• Nov. 17, 2008, 10:24 a.m.
David dijo a Gad: "¡Estoy en un grave aprieto! Prefiero caer en manos del Señor, porque es muy grande su misericordia, antes que caer en manos de los hombres".


Para los Nicaragüenses reñidos con nuestros vecinos adversarios a las ideas partidarias, la fuente del problema es a menudo bastante simple: Los políticos y funcionarios que ladran noche y día, orinan en tus flores por no decir en la esperanza, defecan en tu jardín, por no decir tu tranquilidad e incluso; estos mismos se escapan del patio de sus dueños y aterroriza a mujeres, hombres y niños.

Por otro lado, todos nosotros los sandinistas, liberales, conservadores, reformistas o no partidarios, sabíamos que en algún momento reventaría el pus del divieso -Consejo Supremo Electoral-, y así fue. Hoy estamos sumergidos en un futuro incierto, pues a algún partido hay que darle el gane y no será fácil. Pero mientras eso pasa en el traspatio nuestro, otros se encargan de exprimir más al divieso. Así todos y todas fuimos testigos oculares y de oídas, cuando escuchamos al flamante procurador de nuestra Nicaragua, Hernán Estrada, al exclamar ante una batería de reporteros y reporteras “Si el comandante Daniel Ortega dispusiera llamar a las calles, no quedaría piedra sobre piedra sobre este país y sobre ninguna emisora y sobre ningún Canal de este país, pero, gracias a Dios no lo ha hecho por la sabiduría y serenidad del gobernante que tenemos”

¿Qué tal? Verdaderamente los perros de guerra ya perturban la paz, quizás queriendo que Nicaragua vuelva a contar a sus muertos.

El descalabro expresivo del “Procurador” me lleva a la conclusión de una vida perruna, puesto que estos funcionarios con sus ladridos, impiden que se escuchen los procesos democráticos, pues a lo lejos - mientras esperamos con calma posibles acuerdos de caballeros ante el atolladero que nos metió el verdugo Roberto Rivas- no cesan tambores de guerra.

Pero escucho otros ladridos más terribles, son los perros de la guerra los que ladran, pues truenan “Guerra en la Nicaragua nuestra”, y con horror desgarran y aterran. ¡Válgame dios!, ¿qué a este señor se le olvido que en Nicaragua aun existen heridas no curadas en miles de familias que fueron contras? ¿O familias que perdieron a sus hijos en ambos bandos?

Apuesto mi salario- que por cierto es poco- que estos perros de guerra hicieron y hacen estremecer la tranquilidad, la tuya, la nuestra, pues ya sabemos que ellos odian todo proceso de democrático y  acierto del pueblo.

Pero claro, también sabemos que estos perros, ladran amenazantes para defender su territorio. Por eso mismo los perros de la guerra no defienden, solo arrasan y arruinan, además éstos aman al amo dictatorial y, solo a su amo temen.

Por eso mismo, un  amo ama a su perro, y los amos de los perros de la guerra nunca aman, pues Ordenan, Ejecutan y matan.

Ya sabemos que estos aterradores perros de guerra con sus errores y exabruptos sin sentido, causan zozobra y provocan entierro de mujeres y hombres, además matan la esperanza albergada en nuestros corazones.

Finalmente ya todos sabemos que una de las razones por el cual vecinos se vuelven hostiles en una comunidad, barrio, o caserío, es por la coexistencia pacífica en enfados y, a veces, en guerra. Dios pueda darnos luz en este largo camino oscuro llamado Consejo Supremo Electoral.
 

El autor es periodista de la Red de Comunicación Ambiental

 
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