• Nov. 14, 2008, 10:13 a.m.
En Nicaragua se ha perdido mucho más que una elección. Ya trascendió la importancia de ejercer el voto y decidir así quién gobernará nuestras ciudades. Es mucho más que decidir quién gobernará tu municipio los próximos cuatro años.

En Nicaragua se está perdiendo la libertad. Libertad de discernir, libertad de cuestionar, libertad de pensamiento, libertad de expresión. Pero mucho peor que perder esas libertades, la libertad de elegir nos está siendo eliminada. De repente, nuestra voz ya no tiene ningún valor. La decisión de cientos de miles de nicaragüenses de acudir a las urnas esta pasado 9 de Noviembre está siendo manoseada por individuos con intereses privados. La voluntad popular vale menos que la voluntad individual. Finalmente queda claro que el pueblo nunca ha sido presidente, el pueblo no vale, el pueblo solo sirve para legitimar decisiones que no fueron consultadas, y cuyos objetivos se alinean a la perfección con los intereses de unos pocos.

Se ha perdido en Nicaragua la vergüenza, si es que alguna vez existió. El descaro de las autoridades para con la población no tiene precedentes. Primero ocultan las cifras de la “cooperación venezolana” aduciendo que no es deuda pública, que es dinero privado. Pero por extrañas triangulaciones sacan dinero del presupuesto general de la república para pagar deudas privadas aduciendo que es por la inversión pública. Inversión pública que favorece a los amigos del frente, y que solo a través de afiliaciones partidarias se pueden hacer efectivas. Y ahora, las autoridades del CSE ocultan los resultados de las elecciones municipales. No permiten la observación electoral. Del exterior porque sería injerencismo, y de los nacionales porque criticaron las actuaciones del CSE.

En Nicaragua se ha perdido la tolerancia. Principio y fin de todos los valores, la tolerancia es aceptar que no somos iguales, y que debemos respetar el derecho de los demás a pensar diferente, a ser diferentes. Se promueve en Nicaragua un odio de clases que no es. Los pobres son los del Frente, y todos los que se oponen al Frente Sandinista son ricos, burgueses, oligarcas. Ni todos los Sandinistas son pobres, ni todos los no Sandinistas son ricos. Aquí somos nicaragüenses, que compartimos un país, un idioma, una historia, una cultura, un sueño, una esperanza. No es una lucha entre clases, es una lucha contra la pobreza, el desempleo, la falta de oportunidades, la ignorancia.

Estamos perdiendo derechos humanos, estamos perdiendo valores humanos. La Nicaragua que soñamos se ve cada día más lejos, porque en lugar de paz, reconciliación y amor, estamos caminando hacia el odio, irrespeto, intolerancia, división. Las elecciones municipales están abriendo heridas que no deberían abrirse nunca. Mientras el pueblo se ataca y se denigra física y psicológicamente, los políticos están negociando en la misma mesa, utilizando la voluntad popular como fichas de un juego de ajedrez.

El Futuro, en Nicaragua se está perdiendo el Futuro

El autor es estudiante del último año de Economía en la Universidad Centroamericana, UCA.

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