• Nov. 11, 2008, 3:07 p.m.
Mucho de lo que está pasando en estos últimos días, sobre los resultados del proceso electoral municipal que recién finalizó en nuestro país, ya estaba escrito desde meses atrás.

Irregularidades en la entrega de cédulas de identidad; la falta de acreditación de observadores imparciales tanto nacionales como extranjeros; la falta de acreditaciones de miembros en las Juntas Receptoras de Votos por parte del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) al no haber presentado ternas, como lo exige la Ley Electoral, sino haber propuesto un solo nombre, lo que fue rechazado por la mayoría de los Consejos Electorales Municipales (CEM); el gran rechazo de una buena parte de los fiscales del PLC por las autoridades electorales ante cualquier irregularidad de nombre, cédula u otro tipo de anomalía; la formación de la Policía Electoral en un régimen donde hay una confusión absoluta entre el Estado, el gobierno y el partido en el poder, ayudó a que los resultados hayan resultado dudosos, por decir lo mínimo.

Muchas de estas anomalías se realizaron a sabiendas de esa parte del PLC que aún es fiel al Dr. Arnoldo Alemán, o sea que en cierta forma se jugó a perder, o por lo menos sacar del juego político, para siempre, a Eduardo Montealegre, quien después de presentarse como candidato a la Presidencia de la República y luego a la Alcaldía de la capital y perder ambos comicios, se convertiría en un cadáver político. Al menos así sería en cualquier país del mundo, sin embargo en política, y sobre todo la nicaragüense, no se puede escribir la última palabra.

Para los principales partidos políticos estas elecciones fueron consideradas una especie de referéndum. El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) por su parte, estrenó su concepto de los Comité de Poder Ciudadano (CPC) y su llamado socialismo del siglo XXI, y por supuesto el prestigio y el poder de la Primera Dama Rosario Murrillo, Secretaria de Comunicación Social y Participación Ciudadana y responsable de la campaña electoral municipal. Un resultado negativo en la misma hubiera creado una crisis en la dirigencia del FSLN, sin embargo los resultados hasta ahora, han fortalecido su liderazgo y poder entre las estructuras orteguistas.

El FSLN necesitaba salir fortalecido para negociar unas próximas reformas electorales, un secreto a voces, que le permitiría al Presidente Ortega la reelección indefinida, entre otras medidas que conducirían a una mayor concentración de poder del partido en el gobierno. El PLC no sale de pensar en cómo liberar a su caudillo de la condena que pesa sobre él y que está llevando al partido a la debacle.

Algo que definitivamente ayudó al FSLN fue, aparte de Managua, la calidad de los candidatos y el buen trabajo que realizaron sus antecesores, reconocido por moros y cristianos. También hay que estar claros que estas elecciones no eran entre partidos de izquierda y derecha. La izquierda en Nicaragua ya dejó de existir, el FSLN lo que ha monopolizado es el nombre, nada más; el orteguismo se está encaminado a convertirse en un partido populista o más peligroso aún, en nacional socialista con una fuerte tendencia teocrática.

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