaridad. No, fue Félix María Serafín Sánchez de Samaniego, el mismo que tuvo virulentos enfrentamientos contra Vicente García de la Huerta, Fray Diego González y, sobre todo, contra quien había sido su amigo, Tomás de Iriarte, otro fabulista español, quien publicó sus fábulas una año después de Samaniego, pero con el llamativo título primera colección de fábulas enteramente originales, lo que irritó a Félix María.
     
Tal vez ahora no habrá fábulas ni parábolas en la Catedral en tiempo de elecciones. Ojalá no hayan tampoco, como ese año, boletas tiradas en los basureros o gente cargando en canastos y cajas de cartón la voluntad de los ciudadanos del país.

Telica, 03 de noviembre, 2008, pedroalfonso_@yahoo.es

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