• Nov. 1, 2007, 4:42 p.m.
Es lamentable que algunos hagan de sus “desgracias”, el pan nuestro de cada día, con la triste realidad que lo atañe, pero da mucho coraje cuando se trata de una vil y cruel mentira.

En esta semana fuí a pagar la cuenta telefónica con mi mamá y mi sobrina. Un muchacho que sin temor a equivocarme tiene más de 25 años, vecino de mi barrio se subió al autobús, al vernos se sorprendió, muchísimo, pero igual sin ninguna pena comenzó a contar su “realidad”.

Le dije a mi madre, vamos a ver que mentira dice “Juan”, y de inmediato le afirmé con ejemplo el por qué no confiaba en quienes piden, ya sea de casa en casa o de ruta en ruta.

El dichoso “Juan” empezó con la clásica oratoria de todos los que piden, “Buenos días mi nombre es ‘Juan’ --por supuesto no es el nombre verdadero—y nunca pensé que yo podría ser una de las personas que pide, pero la necesidad nos lleva muchas veces a hacer cosas de las que luego nos sentimos avergonzamos…”,  y sigue el discurso.

Para colmo recalca, prefiero montarme en un bus a pedir que ir en una patrulla porque le robe a alguna persona, es algo que con la ayuda de mi Dios nunca voy a hacer.

Pero sigamos con el discurso, con palabras que por poco me hacen caer  en la manipulación de este tipo de personas, expresó tengo dos hijos uno de 6 años, y un bebito de una semana de nacido, a quien lamentablemente la pediatra me informó que tenía un problema en su pequeño corazoncito, que se sabrá con exactitud luego de un examen.

Continua, a pesar que trabajo en una empresa de zona franca, este tipo de patologías no las cubre el seguro, por lo cual me vi obligado a pedirles a ustedes que son personas trabajadoras como yo, pero quizás sin este problema.

Y el drama sigue, fui a la oficina de trabajo social y después de “rogarles”, me dijeron que el electrocardiograma que cuesta 200 córdobas, me lo iban a realizar en 100 córdobas, pero no los tengo, por esos les pido que me ayuden en lo que puedan, se que Dios se los va a pagar.

Muchos de los viajeros, no le prestaron nada de atención a su lamentable situación, además el conductor de la unidad de bus no le bajo en ningún momento a la radio.

Después del fabuloso discurso, comenzó a ir extendiendo la mano asiento por asiento, pero como era de esperarse no llegó donde íbamos mi mamá y yo.

Me quedó la duda, aunque creo que por vergüenza o por temor a que lo desenmascarara delante de los pasajeros, no nos pidió, porque hay quienes caen redonditos cuando un hábil mentiroso se pone casi a llorar, y muchas veces lo poco que tiene dan a este tipo de sinvergüenzas, que juegan con los sentimientos de las buenas personas a quienes logran manipular con sus engaños.

Hace algunos años yo creía todo y trataba de darles a quienes me pedía, viejecitas, niños pequeños, mujeres desamparadas, pero un día conocí la verdad.

Me tocó realizar un trabajo para una clase en la universidad, y conocí uno de esos centro de rehabilitación, que hacen hasta lo “imposible” por sacar del mundo oscuro a quienes han caído en el vicio de la drogadicción.

Ahí me di cuenta que reciben ayuda del extranjero y solicitan los familiares de quienes quedan internos que paguen cierta cantidad de dinero, además de todo lo que necesitan para el aseo personal.

En ese centro también me enteré que una vez que están medio recuperados comienzan su “negocio” de pedir por diferentes motivos y luego vuelven a caer en el vicio, pero ya tiene una manera fácil de estafar, consumir y disfrutar sin trabajar.

El caso de “Juan” es un claro ejemplo, quien para variar lo vi pasar por mi cuadra drogado con el dinero que personas ingenuas le dieron para hacerle un examen a su supuesto bebito que sufre una enfermedad en el corazón.
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